#Opinión:
Columna del
General Humberto Seijas Pittaluga @seijaspitt
Angostura,
los militares y la quema de la ayuda
Uno
vio a la cúpula militar rodeando al obeso usurpador, celebrando el bicentenario
del discurso que pronunciara el Libertador en Angostura. Y ya desde ese mismo día, uno se preguntaba:
“¿Pero será que alguno de esos mofletudos almirantes y generales habrá leído
ese histórico documento?” La
interrogante surgía porque, sin duda, no saben aquello de que: “…nada es tan
peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el
poder. El pueblo se acostumbra a
obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y
la tiranía”. Y porque también ignoran que: “En el régimen absoluto, el poder
autorizado no admite límites. La
voluntad del déspota es la ley suprema, ejecutada por los subalternos que
participan de la opresión organizada en razón de la autoridad de que
gozan”. Con una variante esto
último. Porque el déspota actual no es
sino un títere de la dictadura cubana; el sátrapa que manda (no gobierna) por
orden de un autócrata que reside en otro país.
En este caso, no el poderoso imperio persa sino un paisito parásito en
el Caribe.
Después
del domingo pasado, con las repetidas demostraciones de vesania cometidas por
uniformados, ya a uno no le queda la duda.
Impidieron el ingreso de la ayuda humanitaria; mandaron a usar armas de
guerra contra civiles desarmados en diferentes lugares del país, contra indios
pemones en Bolívar, contra manifestantes desarmados en Carabobo, frente a
paisitas que estaban entusiasmados en ayudar el ingreso de medicinas y
alimentos en Táchira. Lo cual hace ver
que no fueron descontroles aislados, esporádicos, de comandantes locales, sino de
unos que actuaron en cumplimiento de instrucciones emanadas del poder
central. Todo a plena luz del día, con
impudicia y alevosía frente a reporteros extranjeros que representaban a medios
de muchos países serios, europeos y americanos.
Que presenciaron y reportaron el empleo de fuerza letal contra civiles inocentes
que terminaron en las morgues o en los hospitales; y vieron y mostraron la quema
camiones con ayuda humanitaria; todo a plena luz del día y ante los ojos del
mundo.
Además
de que esos hechos ya empiezan a abultar los expedientes que se están formando
en diferentes países y organizaciones internacionales de justicia, sirven para
resolver la duda que me planteaba en el primer párrafo: ahora me consta que no
se han leído el discurso de Angostura.
Ya casi al final de su larga disertación, don Simón decía: “Tan grandes
ventajas las debemos a la liberalidad sin límites de algunos generosos extranjeros
que han visto gemir la humanidad y sucumbir la causa de la razón; y no la han
visto tranquilos espectadores, sino que han volado con sus protectores
auxilios, y han prestado a la República cuanto ella necesitaba (…). Estos amigos de la humanidad son los genios
custodios de América, y a ellos somos deudores de un eterno reconocimiento,
como igualmente de un cumplimiento religioso a las sagradas obligaciones que
con ellos hemos contraído”.
Ya
la alta cúpula militar, posiblemente por recomendaciones cubanas, está haciendo
circular la especie de que fueron colectivos quienes quemaron los camiones.
¿Sí? ¿Y de dónde sacaron los uniformes,
las armas y los equipos de robocops con los que actuaron? Eso no se compra en quincallas por ahí. En el supuesto de que eso fuese cierto, algún
mando dio la orden de equiparlos. Y
cuidado si no fueron irregulares del ELN (que actúan en la frontera y más
adentro con la impunidad que les concede la vista gorda del régimen). Eso también es enjuiciable. Al igual que dotar a tropas infiltradas
cubanas de uniformes y armas que pertenecen a la nación para que actúen a sus
anchas. Como aprendieron a hacerlo oficialmente
en Argelia, Siria, Congo, Angola y Etiopía; y encubiertos, en la mayoría de los
países de habla hispana, incluido el nuestro.
¿Qué
más tienen que hacer el obeso usurpador y sus acólitos para constituirse en
reos de la justicia internacional? Ya
las primeras planas de todos los periódicos del mundo hicieron abrir los ojos a
los pocos que, ciegos voluntarios, se negaban a ver la realidad: que hay un
tirano que ordena a sus secuaces masacrar a seres desarmados cuyo único delito
es ansiar vivir en paz, sin sobresaltos ni amenazas, alimentarse adecuadamente
y poder curarse cuando sufran alguna enfermedad. Que ya constituyen en un problema de
naturaleza criminal, político y militar para todo el hemisferio. Y vuelvo a una pregunta que ya en mí es
repetitiva: si el socialismo es tan bueno, ¿por qué tienen que imponerlo a
sangre y fuego? ¿Por qué no convencen
con obras buenas, eficiencia y ausencia de latrocinios?
Nunca
pensé que iba a escribir esto, pero creo que este régimen criminal, encallecido
en la violencia y el descomedimiento no saldrá por las buenas sino por la
fuerza. Porque no cree en la
democracia. Emplean las doctrinas y los
instrumentos de esta para enseñorearse en el poder para, luego tratar de
eternizarse en él. Y la fuerza solo la
tienen los militares. Pero con estos
altos mandos tarifados, pervertidos en la corrupción y el delito, nada puede
esperarse.
Es
la cruda, ruda y espeluznante realidad. El
problema se puede resolver internamente, partiendo de escalones medios del
escalafón militar que actúen recordando lo que se dijo en Angostura: “No
combatiendo por el poder, ni la fortuna, ni aun por la gloria, sino tan solo
por la libertad…”.
Porque,
si no, tendrán que aparecer factores externos.
Ya que, si algo queda claro después de los desmanes y la saña oficiales
del 23-F, es que solo las acciones políticas o diplomáticas del exterior no
bastan…

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