COLUMNA DE HECTOR AGÜERO
Llorantina
por sus tercerizados
Héctor
Agüero
El
sector más enajenado de la oposición sigue viviendo en otro planeta. Ahora
resulta que se les ocurre elevar a la categoría de héroes a los cuadros
políticos disfrazados de periodistas que militaban en el partido Globovisión
por la sencilla razón que los nuevos patronos de este grupo comunicacional los
cesanteó.
Nunca
van a entender que para el combo Zuloaga, Mezerhane y la Patilla Ravell, asumir como opositor un
medio televisivo como Globovisión era simple y llanamente un negocio rentable.
No exagero. Después que Ravell salió de Globovisión con el rabo entre las
piernas vinieron los episodios de Mezharane quien intentó estafar a los
clientes del Federal al tiempo que el Zuloaga hacía su agosto acaparando y
especulando con la venta de vehículos, a
los mentados personajes no les quedó otra opción que salir en carrera para el
estado de La Florida y por supuesto lo que era de esperar no podían seguir
controlando, in situ, ese partido televisivo que se llama Globovisión. Y ahí
empezó el desmadre.
Demás
está decir que estando tan lejos no podían seguir cobrando personalmente el
acostumbrado peaje a los micropartidos de la oposición, grupos capitalistas,
ONG´S, embajada norteña, UE y todos los disociados que durante catorce años se
dedicaron al jugoso y mercenario oficio de intentar tumbar a Chávez.
Empezaron
a recibir los saldos rojos de la contabilidad, entre otras razones porque
no tenían a nadie de confianza adentro
de Globovisión que les cuidara los churupos, también por aquello de que el ojo
del amo es el que engorda al caballo y entonces decidieron poner en venta al
partido televisivo. Y así fue. Y como el que compra un negocio no tiene que
pedirle permiso a nadie para modificar el sistema organizativo y mover el
personal que encuentre no entendemos la llorona comunicacional de una parte de
la oposición.
Globovisión es una empresa capitalista
dedicada a vender las andanzas de la oposición. Que los nuevos dueños decidan
que la línea a seguir sea menos golpista, menos desestabilizadora, más
democrática es asunto de ellos. La Constitución Bolivariana les consagra el
derecho a expresarse pero les recuerda que el Estado es el dueño del espectro
radioeléctrico y que existe la Ley Orgánica de Telecomunicaciones de 2002 que
fija los deberes y obligaciones a todos aquellos que poseen una concesión
temporal para radio, televisión y afines. Más claro no canta un gallo.
Ser opositor a Chávez y a su obra
revolucionaria ha sido y es un negocio redondo para los gacetilleros de oficio.
Hagan un inventario y miren las estadísticas de tirajes en el medio impreso, de audiencias y rating en los medios
audiovisuales, visiten las librerías, foros, congresos seminarios, compren
videos con personajes tipo Vargas Llosa o Castañeda y podrán constatar el
emplazamiento preferencial para las diversas publicaciones, revistas, libros,
documentales, entrevistas, reportajes que
agreden a Chávez y a la revolución. Es la mejor prueba que el fenómeno Chávez ha sido un negocio
masivo y rentable para la derecha local y extranjera.
Otro
cantar son los periodistas y comunicadores sociales entregados a la derecha que en estos catorce
años tiraron al cesto de la basura las normas éticas del Colegio Nacional de
Periodismo, que se plegaron de manera incondicional a todas las trapacerías de
los opositores extremistas, que inventaron los llamados pistoleros de Puente
Llaguno, que enlodaron al hijo muerto de Alí Rodríguez, que difamaron al
Comandante Infinito, a sus seres queridos, que azuzaron el odio, estimularon el
racismo y ejercieron el desprecio hacia los humildes. A ellos la historia los
juzgará. El Pueblo ya los juzgó.
Nuestra Consigna es y será ¡Unidad,
Lucha, Batalla y Victoria!
Héctor
Agüero

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