COLUMNA DE MARCOS MELÉNDEZ.
¿QUÉ TAN BUHONERO, PUEDE SER UN
BUHONERO?
Lic. Marcos Meléndez
Siete de la mañana de cualquier
miércoles del año. Las calles del centro de Valencia, se desperezan entre los
primeros intentos de los vecinos por barrer el frente de sus casas, en esa
costumbre tan nuestra de “dignificar el derecho de frente” manteniéndolo en el
mejor estado posible. Mientras barren, los vecinos ven caminar detrás de una
carrucha sosteniendo cual hormiga que resiste veinte veces su peso, a un
personaje que empuja esperanzas, sueños, ganas de trabajar y la búsqueda de una
mayor calidad de vida de la que hallaba en su ciudad o país de origen: Va
caminando un buhonero. Según la posición ideológica o la cantidad de
información que maneje el que lo mira pasar, le dará un eufemístico nombre que
va desde “comerciante informal” hasta el inventado por María Corina Machado:
“empresario del capitalismo popular”. Algunos parten desde el sector cinco de
julio, donde antiguas casas de tenencia privada, abandonadas por sus dueños,
les sirven de depósitos; otros, desde estacionamientos que de noche fungen de
almacenes y en menos de una hora, son como ríos de gente haciendo sobrehumanos
equilibrios al trasladar mercancía de todo tipo, desde donde son guardadas hasta
el puesto que ocupan en la calle los
pequeños “sambiles de lona y plástico” que se roban la acera y la
calzada, causando molestia, desagrado y retardo en el flujo vehicular. Fuera de
eufemismos, el diccionario define buhonero como persona que tiene por oficio vender mercancía de poco valor de manera
ambulante (1). Ahora bien, no todos los que
venden mercancía, son ambulantes, no todos distribuyen baratijas y no
todos son dueños de lo que ofrecen, por eso surge la pregunta ¿qué tan buhonero
puede ser un buhonero?
En los
centros históricos o cascos centrales de las ciudades del mundo actual, existe
el fenómeno del buhonero: una persona que vende baratijas al detal y que en
muchos casos son atractivos propios de la ciudad donde el fenómeno ocurre. En algunas
de ellas, se permite y en otras la actividad está proscrita, pero en todas, el
fenómeno está presente: Vendedores de suvenires, de especias, frutas al detal,
vendedores de libros y revistas nuevos o usados, curiosidades, relicarios,
artesanía o prestadores de servicios culturales como fotógrafos ambulantes,
retratistas, adivinos, magos, trovadores, payasos, mimos, saltimbanquis, cuenta
cuentos etc., que tienen como característica principal, una ocupación mínima de
la calle, ya que lo que venden es portable en una maleta, en los bolsillos de
un sobretodo o en un puesto del tamaño de un carro de supermercado; es decir,
que un buhonero tiene tres características principales: Ocupación reducida del
espacio público, venta al detal de mercancía barata y ejercicio del comercio en
forma ambulante. Por estas razones, en muchos centros históricos hay una
buhonería medianamente controlada, exenta de impuestos, ya que su ocupación del
espacio y el volumen de venta, no implica mayores controles por parte de las autoridades
que regulan el comercio y en muchos casos, según el nivel de creatividad del
buhonero, puede resultar un atractivo turístico en la zona.
En un país de economía
petrolero-rentista como Venezuela, donde abunda la liquidez financiera pero no
ha sido resuelto el asunto del desarrollo total de las fuerzas productivas,
donde la burguesía local es parasitaria, improductiva y basada en el
capitalismo financiero especulativo, el fenómeno del comercio informal se ve
pervertido por factores exógenos a la ciudad o al país, utilizando la buhonería
como mampara para esconder delitos como la sobre explotación de mano de obra
extranjera alojada ilegalmente en el país, el contrabando, la especulación o la
evasión de impuestos observables a través de otro tipo de vendedores:
1.- Los sobreexplotados.
Existen comerciantes formales que importan mercancía seca, y venden la mitad de
ésta dentro de sus tiendas, reportando el impuesto al valor Agregado (IVA) y
cumpliendo todas las normas legales, pero buena parte de su mercancía, es
vendida a través de redes de ciudadanos extranjeros de países hermanos que
llegan aquí desplazados por la pobreza extrema o por los conflictos bélicos
internos de sus países de origen. A través de esos trabajadores doblemente
explotados (los explotan de por sí con la forma de trabajo y los re explotan
pagándoles menos del salario mínimo por ser ilegales en el país) venden parte
de su mercancía sin reportar el impuesto al valor agregado. Esto es verificable
comprobando el origen de la mercancía a través de operativos especiales del
Servicio Nacional Integrado de Administración Tributaria, donde se notará que
diez o veinte pseudo buhoneros de una calle, tienen mercancía con el mismo
origen comercial de compra, e incluso algunas sin factura de origen, lo cual es
prueba de que se trata de una distribución de mercancía de contrabando. No
aplica en este caso atacar al vendedor sino al explotador que está detrás de
él. Estos explotadores son en su mayoría elementos exógenos al país y que
mezclan la venta de ropa con otras actividades ilícitas que van desde
financiamiento a grupos irregulares, hasta tráfico de seres humanos.
2.-Extensiones de comercios
formales. Otro fenómeno es el verificable con un ejercicio simple: vaya
donde un vendedor de camisas que este instalado frente una tienda y dígale que
quiere comprar una, pero que quiere probársela. Si repite el ejercicio en
varios “tarantines” notará que en más de uno le dirán que pase a la tienda
formal a probárselo, y, dado que un comerciante informal es enemigo del formal,
¿cómo se explica que el buhonero use el probador de la tienda formal?
