Donald Trump está contra las cuerdas pero “la
pelea es peleando”
La arremetida Demócrata colocó literalmente
hablando al presidente Donald Trump contra las cuerdas.
Según el documento presentado por los
demócratas, Trump trató de utilizar al Gobierno de Ucrania para "ayudar a
su reelección y dañar las expectativas electorales de un oponente
político".
Donald Trump está a punto de convertirse en el
tercer presidente de Estados Unidos que es sometido a un 'juicio político',
es decir, al proceso en virtud del cual el Congreso de ese país debe decidir si
destituye al jefe del Estado y del Gobierno. Hasta la fecha, sólo dos
presidentes se han sometido a ese proceso: Andrew Johnson, en 1868, y Bill
Clinton en 1998. Un tercero, Richard Nixon, dimitió en 1974 antes de que se
abriera el procedimiento.
El presidente de Estados Unidos goza de
inmunidad legal y sólo puede ser cesado, según expresa la Constitución en el
artículo cuarto de su título segundo, si ha cometido "traición,
soborno, u otros graves delitos y faltas". Unos presuntos delitos y
faltas que en el caso de Trump son dos: abuso de poder y obstrucción al
Congreso.
La acusación de abuso de poder se refiere a
la decisión de Trump de suspender la entrega de misiles antitanque por
valor de 391 millones de dólares (353 millones de euros) a Ucrania hasta
que el gobierno de ese país anunciara la apertura de una investigación contra
Hunter Biden, el hijo de su mayor rival en las elecciones de 2020, Joe Biden,
por presunta corrupción como miembro del consejo de administración de la
empresa gasista de ese país, Burisma. Según el documento con los cargos, Trump
trató de utilizar al Gobierno de Ucrania para "ayudar a su reelección, dañar
las expectativas electorales de un oponente político, e influir en su favor en las
elecciones presidenciales de 2020".
La obstrucción al Congreso se basa, de acuerdo
con el mismo documento, en que "Trump ha violado su juramento de la
Constitución", al ordenar a sus subordinados "el incumplimiento
indiscriminado de las citaciones de la Cámara de Representantes" a
miembros de su gabinete y colaboradores para que testifiquen en la
investigación.
Así pues, todo parece allanado para que
el 'impeachment', es decir, la imputación, se
lleve a cabo con éxito, aunque eso no signifique el cese del presidente. Es
más, esa posibilidad se antoja remota, salvo que suceda un cataclismo político
que nadie es capaz de prever. En enero, el proceso pasará al Senado, donde se
celebrará un 'juicio político' que deberá decidir la destitución del
presidente. Ahí, las tornas se invierten. Los republicanos tienen la mayoría,
y, por tanto, Trump no será destituido. Es lo que sucedió con Clinton y
Johnson, aunque éste se libró de ser echado del cargo por un solo voto.
Por cierto, según fuentes norteamericanas, Donald
Trump está perdiendo la confianza en lo que respecta a que el líder de la
oposición venezolana que su gobierno respaldó, pueda derrocar al régimen de
Nicolás Maduro, y los principales asesores del presidente de los Estados Unidos
ahora están considerando estrategias nuevas y más agresivas, según personas
familiarizadas con el asunto.
El vicepresidente Mike Pence dirigió una
reunión el jueves con otros altos funcionarios para reexaminar el impulso anual
de la Casa Blanca por una transición democrática en la nación sudamericana,
dijeron cuatro de las personas. Juan Guaido, el líder de la Asamblea Nacional
que se declaró presidente interino de Venezuela con el respaldo de Estados
Unidos a principios de este año, hasta ahora no ha logrado expulsar a Maduro y
los funcionarios estadounidenses ahora están preocupados de que pronto pueda
perder su puesto oficial. No se está considerando ninguna opción militar, pero
los funcionarios de la Casa Blanca han discutido nuevos enfoques, incluido un
intento de asociarse con Rusia, un aliado de Maduro, para aliviar al líder
venezolano o aumentar la presión sobre Cuba, el principal patrocinador de
Maduro. Durante la reunión de Pence en la Sala de Situación de la Casa Blanca,
los funcionarios también discutieron brevemente, pero finalmente descartaron la
idea de tomar medidas enérgicas contra las importaciones de petróleo venezolano
de la India, una importante línea de vida financiera para el régimen de Maduro.
Las discusiones ilustran el enigma de Trump en
Venezuela, donde comenzó una campaña agresiva para expulsar a Maduro a fines de
2018 bajo la dirección de su entonces asesor de seguridad nacional, John
Bolton. El presidente está frustrado porque el líder venezolano no fue
destituido del poder tan rápido como Trump creía que Bolton había anunciado, y
también es consciente de las ramificaciones políticas, por lo que el secretario
de Estado de EEUU, Mike Pompeo, reconoció que usar la fuerza militar en
Venezuela tendría “riesgos” significativos, en lo que supone un cambio
sustancial en la postura que hasta ahora ha defendido el Gobierno
estadounidense sobre una opción militar. Fuente: El Mundo (España), Foto:
Archivo.

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