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viernes, 27 de septiembre de 2013

COLUMNA DE ANTONIO ECARRI BOLÍVAR. Roberto Enríquez tiene razón.

COLUMNA DE ANTONIO ECARRI BOLÍVAR.


Roberto Enríquez tiene razón.

Esta semana leí con la mayor complacencia una entrevista que el acucioso y talentoso periodista del diario Ultimas Noticias, Roberto Malaver, le realizó a Roberto Enríquez,  presidente  nacional del partido socialcristiano Copei, quien alerta a la MUD para que no caiga en el mismo error, cometido en pasados comicios, de seguir la maniobra oficialista consistente en polarizar el debate electoral, sobre todo en unas elecciones municipales que por sus características locales no debe ser planteado como un plebiscito. El líder de las nuevas generaciones de los copeyanos lo dice con claridad meridiana: “no es serio hablar del 8D como un plebiscito” y en eso tiene toda la razón. 
Plantear el debate electoral como un plebiscito sólo le puede interesar a un sector que ve estas elecciones como una manera de hegemonizar a la oposición, pero quienes creemos que el tema principal es ganar la mayoría de las alcaldías del país, consideramos que esa estrategia es absurda y como dice, igualmente, Roberto, “hablar de plebiscito es estafar al país. El plebiscito puede generar una expectativa equivocada y someter a los venezolanos a una nueva frustración. Lo que sí podemos es plantearnos el reto de aumentar y consolidar las fuerzas populares, que se plantean una necesidad de cambio en el país, eso es otra cosa, pero son a fin de cuentas unas elecciones municipales, en donde solo tenemos que respetar el liderazgo municipal. Sí creo que forman parte de la hoja de ruta democrática, constitucional y popular que la oposición tiene planteada. Plantearlo como un plebiscito, creo que no es serio”. 
Este planteamiento socialcristiano debe ser evaluado y compartido por toda la oposición democrática venezolana, pues es un criterio serio, sostenido por la casi totalidad de los candidatos a alcaldes quienes ven como objetivo principal ganar sus elecciones planteando problemas y soluciones locales, para lograr el doble propósito de ganar credibilidad en sus electores y contrastar esas propuestas exitosas con el contendor chavista local y no con una confrontación nacional que lograría el desideratum de armar el trabuco chavista consolidando su hegemonía nacional. Plantear, entonces, esta elección como una confrontación de PSUV vs. MUD es poco menos que una necedad que favorece ampliamente al oficialismo, habida cuenta que más del 67% de los candidatos que se confrontan no pertenecen a ninguno de estos dos polos. 
Por primera vez, en los últimos 15 años, se está presentando la oportunidad de un avance significativo de toda la oposición democrática, la que no sólo está afiliada a la MUD, sino que representa un espectro mucho más amplio que no debe ser despreciado por quienes dirigen la principal organización opositora. Pretender pedirles a los candidatos a alcaldes, por ejemplo, que rechacen apoyos de otros sectores de la oposición, diferentes a la MUD, resulta una imitación al calco de las posiciones stalinistas e intolerantes del PSUV. Y lo que es peor, minimiza las contradicciones existentes en el oficialismo y de plantearse el tema plebiscitario podría, eventualmente, cancelar esas diferencias concitando la unidad férrea del chavismo lo que sería un despropósito más que torpe casi idiota.   
El MAS se fue de la MUD por estar en contra de algunas pretensiones hegemónicas, no sigamos esa ruta de desencuentros porque sería implosionar la unidad de la oposición, la que no sólo debe mantenerse sino ampliarse hasta lograr crear un eje alternativo y de credibilidad serio, después de avanzar ganando la mayoría de las alcaldías en los próximos comicios. Esta elección no hay que utilizarla haciendo cálculos mezquinos para satisfacer egos inflamados de ambiciones personales presentes o futuras. Este es un debate que recién comienza y donde deben participar todos los sectores de la sociedad venezolana. Esperemos que la sensatez que propone Roberto Enríquez prevalezca. Llueve y escampa.


@EcarriB 

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