3.-Empresas ilegales de
distribución de alimentos. En Valencia, se ha desarrollado un fenómeno con
algunas ventas de “ricuras colombianas” y
de frutas. Con el primero, se observa que las mencionadas ricuras (salvo algunas excepciones) están
distribuidas por la ciudad pero tienen un solo propietario que explota o sobre
explota a un grupo de personas; esto, también ocurre con las ventas de perros
calientes en la calle que no solamente incumplen las normas sanitarias sino que
un solo empresario, de manera ilegal, explota en una misma zona hasta veinte
carros de perros calientes, sub contratando veinte vendedores que dejan de ser
verdaderos buhoneros para convertirse en empleados sub pagados por un empresario
inescrupuloso, que no paga prestaciones, no paga impuestos, ni cumple normas de
salubridad, aprovechándose de la necesidad de un extranjero ilegal o de un
ciudadano en situación de pobreza que asume su doble o triple explotación, como
un hecho natural.
Este fenómeno es observable en el
centro de Valencia, cualquier ciudadano atento a su entorno, puede observar cómo veinte o treinta carros de
“perros” tienen las mismas salsas, presentadas en los mismos envases y con
carros de las mismas dimensiones; es decir, que en una calle pueden haber cinco
ventas de perros calientes, pero no hay en la misma cinco buhoneros, sino cinco
trabajadores sobre explotados por un “zar” de la comida rápida. No sería
problema una o varias ventas de perros calientes si cada vendedor, fuese
realmente dueño de la venta que tiene; valga decir, un buhonero real, pero la
actividad de dos o tres “zares” apoderados del espacio público a través de unos
explotados, no es buhonería, es cuando menos, otra cosa. Lo peligroso es que
algunos de estos “zares” de la comida rápida constituyen fuentes de
financiamiento de grupos irregulares extranjeros que hacen vida en el país, por
lo que se requiere no solo el control sanitario, sino también servicios
especializados de inteligencia para develar quienes están detrás de estos
jugosos negocios.
El otro fenómeno es el de las
frutas. Tenemos comerciantes pesando en libras, una unidad de medida aceptada
en Colombia, lo que representa una bofetada a la identidad nacional y un robo
para el ciudadano incauto que cree estar comprando dos kilos de frutas cuando
realmente está comprando dos libras, vale decir, menos de un kilo. En este caso
se requiere la actuación del Ministerio de Comercio a través de Sencamer y del
propio INDEPABIS, pero por encima de eso, se requiere la acción organizada,
seria y permanente de los vecinos: Consejos comunales, comités de usuarios,
pues “solo el pueblo, salva al pueblo” como reza el expresivo dicho ¿De donde vienen esas frutas? ¿Cómo entran al
país balanzas y pesos que miden en libras? ¿Quiénes están detrás de este
negocio?
En el centro de Valencia hay
1.138 puestos de venta en plena calle (2). Lamentablemente, no hay 1.138
buhoneros, pues el 34% de quienes están vendiendo en el centro, no viven en
Valencia y son sobre explotados por otros, mientras que un 11% de ellos son
ciudadanos extranjeros que no tienen definida su situación legal en el
país, por eso, pensar que la solución al
fenómeno del descontrol del comercio informal en el centro de Valencia se va a
resolver creando un mercado para “reubicar la economía popular” es una
fantasía, pues no se trata de ver la buhonería como un problema o un asunto con
el que se debe acabar, el problema no es el buhonero, el problema es la llegada
descontrolada de ciudadanos extranjeros, la falta de verificación del origen de
la mercancía que se distribuye, es el contrabando, la evasión de impuestos… Si
no atacamos esos problemas, reubicaremos mil este año y en dos años,
reubicaremos cinco mil. Se requiere entonces una acción articulada entre los
consejos comunales del casco central, Indepabis, Seniat, Saime, Gobernación, la
cámara de comercio y la Alcaldía, para resolver el problema del pesado en
libras, de la mercancía sin factura de origen o la venta en la calle de
mercancía adquirida por negocios formales para evadir impuestos, los ciudadanos
extranjeros cuya situación jurídica no está resuelta, los grupos irregulares
apostados en las esquinas disfrazados de buhoneros, el cumplimiento de las normas
socio-sanitarias y el control urbanístico del uso del espacio público. Depurada
la lista de supuestos buhoneros con estas premisas, quedarán aproximadamente
400 buhoneros REALES susceptibles de ser reubicados en un local de tres pisos
que ya fue construido con recursos del Gobierno Nacional y que está ubicado en
la calle Urdaneta, cruce con Independencia, en pleno centro de Valencia.
Estamos seguros que el Gobierno Bolivariano de Carabobo, dará uso a esta
infraestructura prontamente, ya que durante cuatro años, los Salas, la
mantuvieron secuestrada y sin uso. Como se puede notar, no es un asunto
resoluble desde la instancia municipal solamente, ni es un asunto de INDUVAL
como ente responsable del Plan de rescate del Centro de Valencia. Es un asunto
manejable, siempre y cuando la acción se inicie en la comunidad organizada y se
articule por mandato popular, la acción de los distintos niveles del poder
público, exigiéndole a cada quién el cumplimiento de su deber. Este es el
momento de actuar de manera planificada
y conjunta.
Un centro histórico sin buhoneros
resultaría muy aburrido, pero debemos defender a los reales vendedores de
baratijas cuya mercancía cabe en una maleta. Eso requiere mantener los ojos
bien abiertos para que a través del análisis crítico, podamos ver realmente,
qué tan buhonero puede ser un buhonero…
(1) Pequeño
Larousse Ilustrado Ed. Larousse 2012.
(2) Fuente:
Censo INDUVAL Marzo 2012
Marcos Meléndez
@marcosmelendezm
marcosleonardove@yahoo.com

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