Artículo de Luis Vicente León:
Sal de trufas… para carne
podrida.
En apenas un año, la
percepción sobre la situación económica del país se deterioró en más de 30
puntos porcentuales. Es cierto que no hay todavía una correspondencia directa
con la popularidad de Maduro, que se desliza de una manera mucho más moderada y
sin que esto signifique un crecimiento de sus adversarios, pero la historia
indica que esas variables bailan pegadas y tarde o temprano se notará.
El Gobierno parece
obligado a jugar con candela en términos económicos y lo hace en el peor
escenario, amarrado de manos sin poder hacer lo que sabe que tiene que hacer.
Merentes y la mayoría de los actores en cabeza de las instituciones económicas
del país están claros de que es insostenible el modelo vigente de controles de
cambio y precio primitivos, con expropiaciones improductivas y una ley del
trabajo castrante. Pero su capacidad para tomar decisiones luce muy
comprometida.
Las declaraciones de
Merentes, casi clamando por un tercer mercado cambiario abierto en el que “la
moneda fluctúe y las empresas y personas pueden comprar lo que necesitan”, no
han sido acompañadas aún por una decisión en ese sentido.
El comportamiento del
dólar negro, casi 9 veces el cambio oficial, indica que los actores económicos
tiene total desconfianza. Y probablemente tienen razón. Si bien la propuesta de
los pragmáticos es que se cree ese tercer mercado despenalizado, libre y
abierto, las posibilidades de que eso salga así, sin restricciones, luce baja,
a la luz de la batalla interna entre pragmáticos e ideológicos y con el miedo a
reconocer los errores cometidos y afectar la conexión popular en pleno momento
electoral.
La única manera que
el tercer mercado funcione, es que estén dispuestos a que el cambio sea libre y
sin restricción de cantidad, compradores, sectores o topes de variación.
Cualquier intento de control, incluso parcial, lo hace inservible. Si el
Gobierno restringe la compra, de cualquier manera, surgiría de inmediato un
nuevo mercado negro para los excluidos y ese seguirá siendo el marcador de
precios de todo el país. Puede que se oxigene un pelo el mercado y mejore el
abastecimiento puntual, pero el cáncer seguirá ahí.
Creo que Merentes y
el mismo Maduro lo entienden, pero ninguno parece tener la capacidad para tomar
estas decisiones libremente, sin negociar con el lado radical del chavismo.
Para ellos es indispensable sostener la unidad, en un movimiento que ya no
tiene la fuerza popular del pasado ni el margen de maniobra para soportar una
fractura interna, en el medio de una campaña electoral, donde la oposición está
en el tapete a su mismo nivel, lo que bloquea la adopción de medidas económicas
indispensables pero impopulares.
La respuesta del
organismo creado para revisar la crisis económica es, como dirían los
gringos: “amazing”. En una economía cayéndose a pedazos, sin
divisas fluidas y con congelamientos de precios que destruyen la capacidad de
oferta, anuncian, con fanfarria, que los importadores no necesitarán, hasta
diciembre, la permisología que ellos mismos crearon para importar. No es que
eso sea malo; la verdad tenerlo ya era una locura. Pero con las necesidades
existentes en materia cambiaria, fiscal y monetaria, esto es como ponerle sal
de trufas a una carne podrida.
Es muy probable que
el Gobierno haga un anuncio cambiario en breve, si es que no lo hizo ya cuando
esté publicado este artículo. Pero mi olfato indica que será un
Frankensteincito, con controles, restricciones y limitaciones de adquisición
que terminará siendo más una devaluación del ineficiente Sicad que un intento
serio de resolver la embarrada que están echando en materia económica.
Ojalá me equivoque… y
lo celebraré si es así.

No hay comentarios:
Publicar un comentario