Columna de Luis Brito García:
Revoluciones en democracia,
democracias en revolución.
1 Democracia:
soberanía de la mayoría. Soberanía: poder máximo que no se somete a ningún
otro. Contra estas definiciones la reacción ha tejido en todos los tiempos el
infundio de que no es posible una revolución en democracia ni una democracia en
revolución. Democracia sí, mientras no sea económica o social. Usted puede
votar por el alcalde, pero no por el dueño del monopolio ni el magnate
comunicacional. La mayoría puede decidir todo, salvo lo que la favorece. Si así
lo hace, las fuerzas antidemocráticas ejercen la más brutal violencia en
defensa de sus privilegios.
2 Así, toda
Revolución sufre desde el primer instante el doble asedio de una
contrarrevolución interna y otra externa cuyo objetivo es derrocar por la
violencia al gobierno popular y restablecer el poder de la oligarquía. Si
dichas tentativas no triunfan de inmediato, se prolongan en larga guerra
económica de desgaste cuyo fin es arruinar la economía revolucionaria forzándola
a priorizar la defensa militar y a endurecer la seguridad interna. La burguesa
Revolución Británica padeció el embate combinado de los ejércitos de la
monarquía y la intervención externa. La Revolución Francesa estuvo sometida al
asalto de la Chouanerie interna y de sucesivas coaliciones europeas. La
Revolución Bolchevique enfrentó la contrarrevolución interna del Ejército
Blanco y de los Kulaks, la intervención externa de catorce potencias, la
Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Igual agresión interna y externa
combinada padecieron la Revolución Mexicana, la China y cuantas en el mundo han
sido.
3 Este mecanismo
funciona exactamente igual para América Latina y el Caribe. Reseñarlo
requeriría volúmenes. Consideremos algunos ejemplos.
El Presidente
democráticamente electo Jacobo Arbenz intenta expropiar algunas tierras de la
United Fruit en Guatemala y es derrocado por una combinación de golpe militar e
invasión mercenaria financiada por Estados Unidos.
El primer ministro
Fidel Castro avanza reformas mayoritariamente apoyadas por el pueblo cubano.
Sigue una invasión de mercenarios financiada, entrenada y apoyada por el
gobierno de Estados Unidos; derrotada ésta, un bloqueo económico que dura hasta
hoy.
El Presidente
democráticamente electo Juan Bosch realiza moderadas reformas económicas en
República Dominicana y es derrocado por una combinación de golpe militar e
invasión del ejército de Estados Unidos.
El presidente
democráticamente electo Joao Goulart decreta en Rio de Janeiro la expropiación de
refinerías de petróleo privadas y de tierras privadas veinte kilómetros al
borde de ríos, represas y vías de comunicación, y es derrocado por golpe
militar que apoya Estados Unidos.
El Presidente
democráticamente electo Salvador Allende nacionaliza la industria chilena del
cobre, reconoce derechos fundamentales a los trabajadores y es derrocado y
asesinado por un golpe militar planeado y apoyado por Estados Unidos.
El dirigente Omar
Torrijos logra en 1977 los acuerdos Torrijos-Carter en virtud de los cuales
el Canal de Panamá queda posteriormente bajo el control de los panameños, y
fallece en misterioso e inoportuno accidente de aviación.
El Presidente
democráticamente electo Daniel Ortega avanza moderadas reformas agrarias en
Nicaragua y es sometido a bloqueo y a cotidiana invasión y sabotaje durante
casi una década por “contras” entrenados, armados y financiados por Estados
Unidos.
El Presidente
democráticamente electo Hugo Chávez Frías intenta imponer 49 leyes de reforma
de la economía y la sociedad venezolana, se niega a privatizar Petróleos de
Venezuela, y es derrocado temporalmente por un golpe militar planeado y apoyado
por Estados Unidos.
El Presidente
democráticamente electo Evo Morales nacionaliza industrias de explotación de
recursos naturales, y debe enfrentar la amenaza de secesión de la Media Luna
apoyadas por las transnacionales y los movimientos étnicos.
El Presidente
democráticamente electo Rafael Correa afianza la propiedad de Ecuador sobre sus
recursos naturales, y es atacado por un golpe de Estado apoyado por Estados
Unidos y por los movimientos étnicos de la Confederación Nacional de
Nacionalidades Indígengas de Ecuador (CONAIE).
El Presidente
democráticamente electo Manuel Zelaya se acerca al grupo de países del Alba,
inicia moderadas reformas económicas y sociales en Honduras, y es depuesto por
un golpe de Estado preparado y apoyado por Estados Unidos desde la base de
Palmasola.
El Presidente
democráticamente electo Fernando Lugo inicia moderadas reformas, y el
Congreso lo depone con un golpe legislativo que dura apenas horas.
En todos los casos,
sin excepción, la agresión fue precedida, acompañada y seguida por campañas
mundiales de difamación mediática y activa injerencia de cortes y
organismos internacionales en los asuntos internos del país víctima.
4 Intencionalmente
repetimos la expresión “democráticamente electo” como letanía. El camino a la
democracia está empedrado de malas intervenciones. Nunca fueron invadidas ni
bloqueadas ni saboteadas dictaduras de derecha como las de Somoza en Nicaragua,
Batista en Cuba, Pérez Jiménez en Venezuela, Rojas Pinilla en Colombia,
Videla en Argentina, Castelo Branco en Brasil, Bordaberry en Uruguay o Pinochet
en Chile, por sólo mencionar algunas. Un fatal destino pesa sobre todo gobierno
democráticamente electo. Tampoco nadie molestó a demócratas conservadores
neoliberales como Toledo en Perú, Frei en Chile o Calderón en México. Imperio y
oligarquías golpean selectivamente a demócratas que intentan reformas
económicas y sociales. La paradoja se configura así: la Revolución sólo puede
acceder al poder por vía democrática, pero la reacción puede y debe aniquilarla
en forma violenta en cuanto intente la menor reforma económica o social ¿A
quien favorecen estas reglas que consagran una Democracia indefensa e inerme
contra una reacción armada, coligada con el Imperio y dispuesta a todas las
atrocidades a favor del privilegio?
5 La Democracia,
poder de la mayoría, tiene derecho a todos los recursos para imponerse y
mantenerse ¿En cuáles casos han resistido las democracias contra los asaltos
autoritarios? En Cuba, la preparación y solidaridad popular ha disuadido todo
posterior ataque. El voto popular devolvió el poder a los sandinistas en
Nicaragua. En Venezuela, las masas inundaron las calles y repusieron en el
poder al secuestrado Hugo Chávez Frías. Contundentes movilizaciones acompañadas
de un referendo mantuvieron en el poder a Evo Morales contra el intento
derechista de secesión de la Media Luna. En Ecuador, marejadas del pueblo
mantuvieron en el poder a Rafael Correa. La primera defensa de la
democracia social y económica está en la movilización popular dinámica y
oportuna. Ésta se logra a través de la prédica y la práctica de la
participación popular. Un gobierno bien intencionado pero respaldado sólo por
una población reducida a la pasividad será fácilmente derrocado mediante las
recetas clásicas de la agresión externa e interna, el bloqueo y la guerra
económica.
6 Decía
Maquiavelo que difícilmente será derrocado un Príncipe que arma a su pueblo, pues
con tal gesto muestra que le tiene una confianza que será siempre
correspondida. Las armas no son necesariamente fusiles y bayonetas. La
educación, la justicia social, la organización, la participación política son
las invencibles herramientas de la articulación de la voluntad popular. Son las
armas sociales, que permiten o a veces hacen innecesario el uso de las
convencionales.

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