#Opinión: Columna de Eduardo Fernández
@EFernandezVE
El desenlace
La tragedia de Venezuela es muy compleja. El desenlace
tiene que ser político. Hay quienes de buena fe se empeñan en buscar una
solución jurídica o constitucional. También hay quienes apuestan a una
“solución” violenta o militar. Que, por supuesto, no sería “solución” y que
podría terminar siendo agravamiento. Los pueblos civilizados resuelven sus
problemas con soluciones políticas, inteligentes, conversadas. Los pueblos
primitivos apelan a la violencia para dirimir sus diferencias.
La guerra no solo no resuelve los problemas sino que
los agravan. Debe ser una solución constitucional. Debe ser democrática. “Solo
el pueblo salva al pueblo”. Los problemas de la democracia se resuelven con más
democracia y no con menos democracia.
El desenlace de la crisis venezolana debe ser
electoral. El único arbitro posible en la situación actual, es el pueblo
venezolano. Más tarde o más temprano habrá que consultar al soberano en unas
elecciones transparentes, bien organizadas y respetadas por todos los que
participen en ella.
El gobierno tiene la principal responsabilidad en la
búsqueda de una solución pacífica, constitucional, democrática y electoral. El
gobierno tiene que asumir la culpa enorme que tiene por la existencia de la
crisis, pero tiene que entender, sobre todo, que no tiene ninguna posibilidad
de mejorar la situación y de aliviar el sufrimiento de los ciudadanos. El
gobierno debe ser el primer interesado en buscar una solución política.
La oposición por su parte tiene el deber de
convertirse en alternativa de gobierno. Una alternativa seria que interprete el
anhelo de cambio que existe en todos los venezolanos y que proponga salidas
adecuadas lo menos traumáticas posibles.
La razón principal por lo que buena parte de la
oposición decidió acogerse a la abstención fue que cuando llegó el año previsto
en la Constitución para celebrar las elecciones, la alternativa democrática no
tenía candidato, ni tenía un método para escogerlo, ni tenía un programa que
presentar al país, ni tenía una organización eficiente para defender los
votos, ni tenía una estrategia consensuada.
En esas circunstancias, es comprensible que les haya
resultado inevitable acogerse a una línea de abstención que, como era
previsible, nos condujo al vacío.
Ahora toca apelar a la política, al patriotismo, a la
inteligencia, al diálogo serio y constructivo y a la solidaridad.
Seguiremos conversando

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