La vida te da sorpresas...
Luis Vicente León.
La situación económica
del país se hace cada vez más crítica. Pero esto no es una sorpresa. El modelo
de control e intervencionismo extremo está haciendo de las suyas otra vez, como
siempre lo ha hecho cada vez que se ha aplicado, no importa ni cuándo, ni
dónde, ni quién. El empeño absurdo de mantener las tasas de cambio controladas
y por debajo del valor real de la moneda se han traducido en lo que todos los
economistas, medianamente racionales, habían predicho: demanda infinita de
dólares en todos los tipos de cambio oficial, que hacen imposible imaginar el
rescate del equilibrio; estímulos a la sobrefacturación y el arbitraje
cambiario; asignaciones discrecionales de cuotas de divisas, naturalmente
ineficientes y corruptibles; aumento de las asignaciones de divisas al sector
público, con la obvia caída de la productividad de esas divisas y el desboque
de la corrupción; reticencia de los importadores privados a liquidar
inventarios e importar nuevas mercancías debido a la incertidumbre alrededor de
los costos de reposición y por temor a las acciones hostiles del gobierno en su
contra; incremento sustancial de las deudas comerciales del gobierno con las
empresas nacionales y extranjeras, que originan decisiones de congelamiento de
inversión; reducción o paralización de importaciones financiadas por
accionistas o casas matrices ante la desconfianza en poder recuperar sus
inversiones y dejar presas las divisas en un mercado que se ha convertido en
una cárcel cambiaria; comportamiento del consumidor típico de una economía
hiperinflacionaria, aun sin serla; pulverización del valor perceptual del
bolívar como reserva de valor, lo que genera demanda incremental de divisas
para protección patrimonial que, sumado a la demanda no cubierta de divisas
oficiales para la producción e importación de bienes esenciales, presiona el
enloquecimiento del mercado negro, hasta llevarlo a niveles absurdos que
colocan a Venezuela probablemente como el único país en la historia del mundo
donde su tasa de cambio oficial es apenas 1% de la tasa del mercado negro.
Formación de una nueva actividad fundamental para la generación de ingresos en
la base de la pirámide poblacional: el bachaqueo, que aglutina en su seno a más
del 30% de la población del estrato E, que hoy se dedica a comprar productos
regulados a precios absurdos, por debajo de sus costos de producción y
venderlos de inmediato en cualquier esquina o calle, casa humilde o mercado
popular en un precio que oscila entre cinco y diez veces más que el precio
regulado, con lo que genera o complementa su ingreso familiar y produce una
especie de redistribución de ingresos primitiva que ayuda a que esté más
pendiente de ver cómo saca algo de plata en la vejación de una cola por horas y
una restricción de compra por huellas o número de cédula, que a exigir
soluciones a los inmensos problemas que le aquejan.
Esto sin mencionar el bachaqueo de gasolina, en el cual se llega a comprar una gandola en Venezuela por menos de 10 dólares negros y se vende en Colombia hasta por más de 25.000, una relación mucho más rentable financieramente que vender cocaína.
El resultado: escasez, inflación, desinversión, desconfianza, contrabando, especulación, acaparamiento y mucha frustración, pero absolutamente ninguna sorpresa.
La única sorpresa en todo esto, es que la economía se esté viniendo abajo y el gobierno actúe como si no estuviera pasando nada, tratando de estirar la liga para evitar los costos políticos de su error en plena campaña electoral. Sorprendería también que la gente privilegie los discursos y no la realidad. Pero bueno, como decía Pedro Navaja: "la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida".
@luisvicenteleon
luisvicenteleon@gmail.com

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