#Opinión Ingeniería Política por Víctor Reyes Lanza
Líder
En sociedades que padecen y viven tiempos de profundas crisis, es
inevitable dejar de poner nuestra atención en las cualidades que deben estar
vinculadas con la condición de líder de una persona.
Las universidades de Stanford en USA y Sapienza en Italia, han
estudiado los atributos que, en general, la gente universalmente más aprecia y
valora de los líderes.
Han establecido el llamado "big five". Son cinco grandes
cualidades consideradas y probadas como las de mayor incidencia.
Sin embargo, cuando de líderes políticos se trata, hay dos de las
cinco cualidades que más se ponderan y sobresalen, a saber:
1 Afabilidad.
Vitalidad.
La Afabilidad o su sinónimo amabilidad es esa cualidad del modo de
ser tratable y amigable que exhibe un individuo cuando se engolfa y sumerge en
las relaciones interpersonales. Lo anterior, puede inducir a pensar que, en
asuntos de relaciones humanas, pesa más el modo de "ser" de una
persona que el pesado archivo de "saber" que esté guardado en su
memoria.
Las relaciones interpersonales o relaciones humanas, equivalen de
facto a relaciones políticas entre las personas. Lo anterior puede sugerir,
también, que una persona con modo de ser "irascible", tendría mucha
dificultad para invocar y convocar la convergencia de concordia necesaria en
tiempos de grandes dificultades.
La Vitalidad es el atributo asociado a la energía vital. Es la
percepción que se tiene de alguien en relación a su condición física vigorosa.
La vitalidad no debe confundirse con la hiperactividad. Ésta, normalmente,
podría estar asociada a una patología venida del sistema nervioso.
En la vasta literatura que trata el tema, existen variadas
acepciones de lo que es un "líder".
Personalmente, me resisto a copiar y pegar, motivo por el
cual asumo y trabajo la expresión líder, como un "acrónimo"
formado y ensamblado a partir de las primeras letras de diversos
vocablos. A saber:
L de legitimidad.
Que un "líder" sea legítimo, significa que es
reconocido, aceptado y respetado.
El reconocimiento, la aceptación y la respetabilidad es una
cosecha que se recoge como consecuencia de haber sembrado y cultivado
credibilidad a lo largo del tiempo. La coherencia entre el decir y el hacer es
clave para infundir credibilidad y ganarse la confianza. Es decir, en
mucho, la legitimidad es la resultante de no violar la prédica con la práctica.
La palabra tiene peso y valor, pero se puede devaluar y llegar a no pesar
nada.
La diferencia entre lo que se dice y lo que se es, es lo que
se hace.
I de Influencia.
Un "líder" tiene la particular cualidad de ejercer
influencia en las personas.
Establecer, mantener y sostener una relación ganar-ganar que
agregue valor a sus relaciones interpersonales, comprender a los demás
antes de pretender ser comprendido y, ser lo suficientemente humilde como para
aceptar que, a pesar de que crea que sabe mucho, siempre necesitará ayuda de
los demás; son tres peculiaridades que conforman un eficaz trípode que sirve de
soporte al grado y nivel de influencia que puede llegar a ejercer.
Un auténtico y verdadero líder, llega con el pasar del tiempo a
convencerse de que, influye más en las personas cuando las escucha que
cuando les habla.
Cuando se escucha a alguien con atención, subyacentemente, se le
transmite y hace sentir que es importante.
El hacer sentir importante a alguien, es satisfacerle el más
grande anhelo de su condición humana.
D de Dirigir.
Un "líder" debe estar dotado de la aptitud para definir
un rumbo en su proyecto personal o en un proyecto de escala de hondo calado
social. Es decir, el líder es un piloto que radia, contagia y hace sentir
al resto de la tripulación (dirigentes) y a los pasajeros (la
gente), que se llegará a buen puerto (logro del objetivo), habida
consideración de que la nave tiene un rumbo o bitácora definida y un
piloto confiable.
El líder señala el camino, convoca y llama a la participación como
el elemento clave para que surja el compromiso. Aspirar y esperar que la gente
siempre lo llame y/o lo busquen, es el típico comportamiento de un jefe, no de
un líder.
Es esencial que un líder se comunique hacia arriba y hacia abajo y
no hacía atrás y hacia adelante.
E de Equipo.
El "líder" es tal, no por designación sino por decisión.
Vale decir, cuando el líder toma la decisión de ser tal, la gente le otorga la
posición de líder.
El líder tiene que preocuparse, ocuparse y enfocarse en la
mente de la gente, por ser esta la "caja negra" no localizada, en la
que se toman las decisiones prevalidas e inducidas por emociones y
sentimientos.
El líder se plantea un ámbito de desempeño cooperativo, trabaja en
equipo.
El anhelo de ser percibido como capaz y eficaz, es imperativo.
El líder se enfoca en su humildad y en la relación empática con
las personas.
Él reconoce sus deficiencias y tiene conciencia de que necesita
convocar a las mejores voluntades y capacidades.
Él sabe, que solo sabe, que nada sabe.
R de Renovación.
El "líder", que durante un prolongado período ejerza
poder, sin duda, se "enferma" y genera "vicios".
La enfermedad tiene variadas manifestaciones.
Dos de ellas son: el llamado síndrome de la tentación
totalitaria y el síndrome de la ansiedad de protagonismo.
La prescripción que combate eficazmente esa patología es la
alternabilidad democrática.
La alternabilidad democrática es un valor intrínseco asociado al
talante democrático de las sociedades libres.
En la renovación quedan plasmados los rasgos virtuosos de
integridad, honestidad y autenticidad de un verdadero líder.
Víctor Reyes Lanza

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