#Opinión: Columna de Rafael Rodríguez Olmos
El discurso
fofo de Nicolás
Salvo el
anuncio del aumento salarial, hacía tiempo que no perdía cuatro horas
escuchando a una persona. Porque en aras de la verdad, Nicolás no dijo nada,
absolutamente nada nuevo. Más que una memoria y cuenta, el discurso pareció más
bien una carga de frases, algunas simuladas con ira y otras simuladas con
demagogia. Creo que, en el fondo, lo que más me molesta es que me tomen por
idiota, pues, aunque tengo la cara, no lo soy. Y ese discurso fue un insulto a
mi inteligencia. Sentí como si me hubieran orinado la cara.
Una de las
características de los discursos de Nicolás, es que, a veces, solo a veces, suelta
una cantidad de enunciados, pero nunca dice el cómo. Y salvo ese anuncio del aumento
de los 18.000, lo que cuesta un pote de Rikeza para el momento que escribo esta
columna, a las 3:28am, no hay nada nuevo en el tema de la economía, en un país
sumergido en una crisis brutal, con una inflación que -según los que saben-
pronto traspasará el 1.000.000%. Por eso llevo años diciéndole a Maduro que
tiene que irse pa´la calle, y saber qué hace tiempo las comunidades fueron
abandonadas a la buena de Dios, que hay barrios enteros donde no llega agua por
tubería desde más de un año, donde hay comunidades enteras que llevan meses
cocinando con leña, en un país donde él mismo se llenó la boca diciendo que
somos la cuarta nación con reserva de gas. En un país que lleva varios muertos
caídos de los camiones que hacen transporte infrahumano porque el transporte
desapareció, en un país donde un kilo de queso llegó a 9.000 (la mitad del nuevo
salario), un cartón de huevos a 6.000 (un tercio del nuevo salario), en un país
donde no hay baterías, cauchos ni aceite, y lo poco que hay lo controlan las
mafias del propio Estado, en un país donde las bandas de los Claps hacen lo que
les da la gana, incluyendo esa “tragedia” de diciembre que yo bauticé “la
maldición del pernil”; en un país donde un medicamento saltó de 400 a 14.000 y
nadie dijo nada. ¡Virgen del cielo, Nicolás!
¿No es un
insulto a la inteligencia no decir nada sobre política monetaria? O sea que
nadie te ha dicho que los bancos no aceptan billetes de 2 ni de 5, pero es lo
que te da el cajero y lo que le dan a los pobres pensionados. No es un insulto
a la inteligencia no decir cómo se combatirá la inflación, cuál estrategia se
desarrollará, por dónde se moverá el Estado para detener esa agresivísima
campaña de los portales con el país totalmente dolarizado, porqué los
economistas del Estado no han diseñado un plan para contraatacar. Si no vas
pa´la calle, no sabes que como los bancos no aceptan los billetes de 2 y de 5,
los bachaqueros tampoco, lo que le desgracia la vida a la pobre gente porque es
lo que reciben de los bancos. Una tragicomedia. Quizás como tu gabinete y tú no
usan esos billetes, no sepan que se usan, o se deberían usar, todos los días.
Bien sabe el
Presidente que esa expresión sobre la recuperación de las empresas del Estado,
no es más que vulgar derroche de retórica, mientras estén los que están allí,
que ya demostraron que no sirven para un coño, más aún, deberían estar presos,
porque hundieron las empresas que medio funcionaban como Invepal, o las que
funcionaban bien como Leche Los Andes, o el caso de Venvidrio, que de producir
doce millones de dólares de ganancias al mes, hoy está quebrada con una nómina
mil millonaria de gente que no hace un carajo. ¿Ese es el plan de recuperación
de la economía? Eso para no decir que la industria instalada de Venezuela tiene
40 años de atraso, por lo que siempre producirá a pérdida. Deberías estudiar el
caso de las dos Alemanias a la caída del muro de Berlín. Te daría muchas luces.
¿Cómo se
puede resolver una tragedia como esta, si no se convoca, por lo menos a un
sector de la empresa privada? Pero no a los mafiosos de Fedecamaras, sino a la
pequeña y mediana empresa. Allí hay empresarios que no sirven para nada, pero
hay gente decente y trabajadora que te puede ayudar a salir del atolladero.
