martes, 10 de septiembre de 2013

COLUMNA DE HECTOR AGÜERO: “Dormir con un ojo abierto y el otro también”.

COLUMNA DE HECTOR AGÜERO:


“Dormir con un ojo abierto y el otro también”

Héctor Agüero

La inestable relación de fuerzas en el Medio Oriente obliga a la Federación Rusa a efectuar marchas y contramarchas y a inmovilizarlo en la incómoda posición del equilibrista sin percha ni malla que lo sostenga en caso de emergencia. Primero fue en el caso de Libia cuando para sorpresa de todos dejó a un lado su tradicional política de no intervención y permitió la destrucción del Estado libio y el fin de la era Gadafi. En el caso sirio y quizás como una manera de rectificar sostiene que los países occidentales actuando como fuerzas externas en forma incorrecta deciden cual de las partes tienen la razón en lo que verdaderamente es una guerra civil y por supuesto ayudan a esa parte a asegurar el botín y por ende bloquea al Consejo de Seguridad de la ONU y obliga a la Alianza imperial a rehacer su estrategia de invasión y dominación al país gobernado por Bashar Al-Assad.
Rusia mira los acontecimientos en el Medio Oriente a través de su propia perspectiva. En los veinticuatro años transcurridos entre 1989 y 2013 la sociedad rusa ha experimentado cambios drásticos que la alejaron del modelo de socialismo soviético. Aunque penetrada por los valores esenciales del capitalismo desconfía de ese modo de vida y al mismo tiempo evita aproximarse a supuestos cambios que encierren violencias y que generen nuevas decepciones y desesperanzas. Dicho en otras palabras cree con la firmeza de la desesperación en la estabilidad social y en la estabilidad política. Ve con recelo las violentas sacudidas que experimenta ese polvorín que se llama el Extremo Oriente y se inquieta de los reclamos de las minorías religiosas y étnicas en la zona árabe porque sabe que son los mismos problemas que a diario enfrenta en ese inmenso territorio que se llama la Federación Rusa. Por aquello de que si ves arder la barba de tu vecino pon la tuya a remojar.
Sin embargo es justo reconocer que para una Nación, otrora poderosa y hoy convertida en una potencia de segundo orden su rol en la escena internacional es harto difícil y pese a ello navega con lentitud y prudencias el turbulento mar del Levante. Al negarse a respaldar la mal llamada primavera árabe que derrocó a Mubarak la Federación Rusa fue acusada por los estadounidenses “de escoger el lado malo de la historia” y colmo de las ironías hoy resulta que quienes escogieron el lado malo de la historia han los países que forman la Alianza Imperial al respaldar el golpe de Estado contra el legítimo Presidente de Egipcio mientras que los rusos demostraron que su línea de acción política había sido correcta.
En el marco de este enfoque podemos entender que Rusia tiene aún un rol que jugar en ese complicado escenario que incluye al Líbano con sus 17 credos religiosos, con la minoría alauita que gobierna Siria apoyada en los chiitas de Irán e Irak, de Turquía que coquetea con Occidente pero sabe la cuota explosiva que significan los curdos en sus predios, que sabe tomarle el pulso a los regímenes moderados del Golfo que consideran la aventura siria como una amenaza a largo plazo contra ellos mismos, sin olvidar que la cancillería de la plaza Smolensk mantiene tratos con Israel que podríamos llamar formales.
En este lado del mar Atlántico, en la República Bolivariana de Venezuela, es prudente y oportuno, mantenernos alerta y fortalecer cada vez los nexos con el pueblo, con los movimientos populares organizados, con el Gran Polo Patrióticos, con el PSUV, con nuestra Fuerza Armada Bolivariana y con nuestros hermanos latinoamericanos. Dormir con un ojo abierto y el otro también.


Héctor Agüero

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