La
cobardía, el odio y el miedo se esconden en el anonimato
Qué fácil
resulta ofender, calumniar, difamar, agredir, vejar y exponer al escarnio
público a ciudadanos a través de las redes sociales escondiéndose detrás del
anonimato. Afortunadamente entre cielo y tierra no hay nada oculto, y a pesar
de que el jefe político de un partido regional vinculado a dicha cuenta me dijera
(tengo testigos por cierto), que “era imposible descubrir esa cuenta, pues se
había creado en el exterior”, los adelantos tecnológicos permiten ahora muchas
cosas, y más, si son organismos de seguridad o empresarios de la construcción
(con muchos recursos por cierto), quienes están detrás de las direcciones IP
vinculadas a dicha cuenta. Sin embargo, ese no es mi asunto, allá los órganos de
seguridad y los investigadores privados que están encargados de ese caso. Lo
que si no puedo dejar de expresar, es que la cobardía, el odio y el miedo, se
esconden tras esa cuenta anónima. Cobardía, pues no se atreven a dar la cara
para responder por sus aseveraciones; odio, ya que como misóginos al fin,
tienen pesadillas con damas que huyen despavoridas de vecinos que intentan
atacarlas; miedo, porque ante las inminentes investigaciones de las que están
siendo objeto, envían a sus allegados al exterior y se refugian en hoteles,
mientras se dedican a vivir la vida loca. Esos personajes que no pueden dormir
(pues en esas mismas pesadillas se ven
perseguidos por contratistas, políticos, empresarios, damas, garzas,
espantapájaros y abogados), son felices ¡POR AHORA!; pero mientras esto ocurre, “La Garza primorosa
espera la pronta llegada de las oscuras golondrinas”; o si lo prefieren, ¡A
todo cochino le llega su sábado y va directo al Matadero!

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