Por Marcos Meléndez
Cuando estaba en primer grado, pasaban
en televisión una novela de Delia Fiallo llamada “Topacio”. Se transmitía a las
9 de la noche y la protagonizaban Víctor Cámara y Grecia Colmenares. En la
telenovela, un hacendado con mucho dinero espera la llegada de su hijo varón.
Pero nace una niña aparentemente muerta porque no lloraba. Cuando nace, la
madre y la comadrona cambian a la niña –que no estaba muerta sino ciega- por un
bebé varón recién nacido hijo de un peón. La heredera rica, se cría como una
salvaje hasta que es adoptada por el Dr. Buitrago y el hijo del peón se cría
con todos los privilegios. La comadrona tiene remordimiento de conciencia y
siempre está “a punto” de revelar el secreto. La teleaudiencia pasa una hora
gritándole a la pantalla “díceselo” un modismo de “dícelo” -verbo decir
con el pronominal- cuando en cada momento de tensión la partera estaba a punto
de decir “toda la verdad”. Total que el hijo del rico -que no era de un rico
sino de un peón pero adoptado por el cambio de bebés- y Topacio –que no era
pobre si no rica, que vivía con un padre adoptivo pero que era hija del padre
del rico cuyo hijo no era rico sino pobre- se enamoran y por ahí va el culebrón
que mantuvo paralizada a la nación nueve meses durante el horario estelar.
Mi mamá decía que era un refrito de una
novela anterior “esmeralda” (1970). Topacio se transmitió en muchos países en
distintos idiomas, generando millones; aun así, no les pagaron regalías a los
actores, pero esos son otros temas vinculados a los chanchullos de las empresas
1BC.
Esa anécdota se me vino a la mente
cuando leí los extractos de un libro que promete ser bestsellers entre los
desconocedores de la realidad venezolana a nivel internacional y entre un
sector de la oposición venezolana que le encanta pagar 15 mil bolívares para
ver a Cala disfrazado de inteligente o a Ricardo Arjona disfrazado de poeta.
Es así como Emili Blasco en una versión
muy desmejorada de J.J Benítez, crea una especie de zambumbia entre caballo de
troya, código da vinci, la culpa es de la vaca y el alquimista aderezada
con declaraciones de Leamsy Salazar –a quien los propios gringos tildaron de
cobero- y Rafael Isea quien se fue para escapar del mega expediente que le
abrieron por fraudes entre los que destacan la rehabilitación del Teatro de la
Ópera de Maracay que durante su gestión la pagaron, pero no la hicieron en un
libro llamado “Búmeran Chávez: los fraudes que llevaron al colapso de
Venezuela”. El trabajo tiene sus toques literarios emocionantes pero no pasan
de allí, porque no presentan ni una prueba, ni siquiera una chiquita para darle
algo de realismo. El libro depende de que el lector actúe como una poceta
indefensa que recibe cualquier cosa que quieran depositar.
Un fragmento del libro dice por ejemplo:
“En la sala, dispuestos
en forma de U habían 24 monitores, uno por cada estado, más uno central
que totalizaba los datos de todo el país (…) Leamsy Salazar se dio cuenta desde
el primer instante de lo irregular de la situación: En las pantallas
estaban apareciendo los votos que iban logrando Carpiles y Maduro. Eso ni
siquiera podía conocerlo el CNE, dado que las máquinas de votación sólo se
conectaban en red al final para transmitir los resultados”
Emili Blasco echa mano de recursos
literarios mágico religiosos, para mostrarnos una súper computadora diseñada en
la universidad de Hogwarts (donde estudia Harry Potter) que recibe datos en
tiempo real voto a voto desde cada una de las máquinas de votación de cada uno
de los centros electorales del país sin estar conectada a la red y sin que la
máquina que recibe los votos los transmita. Si Maduro, Diosdado y Jorge
Rodríguez tuvieran una máquina que hiciera eso, no gobernarían Venezuela sino
el planeta. Esa computadora sería una mezcla entre la espada del augurio de los
Thundercats, y la base central de datos de google, el pentágono y la CIA.
Más adelante en el relato dice que
tumbaron el internet el día de las elecciones para poder hacer una trampa que
según Leamsy Salazar consistió en mantener algunos centros electorales abiertos
para sumar votos de manera digital. Es decir, que la súper computadora mágica,
no solo recibió datos sin conectarse a la red y sin que se los transmitieran,
sino que pudo predecir cuáles votos no serían revisados en la auditoría –que se
hace al azar-- y puso votos falsos a sabiendas de dónde se auditaría y dónde
no.
El material contiene también una parte
donde Maduro habla con la gente de Hezbolá para traerlos a Venezuela y formar
grupos aquí. En ese capítulo Maduro –siendo canciller- invita a Isea para que
lo acompañe a una reunión con el líder de esa organización. Amigo
lector, dígame la verdad: Si a usted lo invitan a una reunión secreta con el
líder de Hezbollah ¿Asiste? Y si decide asistir ¿Se llevaría a un amigo?
Me imagino a la gente de seguridad del
líder de Hezbollah –que deben ser muy mansos- parando a Maduro en la puerta del
sitio de reunión diciéndole ¿Quién es ese? Y Maduro contestando “un pana que
viene conmigo a la reunión con Hassan” y los sujetos dejándolo entrar porque
vieron a Isea confiable.
Eso sí, Isea echa ese cuento sin una
foto, sin una grabación… Nada, todo de su propia inspiración como dicen en el
llano.
Total que el libro va a funcionar en dos
direcciones: Una, generar mucho dinero a los editores que lo están vendiendo en
Amazon como pan caliente –aunque en internet está también de gratis- y la
segunda dirección es que va a poner más paranoico a un sector de la oposición.
Ése que cree a Cala un intelectual, a Uribe un demócrata, y a Arjona un poeta,
la misma que verá la novela de Emili Blanco como una investigación
periodística. Esto probablemente lesionará la intención de voto opositora
fomentando la abstención.
De todas maneras J.J. Rendón cobra las
asesorías aunque el candidato pierda y los editores de Búmeran Chávez cobrarán
su plata por la venta del libro aunque la oposición termine paranoica y absteniéndose
de votar.
@marcosmelendezm
marcosleonardove@yahoo.com

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