No explicas
Presidente cómo se hará para enfrentar la deuda externa, que ya no sabemos por
dónde va porque no hay acceso a los números del Banco Central, ni a los números
de los ministerios de la economía, por lo que -los que saben- se debaten entre
250.000 millones de dólares y 400.000 millones de dólares. Mucho menos sabremos
la deuda interna, aunque no falte un tarado que me dirá “esa se paga más
fácil”, mismas que Chávez había solventado. Deberías escuchar a un brillante
economista, si no chavista, muy cercano al chavismo, y marxista, Manuel
Sutherland, quien acaba de explicar que Venezuela
debe "Renegociar la deuda externa donde se estipule un plazo de gracia de
intereses para que la economía venezolana puede tener un dinero útil para
activar el aparato agroindustrial". Y allí no hay tutía Nicolás. Eso significa
bajarse los pantalones con el Fondo Monetario Internacional, puede que el Banco
Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo. Pero vienes y nos sales con el
cuento de lo que dijo el camarada Alí Rodríguez. Claro que lo dijo, pero en
otro contexto.
O sea que el tema de la economía,
monetaria, financiera y comercial, sigue en ascuas. Pronto habrá que quitarle
cinco ceros a esta moneda o crear una moneda nueva. Los dos bancos más
importantes del Estado, prestan el peor servicio de toda la banca, la página
del Banco de Venezuela, nunca abre; y la de Banco Bicentenario, hay que
prenderle un cirio y fumarle un tabaco. Y entre los mayoristas, los bachaqueros
y los militares, deciden los precios de los artículos que consumen los
venezolanos todos los días.
Desde cuando se habla de la
corrupción. Ahora tú vienes y pegas gritos porque nunca te enteraste de la
metástasis del Estado. Yo quisiera ver por lo menos a un poderoso con los
ganchos puestos. Iluso yo. Eso no ocurrirá.
Nadie te ha dicho que altísima deserción
escolar, que en un principio comenzó por la falta de un par de zapatos para un
estudiante porque el dinero en la casa apenas alcanza para comprar un paquete
de harina, y hoy está coronada por la migración de los docentes a otros países
a vender arepas o lavar pocetas. Eso es real, no números. No te han dicho en el
Min Educación que están aprobando de años a los estudiantes de bachilleratos
sin haber visto hasta seis materias porque no hay docente. Así están pasando de
un año a otro. No me quiero imaginar lo que será el país en diez años.
La otra parte del discurso, la otra parte
fofa quise decir, fue el tema de las comunas. Por eso insisto Nicolás, tienes
que ir pa´la calle. Son números que te dan, estadísticas, pero están TOTALMENTE
alejadas de la realidad. Las pocas que funcionan están abandonadas a su suerte.
No tienen asistencia de ningún tipo. Un solo caso te expongo; la comuna Negro
Primero en Valencia, la primera del país, tenía hasta ganado, vendía carne,
bloques, verduras, frutas. Ponte botas y traje de campaña para que subas hasta
allá, para que veas el estado en que se encuentra. Y ese es el soberano, el
originario, el pueblo organizado y trabajador que hace un esfuerzo sobrehumano
para empujar el desarrollo, pero sin asistencia, simplemente no pueden. Ese es
el poder popular al que el gobierno le tiene tanto miedo, porque si logran
organizarse, sencillamente no contarán con el Estado para avanzar.
Ya sé que las comparaciones son
odiosas, y además en alguna forma incorrecta, pero recuerdo que una vez me cale
a Chávez hablando por casi diez horas. Recuerdo que en mi programa de radio
preguntaba que si Chávez no hacía pipí. Tenía esa extraordinaria capacidad
incluso para hablar entre líneas. Uno infería que algo estaba tramando. Pero en
verdad, como me arrecha haber perdido cuatro horas escuchando un discurso
cargado de retórica, de frases trilladas, de lugares comunes, sin aportar
ABSOLUTAMENTE nada para resolver la tragedia que están viviendo los
venezolanos.
Suelo decir que estaba en el chavismo
mucho antes que Chávez. Toda mi vida fui abstencionista, incluso en la primera
elección de Chávez, pero he votado en todas las demás. Soy marxista y moriré
marxista, Pero Nicolás, honestamente, creo que tu discurso no hizo más que
sumergirnos en la angustia de no saber hacia dónde va el país. Y eso se cierne
como una mácula sobre todos los venezolanos. Muy triste conclusión.

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