COLUMNA DE HECTOR AGÜERO:
“Dormir con un ojo abierto y el otro también”.
Héctor
Agüero
La inestable relación de fuerzas en el Medio Oriente obliga a la Federación
Rusa a efectuar marchas y contramarchas y a inmovilizarlo en la incómoda
posición del equilibrista sin percha ni malla que lo sostenga en caso de
emergencia. Primero fue en el caso de Libia cuando para sorpresa de todos dejó
a un lado su tradicional política de no intervención y permitió la destrucción
del Estado libio y el fin de la era Gadafi. En el caso sirio y quizás como una
manera de rectificar sostiene que los países occidentales actuando como fuerzas
externas en forma incorrecta deciden cual de las partes tienen la razón en lo
que verdaderamente es una guerra civil y por supuesto ayudan a esa parte a
asegurar el botín y por ende bloquea al Consejo de Seguridad de la ONU y obliga a la Alianza imperial a rehacer su
estrategia de invasión y dominación al país gobernado por Bashar Al-Assad.
Rusia mira los acontecimientos en el Medio Oriente a través de su propia
perspectiva. En los veinticuatro años transcurridos entre 1989 y 2013 la
sociedad rusa ha experimentado cambios drásticos que la alejaron del modelo de
socialismo soviético. Aunque penetrada por los valores esenciales del
capitalismo desconfía de ese modo de vida y al mismo tiempo evita aproximarse a
supuestos cambios que encierren violencias y que generen nuevas decepciones y
desesperanzas. Dicho en otras palabras cree con la firmeza de la desesperación en la estabilidad social y en la
estabilidad política. Ve con recelo las violentas sacudidas que
experimenta ese polvorín que se llama el Extremo Oriente y se inquieta de los
reclamos de las minorías religiosas y étnicas en la zona árabe porque sabe que
son los mismos problemas que a diario enfrenta en ese inmenso territorio que se
llama la Federación Rusa. Por aquello de que si ves arder la barba de tu vecino
pon la tuya a remojar.
Sin embargo es justo reconocer que para una Nación, otrora poderosa y hoy
convertida en una potencia de segundo orden su rol en la escena internacional
es harto difícil y pese a ello navega con lentitud y prudencias el turbulento
mar del Levante. Al negarse a respaldar la mal llamada primavera árabe que
derrocó a Mubarak la Federación Rusa fue acusada por los estadounidenses “de
escoger el lado malo de la historia” y colmo de las ironías hoy resulta que
quienes escogieron el lado malo de la historia han los países que forman la Alianza Imperial al respaldar el golpe de Estado
contra el legítimo Presidente de Egipcio mientras que los rusos
demostraron que su línea de acción política había sido correcta.
En el marco de este enfoque podemos entender que Rusia tiene aún un rol que
jugar en ese complicado escenario que incluye al Líbano con sus 17 credos
religiosos, con la minoría alauita que gobierna Siria apoyada en los chiitas de
Irán e Irak, de Turquía que coquetea con Occidente pero sabe la cuota explosiva
que significan los curdos en sus predios, que sabe tomarle el pulso a los
regímenes moderados del Golfo que consideran la aventura siria como una amenaza
a largo plazo contra ellos mismos, sin
olvidar que la cancillería de la plaza Smolensk mantiene tratos con Israel que
podríamos llamar formales.
En este lado del mar Atlántico, en la República Bolivariana de Venezuela,
es prudente y oportuno, mantenernos
alerta y fortalecer cada vez los nexos con el pueblo, con los movimientos
populares organizados, con el Gran Polo Patrióticos, con el PSUV,
con nuestra Fuerza Armada Bolivariana y con nuestros hermanos latinoamericanos.
Dormir con un ojo abierto y el otro también.
Héctor
Agüero

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