COLUMNA DE ANTONIO ECARRI BOLÍVAR.
Roberto Enríquez tiene razón.
Esta semana leí con la mayor
complacencia una entrevista que el acucioso y talentoso periodista del diario
Ultimas Noticias, Roberto Malaver, le realizó a Roberto Enríquez,
presidente nacional del partido socialcristiano Copei, quien alerta
a la MUD para que no caiga en el mismo error, cometido en pasados comicios, de
seguir la maniobra oficialista consistente en polarizar el debate electoral,
sobre todo en unas elecciones municipales que por sus características locales
no debe ser planteado como un plebiscito. El líder de las nuevas generaciones
de los copeyanos lo dice con claridad meridiana: “no es serio hablar del 8D
como un plebiscito” y en eso tiene toda la razón.
Plantear el debate electoral como un
plebiscito sólo le puede interesar a un sector que ve estas elecciones como una
manera de hegemonizar a la oposición, pero quienes creemos que el tema
principal es ganar la mayoría de las alcaldías del país, consideramos que esa
estrategia es absurda y como dice, igualmente, Roberto, “hablar de plebiscito
es estafar al país. El plebiscito puede generar una expectativa equivocada y
someter a los venezolanos a una nueva frustración. Lo que sí podemos es
plantearnos el reto de aumentar y consolidar las fuerzas populares, que se
plantean una necesidad de cambio en el país, eso es otra cosa, pero son a fin
de cuentas unas elecciones municipales, en donde solo tenemos que respetar el
liderazgo municipal. Sí creo que forman parte de la hoja de ruta democrática,
constitucional y popular que la oposición tiene planteada. Plantearlo como un
plebiscito, creo que no es serio”.
Este planteamiento socialcristiano
debe ser evaluado y compartido por toda la oposición democrática venezolana,
pues es un criterio serio, sostenido por la casi totalidad de los candidatos a
alcaldes quienes ven como objetivo principal ganar sus elecciones planteando
problemas y soluciones locales, para lograr el doble propósito de ganar
credibilidad en sus electores y contrastar esas propuestas exitosas con el
contendor chavista local y no con una confrontación nacional que lograría el
desideratum de armar el trabuco chavista consolidando su hegemonía nacional.
Plantear, entonces, esta elección como una confrontación de PSUV vs. MUD es
poco menos que una necedad que favorece ampliamente al oficialismo, habida
cuenta que más del 67% de los candidatos que se confrontan no pertenecen a
ninguno de estos dos polos.
Por primera vez, en los últimos 15
años, se está presentando la oportunidad de un avance significativo de toda la
oposición democrática, la que no sólo está afiliada a la MUD, sino que
representa un espectro mucho más amplio que no debe ser despreciado por quienes
dirigen la principal organización opositora. Pretender pedirles a los
candidatos a alcaldes, por ejemplo, que rechacen apoyos de otros sectores de la
oposición, diferentes a la MUD, resulta una imitación al calco de las
posiciones stalinistas e intolerantes del PSUV. Y lo que es peor, minimiza las
contradicciones existentes en el oficialismo y de plantearse el tema
plebiscitario podría, eventualmente, cancelar esas diferencias concitando la
unidad férrea del chavismo lo que sería un despropósito más que torpe casi idiota.
El MAS se fue de la MUD por estar en
contra de algunas pretensiones hegemónicas, no sigamos esa ruta de
desencuentros porque sería implosionar la unidad de la oposición, la que no
sólo debe mantenerse sino ampliarse hasta lograr crear un eje alternativo y de
credibilidad serio, después de avanzar ganando la mayoría de las alcaldías en
los próximos comicios. Esta elección no hay que utilizarla haciendo cálculos
mezquinos para satisfacer egos inflamados de ambiciones personales presentes o
futuras. Este es un debate que recién comienza y donde deben participar todos
los sectores de la sociedad venezolana. Esperemos que la sensatez que propone
Roberto Enríquez prevalezca. Llueve y escampa.
@EcarriB

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