Como nos duele Colombia
Por Douglas Zabala
Bolívar, quien
sí tuvo claro que para nosotros la patria es América, debe estarse retorciendo
en la tumba, al ver como uno de los gobiernos latinoamericanos en ufanarse
como el más seguidor de sus ideales, hasta el punto de hacerse llamar
gobierno bolivariano, en estos momentos ha impuesto un Estado de Excepción,
bajo el pretexto de evitar la exportación del paramilitarismo y todo los males
que nos aquejan. Provocando con esta medida la deportación de
quienes históricamente se habían acostumbrado a entrar como Simón por su
casa, pero ahora son expulsados como parias y personas de mal vivir, y de
paso con el estigma de ser colombianos santandereanos y uribistas.
La medida de
deportación violenta con destrucción de sus viviendas, acciones que ni los militares
de Hitler se atrevieron ejecutar contra el pueblo Judío, le saldrá muy caro a
quien todo lo dirige desde un mal llamado Comando Presidencial. Esta es
una frontera viva y los que están del lado de Bolívar, Capacho y Ureña son
primos, cuñaos, suegros, yernas, novias y compadre de los que están sacando
como seres indeseable. ¡Comadre si va a Cúcuta no se le olvide decirle al
compadre que busque el repuesto pal carrito, que aquí no se consigue ni pá
remedio! Es la realidad que jamás ni la bota militar ni la ignorancia de
Maduro podrán borrar de nuestros pueblos.
Donde se
sospeche que vive un hermano colombiano, van marcando las casas con la letra
“D” en señal de deportación y demolición. Igual le marcaron
las viviendas a los Judíos, en la Alemania dominada por el nacionalsocialismo
trasformado después en fascismo. Ver los tractores
amarillos tumbar la sala y la humilde cocinita, me trajo a la
memoria la misma imagen violenta de aquella tanqueta, cuando el 4 de febrero
intentaba entrar y demoler con su acción, el corazón mismo de la República
Democrática que a sangre y fuego nos habíamos dado los venezolanos, en
aquellos días del 23 de enero del 1958.
Habrá que
recordarle a quien jamás pasó por una de nuestras universidades, que nuestra
tradición libertaria y respetuosa de los derechos humanos, la hemos
blindado con los convenios internacionales, y que nuestros vecinos
en los municipios Bolívar, Ureña, Junín, Capacho libertad y Capacho
independencia, tienen derecho a la vida, al debido proceso, a no ser
incomunicados ni torturados y que su derecho al sufragio, entre otros, no
pueden ser violados ni aun bajo un Estado de Excepción, de acuerdo a los
artículos 337, 338 y 339 de la Constitución Nacional y al artículo 7 de la Ley
Orgánica de Estados de Excepción.
El chauvinismo
y las conductas xenófobas siempre han sido aliados en gobierno como el que hoy
tenemos en Venezuela. Maduro tendrá que rendirle cuentas a su
pueblo y a los del continente, por los desafueros cometido en
contra de los humildes colombianos atropellado por su conducta represiva.
El desespero por el rechazo que manifiestan la mayoría de los
venezolanos a su gestión, lo está llevando a recurrir a estas políticas
efectistas que en definitiva agravan más las penurias impuestas por su gobierno
al resto de los venezolanos.
Juan,
Alexander, Alexandra y Lulita son mis sobrinos de sangre colombiana, nietos de
la abuela Lula y el abuelo Juan, quienes aventados por la guerra entre
liberales y conservadores, llegaron desde el Magangué, un pueblito
colombiano localizado a orillas del Río Magdalena. De allá se vinieron
llenos de sueños, como los cientos de miles de cachacos, costeños,
caleños y pastusos, quienes también lo han hecho desde la guerra de independencia,
ayudándonos con su presencia a forjar nuestra patria
venezolana.
Por eso
Nicolás, tarde o temprano la historia te exigirá rendir cuentas, porque a pesar
de tu iracundia y falso nacionalismo, este 6 de diciembre te
demostraremos como nos duele Colombia.

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