Nazis criollos
por: Humberto Seijas Pittaluga
Este artículo pensaba dedicárselo
completo a la injusta, insensata e insensible decisión ordenada por el
ilegítimo de expulsar de manera abominable a miles de colombianos de los
estratos más humildes que vivían entre nosotros y que a nadie le hacían
mal. Pero surgieron dos hechos que
siento la necesidad de comentar también.
Vamos de menor a mayor, entonces:
Ejemplo 1. Kilómetro 34 de
la ARC, sábado 28, 10 de la mañana. Hay
tres columnas de carros avanzando lentamente porque en el kilómetro 30 hay una
restricción por trabajos en la vía. De
repente, aparece una caravana compuesta por tres camionetotas negras, 4 runner,
nuevecitas, vidrios oscurísimos y sin placas y una camioneta pick-up que
avanza, a juro, obligando a punta de cornetazos, sirenas ululantes y luces de
emergencia destellantes, a que nos apartásemos a los que ordenada y
pacientemente esperábamos nuestros turnos para avanzar. Temerosos de que eso era causado por algo
relacionado con la seguridad y defensa nacionales —a lo peor, Nikolai le había
declarado la guerra a nuestros vecinos— o, de que fuésemos acusados de
entorpecer el avance de la columna y, por tanto, reos de traición a la patria,
nos apartamos como pudimos. Y hete aquí
que, al sobrepasarnos, todos pudimos observar que la camioneta pick-up que
cerraba la columna llevaba como carga, en sus cajas originales, una
refrigeradora, una cocina y otro artefacto que no pudimos determinar. O sea, que lo más probable fuese que ninguno
de los supuestos anteriores originaba los atropellos; que, más bien, se trataba
de un jefe rojo, con sus escoltas, que iba apurado a una cita con su amante y
le llevaba de regalo artículos de línea blanca.
Concluimos que era a la querida y no a la esposa porque la marca de los
aparatos era “Haier”, chinos de medio pelo, y la casa de la legítima debe estar
repleta de artefactos gringos, que son los buenos. Uno, por aquello de “piensa mal y acertarás”,
barrunta que el jefe y sus espalderos iban ataviados con los uniformes negros
de la Gestapo (pero con boina roja, claro).
Porque en nada se diferenciaban sus tropelías de las de los esbirros de
la Alemania nazi. Prepotencia a millón
en sus Toyotas nuevecitas; respeto por los ciudadanos, ninguno.
Ejemplo 2. Jackie Faría, al
ser entrevistada luego de la macilenta marcha
“patriótica” convocada por el hijo de Boves II, dijo por todo el cañón que
“solo le garantizamos los derechos humanos a las personas que estén legalmente
en este suelo”. O sea que —per
contra— se le está dando luz verde a los funcionarios, uniformados y de
civil, para que atropellen a quienes están de manera irregular entre
nosotros. Lo hace, al mismo tiempo en el
que, sus copartidarios, de la boca para afuera, critican a los países europeos
que tratan de poner algún control entre las masas de inmigrantes ilegales que
les llegan del Oriente Próximo y de África.
Lástima que la Corte
Internacional de Justicia de La Haya no actúa por notitia criminis y solo interviene por pedimento de alguno de los
Estados miembros. Porque esa chocante
afirmación pudiera servir como material indiciario para enjuiciarla alegando
uno o dos de los artículos del Estatuto de Roma. Los derechos son inmanentes del género
humano, con independencia de condicionamiento alguno. Somos hijos de un mismo Dios; y el Creador no
se pone boina roja, ni dice “¡Uh, ah!”.
Pero sale esta señora a decir que, a quienes no están legalmente en
Venezuela se los coma el tigre.
Ejemplo 3. Las imágenes que muestran
los medios —excepto los confiscados por
la “hegemonía comunicacional”— dejaron ver al mundo entero la saña
“revolucionaria” contra humildes familias; como se derribó sus precarias
viviendas; como sencillos, dóciles, y ya rendidos individuos fueron objeto de
la vesania de algunos chafarotes; como ancianos y niños son forzados a
atravesar el río Táchira con muy pocos de sus bienes materiales; y como un
ridículo y burlón presidente, para añadir ludibrio a la ofensa, zangoloteó su
creciente obesidad, al ritmo de la música colombiana por excelencia, la cumbia,
bailando con la “primera combatiente” (quien, como toda una buena
robolucionaria, calzaba zapatos de Salvatore
Ferragamo). Y después del estropicio que
originó, con su cara muy lavada, agarra el avión de Cubana de Aviación y se va
a las antípodas a seguir limosneando plata para dejar más endeudado al país.
Se dicen socialistas, pero solo llegan a nazis de
medio pelo. Por lo menos, los Nationalsozialisten legítimos buscaban el Lebensraum,
el espacio vital para su desarrollo, mediante el aumento de su superficie; la
caricatura fascistoide que nos desgobierna, por el contrario, lo que hace es
perder territorio. El muerto viviente,
para congraciarse con los países del Caricom y obtener sus votos en los foros
internacionales, soslayó el interés nacional, alegó que eso del Esequibo era
una pendencia inventada por el imperio y dejó que los guyaneses se apoderaran y
explotaran hasta lo indecible el espacio en disputa. Platanote “descubrió” solo ahorita —luego de
seis años como canciller y dos de dizque presidente— que teníamos un diferendo
con Guyana. Y eso, para apelar a la
vieja táctica de poner a la gente a ver hacia afuera para que no se enteren de
los desmanes de su desgobierno.
Sin duda, nazis; pero nazis de a locha…

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