COLUMNA DE MARCOS MELÉNDEZ.
EL WINSTON VALLENILLISMO ¿UNA
NUEVA CORRIENTE POLÍTICA?
Al desarrollar esta idea, es
necesario dejar claro, que la discusión de los militantes sobre la presentación
de algunos candidatos a Alcaldías, no es un tema de “gusto” positivo o negativo
hacia el que hubiera decidido la dirección nacional del PSUV y sus partidos
aliados. Se trata de un asunto mucho más serio, y es el de las motivaciones que
se expresan para haberlos escogido y la posible subestimación de las bases del
partido al momento de explicar su escogencia.
Por ejemplo: Decir que el Potro
Álvarez o Magglio Ordoñez son deportistas, es algo fácil de explicar. Ellos dos
practican, y con muy altos estándares, un deporte que está catalogado
internacionalmente como tal; entonces, es fácil. Pero, decir que el animador de
la guerra de los sexos, un programa estupidizante de la industria del
entretenimiento capitalista más agresiva del país: Venevisión, es un ARTISTA,
resulta un poco más complejo además de atrevido. ¿Lo escogieron? Perfecto,
preséntenlo como un aliado de la revolución, que viene de la industria del
entretenimiento y que quiere aportar una organización de trabajadores de la
televisión que son afectos al chavismo y que aspira ser Alcalde de Baruta con
apoyo del PSUV. Pero no insulten a la militancia diciendo que es un joven revolucionario y artista que ha
dado aportes al desarrollo de la cultura
en el país y por eso merece ser un Alcalde del partido. Ser artista implica
producir un arte, no otra cosa.
Cuando digo “producir arte”, no
me refiero solamente a los pintores, músicos, poetas, actores, payasos
saltimbanquis, bailarines, lutier, escenógrafos, cineastas, maquillistas y
demás trabajadores del arte. También podemos llamar artista, a aquel que domina
un oficio: un albañil, un carpintero, un arquitecto, un mecánico, un artesano,
un ebanista, también pueden convertir su oficio en una obra de arte, pues lo
que le da tal categoría, es el hecho creador o creativo en sí y el transformar
positivamente el entorno a través de esa creación que puede conducir a la
reflexión o al goce estético, según la tendencia política del artista que la
produzca. Ahora, el entretenimiento por sí solo; es decir, animar
eficientemente una yincana (la guerra de los sexos) cantar los números
ganadores del kino o vender publicidad, es un trabajo, mas no es un arte, ni mucho
menos un aporte a la revolución o a la cultura.
Gracias a Chávez, el pueblo pasó
de sentirse habitante, a sentirse ciudadano. Ya nuestra militancia, no está al
nivel de la militancia de la cuarta república acción que elegía a cualquier
candidato sin conocerlo a él o a su propuesta, limitando su participación
política a identificar el logo de AD o COPEI en el tarjetón y rellenar el
óvalo aunque no supiera escribir ni
leer. Ya no estamos en la época en que la gente de pueblos distantes a la
capital, no tenía cédula, pero tenía el carnet del partido, estamos en otros
tiempos. El de la democracia participativa y protagónica, con niveles muy
distintos de participación política.
Elevo la reflexión en torno a una
novedosa forma de hacer política post Chávez que pretende instaurarse dentro
del proceso político que vivimos. Me atrevo a llamar a esta tendencia Winston Vallenillismo (W.V), pero que
llegará algún sociólogo que le ponga un nombre más inteligente. El Winston
Vallenillismo es la ausencia de discusión y debate político con la excusa de
que “el pueblo lo que quiere son soluciones, que le recojan la basura y le
tapen los huecos”. Esta sencilla frase es una bomba de tiempo que propone nada
menos que la democracia representativa donde un “yo-dirigente” o un
“yo-dirección de partido” sabe lo que el pueblo necesita y ordena que se le
delegue el poder para ejecutar en su nombre las soluciones a los problemas; es
decir, un retroceso de democracia participativa, a democracia social cristiana. Dentro de este escenario, el Winston
Vallenillismo, llama contra revolucionario a cualquier persona que haga uso de
su cerebro para filtrar lo que se le dice y verbalizar de manera oral o escrita
una natural reacción frente a lo que ve o escucha.
