Columna de Eduardo
Fernández
Proyecto integrador III
Un tema que
debería estar presente en el debate acerca de la definición de la Venezuela del
futuro es el de la relación entre el Estado y la sociedad. Se trata de que la
sociedad tenga un Estado y no que el Estado tenga una sociedad. Se trata de
recordar la visión instrumental del Estado. El Estado es un instrumento al
servicio de la sociedad, o sea, de los ciudadanos y no al revés.
Se trata de superar lo que Juan Garrido Rovira ha
llamado la tragedia del centralismo esterilizante. Centralismo que, por cierto,
ha sido impuesto por una larga sucesión de presidentes nacidos en la provincia.
Durante el siglo XX, por ejemplo, todos los presidentes, desde Cipriano Castro
hasta Hugo Chávez nacieron en la provincia. El único presidente nacido en
Caracas fue Rómulo Gallegos, quien apenas gobernó unos ocho meses. En el siglo
XIX, con la significativa excepción de Antonio Guzmán Blanco, todos los
presidentes fueron provincianos.
Sobreponer la patológica concentración de poder en
manos del Estado y de quien quiera que esté en la Presidencia de la República.
Hay que superar el estatismo paralizante y el presidencialismo exagerado.
En una reciente encuesta efectuada en Suiza, ocurrió
que más de 80% de los encuestados no fue capaz de recordar el nombre del
presidente de ese país. ¡Qué maravilla! Yo no pretendo tanto para Venezuela.
Pero qué bueno sería que el jefe del Gobierno en nuestro país no se sintiera
obligado a presumir de ser un nuevo Bolívar, ni de héroe y se limitara a ser un
eficiente y honesto funcionario. El proyecto integrador para Venezuela supone
superar el déficit de democracia y de cultura democrática tanto en las ideas
como en la praxis política.
Los recientes acontecimientos relacionados con la
escogencia de los candidatos para representarnos en la Asamblea Nacional, tanto
en las filas del oficialismo como en las de la oposición, ponen de manifiesto
la gravedad de ese déficit de cultura y de praxis democrática que tenemos que
superar si queremos construir un país más integrado, más democrático y más
moderno.
A todo lo anterior hay que agregar la urgencia de
lograr una verdadera integración social. En Venezuela no existe una sociedad,
son varias. Con diferencias económicas, culturales y morales inmensas. Con poca
gente que tiene mucho (dinero, cultura, valores) y con muchos que no tiene
nada. La coherencia social es indispensable si queremos progresar.
Eduardo Fernández
@efernandezve

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