Patria
opressa
Humberto
Seijas Pittaluga
El
tipo llegó al poder mediante engaños, astucia y asesinatos. Para eso, contó con la ayuda de tres brujas
que le señalaron la vía hacia la autocracia, y de su pareja, quien representa
el epítome de la mujer maluca. Bajo su
dominio, el pueblo gime, sufre humillaciones y carestías; todos los dineros
recaudados son para el goce del tirano y su claque, nada se invierte en el
bienestar de la comunidad. El déspota ve
apariciones que nadie más puede observar y, según él, el espectro le habla
desde ultratumba. Lo que, por un lado,
hace que la gente empiece a descubrir que el tipo, si ve alucinaciones, no está
muy bien de la cabeza; y, por el otro que, como él se da cuenta de esas
aprensiones en sus subalternos, se le agria el carácter aún más. Las brujas permanecen en su empeño de
preparar cocciones que lo que harán al final es complicar más el asunto, pero
el tipo sigue confiando en ellas. Pero
hete aquí que un líder joven entiende que hay que luchar en contra del estado
de cosas, reúne multitudes a su alrededor y —encumbrado en esa fuerza— decide
luchar para desbancar al ilegítimo y poner a la nación en buen camino. Al enterarse, el opresor —prevalido de su
poder y de las seguridades que le han dado las brujas— reta al líder y a sus
seguidores, les dice que no les teme, critica la unidad que han logrado y los
tilda de traidores. Y comienza la
contienda. Aunque con todas las bazas a
su favor, al final, el tirano es derrotado y el adalid del pueblo proclama: “Fu
spento l'oppressor! / La gioia eternerò; / Per noi di tal vittoria” (¡Fue
vencido el opresor! / La alegría será eterna / en nosotros por esta victoria).
¿Qué
les pasó? ¿Por qué ese gesto de
sorpresa? ¿De quién creían que yo estaba
tratando? Porque yo lo que he estado haciendo es un resumen de “Macbeth”, el
drama que escribió Shakespeare para el teatro y que Verdi convirtió en una
ópera muy exitosa. Los versos que
rematan el párrafo anterior son de la versión lírica de don Giuseppe; como
termina el bardo inglés es con la promesa que hace Malcolm de llamar a la
patria a quienes estaban exiliados en el extranjero, de llevar a la justicia a
los crueles ministros del carnicero, y de realizar una obra con “measure, time
and place”…
Pero, lo acepto, hay razón para la sorpresa de
ustedes. Es que nuestro país se está
tornando muy parecido a la Escocia que narra el drama isabelino. El desgobierno que hemos tenido durante
dieciséis años y medio nos ha sumido en tal mezcla de escaseces en lo más
elemental, de impudicia oficial, de estupidez desde lo más alto, de irrespeto a
las normas, de muertes infames y abundantes que lo que provoca es gemir con
aquello de: “Patria oppressa! il dolce nome / No, di madre aver non puoi, / Or
che tutta a' figli tuoi / Sei conversa in un avel!” (Patria oprimida. el dulce
nombre / de madre tener no puedes, no, / ahora, cuando toda, a tus hijos /
estás conversando en un sepulcro). O
aquello otro de: “Uno speco di ladroni / Questa terra diventò” (En una cueva de
ladrones / esta tierra se convirtió).
O, si
les recitamos parte del texto shakesperiano a los venezolanos, cuando leemos
los versos que declama Macbeth al final de su reinado, pueden pensar que están
escuchando una descripción del ilegítimo: “…a poor player / That struts and frets
his hour upon the stage / And then is heard no more. / It is a tale / Told by
an idiot, full of sound and fury, Signifying nothing” (…un pobre actor / que se
pavonea y se enoja mientras está en la escena / pero a quien después no oyen
más. / Es un cuento / contado por un idiota, lleno de ruido y furia, /que no
significa nada). No podrán negar que el
paralelismo es impresionante.
Pero,
lo he dicho antes, él solo es el albacea de una herencia que dejó el muerto
viviente. Porque, que quede claro, el daño
lo causó Boves II; este pobre diablo lo que hizo fue empeorarlo. Pudo haber enmendado la ruta. Tenía tiempo.
Pero lo que hizo fue degenerar más la ya penosa circunstancia. Por inculto, por inepto, por dejarse imponer
cosas, por tratar de dejar contentas a todas las facciones rojas. Eso hizo que el país entrara en barrena. Aun cuando fue con el pitecántropo
sabanetense que empezó la picada. Ahora
lo que se requiere es alguien que sepa pilotear, que pise fuerte el pedal
contrario a la guiñada que lleva el avión y centrar la palanca para que intente
sacarnos de ese tirabuzón que nos lleva al suelo. Las próximas elecciones —sin importar cuántas
tramposerías inventan los cubanos y ordenan a Nikolai para que este se las
dicte a la Tibi— han de servir para encontrar esos Macduffs y esos Malcolms que
han de conducir al pueblo a derrotar la tiranía y el despotismo actuales.

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