#Opinión:
Columna del
General Humberto Seijas Pittaluga @seijaspitt
Si tuviesen un ápice de
decencia…
… debieran haber renunciado hace aaaños. Pero ahora, luego del contundente informe
presentado por la doctora Bachelet, Alta Comisionada de la ONU para los
Derechos Humanos, esas renuncias son imperativas, ineludibles, imperiosas. Ya no es debido a cuestiones de moralidad
(que no la tienen) sino a que las pruebas irrefutables que aparecen en el
cuerpo del informe confirman lo que era un secreto a voces mundial: que además
de irresponsables, ineptos y ladronazos, son la mar de asesinos y
torturadores. La reacción del régimen,
mediante un bodrio que presentaron tratando de eludir las imputaciones (que a
eso equivalen todos los párrafos del informe), no puede ser más estúpida: si
alegan que hay equis número de errores (lo cual no es cierto), es porque todas
las demás afirmaciones que aparecen son ciertas. La asquerosidad presentada por Arreazita, el
que vendió la bragueta, casi llega a una confesión ficta, porque puede (y debe)
ser interpretada como una aceptación de las acusaciones que se han hecho en
contra del régimen.
El informe Bachelet —sin importar cuantos
defectos le puedan haber encontrado los opositores recalcitrantes que en nada
se diferencian de los sectarios chavistas en eso de “yo soy el único que tiene
la razón”— es una descripción descarnada de lo que es la terrible tragedia que vive
nuestro país; el hambre que pasan nuestros paisanos; la crisis de salud, con
hospitales desprovistos hasta del agua y con una carencia de medicamentos nunca
vista que han hecho reaparecer enfermedades que se creía erradicada; las
inmisericordes represiones y persecuciones en contra de cualquiera que denuncie
valientemente el estado actual de cosas; los asesinatos masivos que se ejecutan
en las barriadas y que son, en verdad
operaciones de exterminio; las detenciones sin justificación, seguidas
de desapariciones forzosas por semanas, sin que los familiares o los abogados
del detenido sepan de él, ni puedan prestarle apoyo legal, afectivo y hasta
asistencia; los tratos crueles, con violaciones incluidas de las mujeres y
niñas que tienen la desgracia de caer en manos de esos aberrados. Todo eso aparece en el informe y ya bastaría
como sustentación para una acusación ante la Corte Internacional de Justicia,
en La Haya; pero no satisface a algunos paisanos petulantes, desdeñosos porque
a la Bachelet le faltaron algunas denuncias o porque se comportó decente y
cortésmente cuando se encontró con Platanote y su mujer. ¿Qué querían, que les saliera con
jaquetonerías y desplantes? La diplomacia
tiene sus rituales… A un apreciado
amigo, opositor a ultranza (y a quien hay que abonarle que fue uno de los
primeros presos de la Justicia Militar), no le gustó que lo mencionara como
“presidente” en el cuerpo del informe.
¿Y cómo lo iba a designar? Ella
vino de parte de las Naciones Unidas, una organización que no ha reconocido a
Guaidó (todavía) con ese cargo. Que no
dijo nada de los militares presos. Para
mí, creo que el párrafo titulado “Detenciones arbitrarias, torturas y malos
tratos” cubre a todos los que sufren en las mazmorras, sean del Sebin o del
DGSIM. Pero a ellos no les basta…
Fue Santa Teresa de Ávila quien explicó que
hay que arar con los bueyes que nos han tocado.
Y ese informe —que pudo ser mejor, no lo niego— es lo que tenemos. Así que, a asir el arado, mirar hacia
adelante y a aguijonear a la yunta para que marque en surco derecho, profundo,
en el cual podemos poner la simiente que ha de ayudar a salir de los muy
ineptos, de los ladrones del erario (lo único que saben hacer con asiduidad y
entusiasmo), de los asesinos que han diezmado la población, de los causantes de
la emigración que ha separado familias y que, también, han causado muertes en
la mar y los páramos andinos.
Tenemos que estar muy claros en que, el
informe por sí sólo no basta. Si no se
actúa de consuno, sin divisiones causadas por las agendas personales, nada
cambiará en Venezuela. El usurpador y
sus cómplices seguirán mangoneando en el país.
En fin de cuentas, tienen la fuerza y le faltan los escrúpulos; una
dupla que ya ha resultado asaz fatal para miles y miles de víctimas de la
malévola forma de acción de esos atorrantes.
Es tiempo de recordar aquello de que “lo
perfecto es enemigo de lo bueno”. Usemos
el informe, que es lo que tenemos. No lo
critiquemos, apoyémonos en él para que en el mundo entero quede patente lo que
ya es un secreto a voces: que en Venezuela no hay un gobierno, sino una banda
de ladrones descarados y asesinos inmisericordes.
Termino como comencé: si el
nortesantandereano y su pandilla tuviesen un ápice de decencia, debieran haber
renunciado hace ya varios años. Pero ese
término, al igual que “honor” “decoro”, “dignidad”, “recato” no aparecen en su
bagaje mental. Y ni siquiera debe saber
quién fue Emparan. Claro, porque lo poco
que estudió lo hizo en Colombia y en un centro de formación comunista en Cuba…
Los conceptos emitidos por nuestros columnistas son de
su exclusiva responsabilidad; sus columnas son publicadas, en estricto apego y
respeto a la libre expresión ciudadana.

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