COLUMNA DE MARCOS MELÉNDEZ
LOS PADECIMIENTOS DE MI AMADA UNIVERSITAS CARABOBENSIS
Como escudos el pecho y el brazo
Cual banderas la mente y la voz
(Fragmento del coro del Himno de la UC)
Escribir en este momento crítico que vive la Universidad
de Carabobo implica hablar desde la parrhesía (decir la verdad tal y como se
piensa con el coraje y los riesgos que esto implica) siendo lo más
cuidadosamente objetivo posible, entendiendo que se trata de la casa de
estudios donde adquirí las pericias técnicas que sustentan mi acreditación
profesional.
Lo hago porque me siento severamente preocupado, por el
destino y la utilidad futura de las universidades como concepto; y, porque la crisis moral por la que atraviesa,
pone en peligro la credibilidad de los profesionales universitarios sin que
seamos capaces de poner como escudos “el pecho y el brazo” para defender una
institución centenaria que se preció de cumplir estándares internacionales y
que se encuentra sumergida en un dilema ético, académico y profesional como
consecuencia de una desatinada conducción.
A nivel general, no solo mi amada casa de estudios si no
también todas las demás universidades
(autónomas, experimentales, politécnicas etc.) se encuentran en medio de
una crisis de identidad, donde no queda claro si su objetivo es la búsqueda del
conocimiento o simplemente el entrenamiento para la formación de profesionales;
es decir, ¿somos los actuales egresados unos universitarios o simplemente
profesionales? Entendiendo como universitarios los generadores de conocimiento,
investigadores (que no es lo mismo que hacedores de “paper” en revistas
arbitradas por ellos mismos) o técnicos capaces de producir ciencia o
tecnología pertinentes que ayuden a resolver (en la realidad material) los
problemas de la sociedad donde la universidad esté circunscrita.
La crisis de
identidad universitaria no se vive
solamente en Venezuela; ya que el debate sobre la ciencia y la tecnología
pertinente viene dándose
internacionalmente desde hace treinta años. Lo preocupante, es que en Venezuela
resulte un tabú hablar de eso y se acuse a quienes se atrevan a plantear esa
discusión, de atentar contra la universidad cuando de lo que se trata es de
hacerla pertinente y útil más allá de la certificación profesional. Ese debate
es urgente, tan urgente como el de la democracia universitaria que cada vez se
ve más disminuida.
Una de las universidades que menos debate el asunto es
precisamente la de Carabobo. No es que las demás debatan mucho, pero en el
campus de Bárbula hay una crisis funcional que no genera en este momento las
condiciones mínimas para que al menos se pueda reunir la gente en un pasillo.
Esto obedece en gran medida a unas autoridades universitarias que renunciaron a
todo contacto con la vida académica y se
conectaron con dos vertientes: La de “Te canasta” para damas de alta sociedad
con eventos sociales y la vía
conspirativa en la que se ha suscrito el secretario de nuestra casa de estudios
Pablo Aure.
Recuerdo que cuando estudié en la Carabobo y el rector
era Ricardo Maldonado, hicimos vigilia varias noches seguidas dentro de las
instalaciones del rectorado en contra de la decisión de las autoridades que se
habían sumado al paro convocado por Fedecámaras. Entonces pensábamos que no
podía haber una rectoría peor. Hoy a la luz de las comparaciones, nos damos
cuenta de que sí se podía gobernar la universidad de peor manera. En principio
porque entonces, un estudiante podía hablar con el rector interceptándolo en un
pasillo (porque antes los rectores daban clase) o hacerle una vigilia en el
jardín del rectorado. Ahora hablar con el secretario implica ir a una marcha opositora o a una
guarimba para verlo fotografiar a los estudiantes antes de huir irresponsablemente
mientras publica twits como si estuviera marchando con los jóvenes.
El maldonadismo
también es de derecha y le hicimos en su momento severas críticas y más de una
toma a su despacho, pero tenían un mínimo de decoro dentro de su conducta
universitaria. Se respetaban unas elementales reglas de juego internas para que
no se perdiera la identidad de universitarios.
En la Universidad de Carabobo de hoy, es imposible pensar
en eso, ni siquiera es posible quedarse hablando después de una clase porque
las autoridades universitarias perdieron todo control del recinto
universitario, se ausentaron total y absolutamente de la producción intelectual
y de la administración de las condiciones para la actividad docente o de
extensión. Nuestro campus terminó siendo un espacio para entrenamiento de
juegos de guerra, con un consejo universitario que en vez de poner en agenda la
pertinencia de su propia existencia -que viola el principio de la democracia
participativa y protagónica- un plan
integral para la recuperación de la seguridad en el campus o una estrategia para
la reificación de la identidad universitaria, está técnicamente utilizando los
recursos del estado para propiciar cambios políticos que no se atreven a hacer
por la vía democrática.
Casos concretos y puntuales son la casi desaparición del
Orfeón Universitario al que no le han asignado recursos ni siquiera para un
uniforme, que tiene una valiosa joven atendiendo los ensayos porque jubilaron a
la maestra Aura Marina Ríos sin prever presupuesto destinado para llamar a un
concurso que permitiera designar un nuevo
titular o la sub utilización de la orquesta de cámara que no la conocen ni los
universitarios, son visibles muestras de la opacidad de una universidad que
brilló a través de esos íconos culturales antes de que estas autoridades
actuales llegaran a arrasar con la identidad de nuestra alma mater para
convertirla en un subsidiario de los partidos políticos de derecha.
El secretario de la Universidad de Carabobo, abandonó
toda relación con la universidad para embarcar (nos) a los universitarios en su
proyecto personal poniendo en riesgo la credibilidad y la razón de la
Universitas Carabobensis. La consecuencia es que la sociedad en general
comience a considerar las universidades autónomas lugares para el elitismo y la
conspiración política, y, como tiene un año casi parada y el mundo sigue igual,
podría la gente terminar pensando que no se necesita. Ese desprestigio en el
que Pablo Aure y sus secuaces quiere sumergir a la Universidad, no puede ser
permitido indiferentemente de la posición política que se tenga frente a los
problemas partidistas de índole nacional.
Es necesario aprovechar el pronunciamiento del más alto
tribunal del país para: convocar elecciones universitarias que permitan una
renovación de las autoridades, recuperar el tiempo perdido de los estudiantes
que pacientemente han esperado la solución al conflicto y les posterga su eventual graduación, que se
abran espacios para un debate universitario que incluya el tema de la
democracia, la investigación y la ciencia pertinente, la identidad universitaria
y el tema de la seguridad en el campus.
Son tareas pendientes para el futuro inmediato de mi
querida universidad a la que veo padecer en silencio los desmanes de las peores
autoridades universitarias que hayamos podido conocer.
Amada universidad tus hijos “ante Dios te juramos lealtad”
por eso invoco la conciencia de los
profesores, estudiantes, egresados, empleados, obreros activos o jubilados a evaluar-debatir respetuosamente la
pertinencia de estas autoridades que han violado el juramento de defenderla con
“la mente y la voz”.
@marcosmelendezm
marcosleonardove@yahoo.com

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