Columna de José Antonio Gil Yépes
@joseagilyepes
Anomia y Consecuencias
La anomia es una enfermedad psicosocial generada por
la incoherencia entre los fines propuestos por la cultura y los medios que
aporta la sociedad para alcanzarlos. Venezuela sufre de anomia por el contraste
entre las aspiraciones producto de los mitos de que somos un país rico porque
disponemos de recursos naturales y de que somos buena gente, lo cual contrasta
con las carencias que sufre la mayoría de la población. En esta medida, surgen
varios síndromes.
En lo social, se rompen los vínculos existentes y se
buscan otros, o la persona se aísla, careciendo así de los soportes necesarios
para que cualquier ser humano se pueda realizar en la vida.
En lo psicológico y emocional, la frustración genera
tensiones que hacen que los afectados se movilicen para buscar nuevas
relaciones sociales (trabajos, partidos, parejas, amistades, la emigración,
etc.), otros se retraen y deprimen, mientras que una minoría tiende a
reaccionar con ira y se moviliza para construir un nuevo modelo de sociedad. Lo
más grave es que la mayoría tiende a sentir tristeza, desconfianza,
desorientación y miedo; sentimientos desactivadores que le dejan el camino
libre a los pocos que sí tienen un proyecto.
En lo económico, la anomia hace que quienes la sufren
busquen nuevas formas de ganarse la vida, migrando, cambiando de trabajo,
robando, empobreciéndose o arrimándose a un poderoso que les resuelva. Este
último fenómeno se llama clientelismo y refleja el reconocimiento de la
impotencia propia y la disposición a lograr los fines mediante el apoyo de otro
que se supone que sí tiene el poder para lograr lo que otros no pueden. El
clientelismo es una forma ligera de corrupción en la medida que es jugar con ventaja
a favor de unos pocos y excluyendo a muchos.
En lo cultural, se crea el ethos moral de la
codependencia. El débil asume que tiene que arrimarse al fuerte y este último
necesita al débil para que le aplauda y apoye en mantener el andamiaje de lo
que explica todo esto: el autoritarismo, el cual trae como consecuencias
estructuras de concentración del poder, una economía rentista y de reparto
clientelista de los bienes sociales, un individualismo extremo y la
desconfianza. Este es el ethos de la Venezuela que no ha dejado de
ser, como dijo Arturo Uslar Pietri, el país de las grandes oportunidades
perdidas. Para resolver esto, tendremos que partir del principio de que nuestra
riqueza no está en los recursos naturales sino en poner de lado el individualismo,
dejar de imponernos sobre los demás y jugar en equipo.

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