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jueves, 27 de agosto de 2015

Como nos duele Colombia Por Douglas Zabala

Como nos duele Colombia

Por Douglas Zabala


Bolívar, quien sí tuvo claro que para nosotros la patria es América, debe estarse retorciendo en la tumba, al ver como uno de los gobiernos latinoamericanos en ufanarse  como el más seguidor de sus ideales, hasta el punto de hacerse llamar gobierno bolivariano, en estos momentos ha impuesto un Estado de Excepción, bajo el pretexto de evitar la exportación del paramilitarismo y todo los males que nos aquejan.   Provocando con esta medida la deportación de quienes históricamente se habían  acostumbrado a entrar como Simón por su casa, pero ahora son expulsados como parias y personas de mal vivir, y  de paso con el estigma de ser colombianos santandereanos y uribistas.

La medida de deportación violenta con destrucción de sus viviendas, acciones que ni los militares de Hitler se atrevieron ejecutar contra el pueblo Judío, le saldrá muy caro a quien todo lo dirige desde un mal llamado Comando Presidencial.  Esta es una frontera viva y los que están del lado de Bolívar, Capacho y Ureña son primos, cuñaos, suegros, yernas, novias y compadre de los que están sacando como seres indeseable. ¡Comadre si va a Cúcuta no se le olvide decirle al compadre que busque el repuesto pal carrito, que aquí no se consigue ni pá remedio! Es la realidad que jamás ni la bota militar ni la ignorancia  de Maduro podrán borrar de nuestros pueblos.

Donde se sospeche que vive un hermano colombiano, van marcando las casas con la letra “D” en señal de deportación  y demolición.   Igual le marcaron las viviendas a los Judíos, en la Alemania dominada por el nacionalsocialismo trasformado después en fascismo.  Ver   los tractores amarillos  tumbar la sala y la humilde cocinita,  me trajo a la memoria la misma imagen violenta de aquella tanqueta,  cuando el 4 de febrero intentaba entrar y demoler con su acción, el corazón mismo de la República Democrática  que a sangre y fuego nos habíamos dado los venezolanos, en aquellos días del 23 de enero del 1958.

Habrá que recordarle a quien jamás pasó por una de nuestras universidades, que nuestra tradición libertaria y respetuosa de los derechos humanos, la hemos blindado  con los convenios internacionales,  y que nuestros vecinos en los  municipios  Bolívar, Ureña, Junín, Capacho libertad y Capacho independencia, tienen derecho a la vida, al debido proceso, a no ser incomunicados ni torturados y que  su derecho al sufragio, entre otros, no pueden ser violados ni aun bajo un Estado de Excepción, de acuerdo a los artículos 337, 338 y 339 de la Constitución Nacional y al artículo 7 de la Ley Orgánica de Estados de Excepción.

El chauvinismo y las conductas xenófobas siempre han sido aliados en gobierno como el que hoy tenemos en Venezuela.   Maduro tendrá que rendirle cuentas a su pueblo y a los del continente,  por los  desafueros cometido en contra de los humildes colombianos atropellado por su conducta represiva.  El  desespero por el  rechazo que manifiestan la mayoría de los venezolanos a su gestión,  lo está llevando a recurrir a estas políticas efectistas que en definitiva agravan más las penurias impuestas por su gobierno al resto de los venezolanos.

Juan, Alexander, Alexandra y Lulita son mis sobrinos de sangre colombiana, nietos de la abuela Lula y el abuelo Juan, quienes aventados por la guerra entre liberales y conservadores, llegaron  desde el Magangué, un pueblito colombiano localizado a orillas del Río Magdalena.  De allá se vinieron llenos de sueños,  como los cientos de miles  de cachacos, costeños, caleños y pastusos, quienes también lo han hecho desde la guerra de independencia,  ayudándonos   con su presencia a forjar nuestra patria venezolana.
  

Por eso Nicolás, tarde o temprano la historia te exigirá rendir cuentas, porque a pesar de tu iracundia y falso nacionalismo,  este 6 de diciembre te demostraremos como nos duele Colombia.

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