Otro elemento del W.V es la nueva forma de armar un currículum
político “fulano es un hijo de Chávez” “mengano es un prócer de la revolución
cultural” “este otro es de la vanguardia que se incorpora a nuestras filas hoy,
para que dentro de cuatro meses sea Alcalde” junto con un acuñar de nuevas
máximas discursivas: “no importa de qué estrato social vengas, todos somos
pueblo” “yo nunca he estado en la revolución pero pido la oportunidad de que me
hagan candidato”; en fin, puros eufemismos para no decir la frase verdadera “este es el candidato porque a nosotros nos
da la gana”. Así, a quemarropa se imponen esas frases que más que palabras son
indicadores de lo que hay en la cabeza de quienes las dicen.
Eso se está volviendo una
tendencia integrada por factores de derecha de reciente incorporación, y, gente
del chavismo light que ahora se volvió un chavismo “deschavizado”. Con la misma
naturalidad que se nos vende leche
deslactosada (que según los vendedores es un lácteo pero que no tiene lactosa)
nos están vendiendo unos chavistas que están en el partido de Chávez, pero no
hablan de sus postulados ni de sus planteamientos políticos a menos que sea de
manera genérica o descontextualizada.
Un alcalde, es un vecino de una
ciudad que es escogido por el resto de los habitantes, para encargarse de la parte ejecutiva de la administración del
poder público municipal a través de un plan de desarrollo local, en
concordancia con los planes nacionales. Por lo tanto, su escogencia es
localizada y localizante; no necesariamente tiene que haber nacido en el
municipio, pero sí necesariamente debería padecer los problemas de la ciudad
como espacio urbano. No puede llegar
como un mesías a escuchar los
padecimientos de los que allí habitan para traer
soluciones.
El Winston Vallenillismo, se
limita a ofrecer soluciones genéricas (recoger la basura, tapar los huecos,
poner la ciudad bonita) pero no habla, por ejemplo, del plan de la nación.
Puede ser que cargue encima un folleto con el plan de la patria y lo saque así
como en las películas de exorcismos donde el sacerdote le revela un crucifijo al diablo y se lo muestra
para espantarlo, pero el winston vallenillista jamás abre el plan para leerlo
con los militantes ni dice cómo lo va poner en práctica dentro del municipio.
Los problemas de las ciudades, no
terminan con los huecos y la basura. Esas son cosas genéricas que se deben
hacer. Es como preguntarle a una persona por su plan de vida y que esta
conteste que su plan de vida es cepillarse los dientes y bañarse.
El winston Vallenillismo nacional
también considera violento el discurso de Nolia por su excelente análisis de la
ley desarme y su incidencia en la indefensión civil a la hora de una invasión
gringa con complicidad interna. Ellos consideran que VTV se debe convertir en
un canal de entretenimiento donde la periodista de la mañana pase más tiempo
combinando el color de las uñas, el lazo, los zapatos y la ropa con el decorado
del estudio, que leyendo el plan de la patria. Por eso están poniendo una
programación inofensiva y despolitizada que no tenga nada que envidiarle a
Venevisión y a Televen a la hora de cretinizar al pueblo. En ese sentido,
patean a Alberto Nolia y exaltan los programas matutinos de la televisora
estatal donde solamente nos hace falta un tarotista y una sección de chismes para ser idénticamente iguales a “portadas”.
Para eso no falta mucho, porque ya el “Ángel Gabriel” un tarotista de la tele,
estuvo en un programa de diálogo bolivariano.
Debemos derrotar el winston
Vallenillismo a través de la discusión, organización y debate antes de que se convierta en una tendencia
generalizada que nos regrese de manera transitoria a una democracia social
cristiana como preludio a una democracia neoliberal para lo cual la ultraderecha se está
preparando. Si todos somos Chávez, porque Chávez es un pueblo, debemos
preguntarnos:
¿Qué haría Chávez frente al
Winston Vallenillismo?
Marcos Meléndez
@marcosmelendezm
marcosleonardove@yahoo.com

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