#Opinión:
Columna del
General Humberto Seijas Pittaluga @seijaspitt
La
ideología antes que el amor a la patria
Pareciera
que los altos mandos militares están sufriendo de ese morbo; que prefieren
olvidar aquello que dijo Bolívar —al cual tanto adoran de boca para afuera—: “el amor a la patria es primero”. Claro que dentro de quienes sufren esa
ceguera voluntaria hay que incluir a una cuerda de avispados que son movidos, no
por la doctrina, sino por el afán crematístico.
Y a los que son una mezcla de ambos: que creen de buena fe que hay que
seguir las órdenes de Cuba porque es lo que redimirá a la humanidad, pero que,
mientras se logra eso, hay que obtener la mayor cantidad de proventos posibles. Parafrasean aquello de San Agustín: “hazme
casto, pero no muy pronto”; pero con perversión: “que venga el comunismo,
mientras tanto, acaudalo como capitalista”.
La
Constitución, que dicen amar y respetar tanto, les prohíbe la “participar en
actos de propaganda, militancia o proselitismo político”, y uno los ve,
uniformados, con impudicia y cinismo extremos, llevando la palabra en mítines
del PUS. Y, algo que es peor, predicando
dentro de los cuarteles y persiguiendo a los subalternos que quisieran únicamente
hacer carrera de manera institucional, como lo pensaban cuando los llamó la
vocación. A esos, los hostilizan, tratan
de hacerles la vida y el progreso profesional imposibles. ¡Que castigan en amor a la patria y al
concepto de deber, pues!
Antes
de que esta “forma de acción” se hiciera rutinaria y hasta perfunctoria aquí,
solo hubo un caso de esa perversión. Sucedió bien lejos: en Etiopía. Cuando Haile Selassie fue derrocado en 1974,
en ese país se instaló una junta militar de ideología marxista, el Dergue. Dicha junta —que no fue capaz de contener la
hambruna que surgió, ni los grupos secesionistas que aparecieron— estuvo al
borde de la desintegración hasta que, ¡oh, manes del rescate!, aparecieron la
Unión Soviética con mil millones de dólares y los cubanos con 17.000 soldados
en pie de guerra. Apoyado así, el
teniente coronel Mariam desarrolló una campaña de terror revolucionario en el
cual se detenía en masa a los oponentes, se torturaba sistemáticamente y se asesinaba
a los adversarios. O sea, igualito que
en la Venezuela de estos días, donde el régimen se mantiene a duras penas por
la plata rusa, los milicianos cubanos y la violencia en contra de la
población.
Fue
en esa circunstancia, que se enjuició a uno de los primeros integrantes de la
junta, el teniente coronel Atnafu Abate, por poner los intereses de su patria
antes que la ideología. Según la
sentencia: “En este tiempo, cuando los obreros, los campesinos, los hombres de
uniforme y todas las masas de trabajadores están intensificando la lucha
revolucionaria guiados por los principios del Marxismo-Leninismo, el teniente
coronel Atnafu ha sido antagonista a esa idea y (…) ha argüido que los
intereses de Etiopía deben ser puestos antes que la ideología”. Y lo fusilaron. Puesto en otras palabras: lo ejecutaron por
ser patriota…
Aquí,
aunque todavía no se ha llegado a las ejecuciones (que yo sepa), se persigue
por meras sospechas a los oficiales patriotas (en el buen sentido del término,
no en el del abusado por los rojos). Más
de doscientos militares están en prisión con acusaciones absurdas, sin
fundamento ni evidencias, de conspiración y traición a la patria. Otros, que ven como viene la jugada, han
decidido desertar y salir huyendo del país.
Y, aun así, el Padrino se atreve a señalar que en las FAN hay una
“unidad monolítica”. Pero las decisiones
que toma lo delatan: hace jurar a los efectivos “lealtad absoluta” al
ilegítimo. ¿Para qué, por qué?, si ya
ellos lo hicieron al momento de graduarse o al de ser alistados. Se lo pasa jactándose de la “unidad
monolítica” que hay dentro del estamento militar; pero, ¿cómo puede haberla cuando
en los cuarteles y bases, los uniformados tampoco están ajenos a la hambruna, a
la falta de medicamentos? ¿Es que acaso,
cuando salen no perciben lo que se ha deteriorado el país, la pobreza de la
nación? Si todo está tan tranquilo de la
Prevención hacia adentro, ¿por qué los comisarios del G-2 cubano están tan
atareados en su cacería de brujas?
Las
más recientes fotografías y tomas de la televisión muestran al
nortesantandereano muy atareado visitando cuarteles, más rodeado de uniformes
que de civiles. Si eso no es un síntoma
de debilidad, pues se le parece mucho.
Esos alardeos de que tiene la lealtad de los militares, y del compromiso
de estos con la robolución, no son sino el equivalente de los silbidos que
emite el tipo que debe atravesar un cementerio después del anochecer: un
intento de hacer invisible el culillo que le cunde. El malestar interno de la institución está
patente, aunque sub rosa por las
amenazas de los altos mandos.
¿Cómo
puede sentirse el militar a quien le ordenan impedir el ingreso de la ayuda
humanitaria, consistente en medicinas, alimentos y útiles de aseo, cuando su
mamá, su esposa y sus hijos carecen de ellos?
¿Cuando las crisis económica y social no hacen diferencia entre civiles
y uniformados? Sabe que las órdenes
abusivas que recibe son ilegales, y hasta inhumanas; pero le toca cumplirlas
porque lo han aterrorizado. Confía en que
La Haya lo perdonará porque está muy por debajo en el escalafón, pero mira
esperanzado hacia el futuro, cuando a sus jefes los aprehenda la Justicia…

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