Columna
de Rafael Rodríguez Olmos
La patria no es sólo un símbolo…
La
tesis de grado de Earle Herrera, si mal no recuerdo se titula “Por qué se ha
reducido el territorio venezolano”. Confieso haberme enterado por primera vez
de que el territorio venezolano tenía una extensión de 2.8 millones de
kilómetros cuadrados, contra los 916.445 que tenemos ahora. ¿A dónde fueron a
parar los casi dos millones que nos quitaron? En lo personal que no solo fue
culpa de las malas políticas, sino de algo que es peor, como la traición.
Gobierno tras gobierno, debieron estar siempre los dispuestos a entregar el país
por una migajas.
Recuerdo
que en una oportunidad, siendo yo militante adolescente de los movimientos de
izquierda, se produjo una discusión en el liceo en torno al problema de la
invasión a un país y de lo que era traición a la patria. Tengo la escena de mi
liceo en algún lugar de mi hipófisis porque me impresionó mucho. Creo que allí
donde tomé conciencia real de que nunca había concientizado lo que era
traición.
Para
entonces fui a casa de mi conciencia
ambulante. El Tío Miguel vivía; y hablar
con él me generaba tanto placer como hacer el amor, una actividad que apenas
recién comenzaba a ejercer. El viejo siempre cargaba su caja de Negro Primero,
cigarro negro con filtro que terminó por vencerlo. Lo que no pudo el sistema.
Con su voz trémula y rasgada, comenzó una explicación muy coloquial de la traición, para luego ir
filosofando: “si una mujer abandona a su marido por venirse con usted, tenga
por seguro que a usted también lo traicionará. El hombre que traiciona a los
amigos, termina traicionándose a sí mismo. Porque la traición no es un acto,
sino una conducta. La traición, sea la que fuere, es el agravio, el maltrato,
la desconsideración, el irrespeto, un comportamiento que siempre dolerá, y que
en todos los casos hace mucho daño. Por eso no es posible perdonarla. Es
perdonable la duda, es perdonable el miedo, incluso la cobardía, pero una
traición no porque se está perdonando el origen del mal”.
Ese
fue mi punto de partida para que, en el tiempo, desarrollara mis propios
criterios sobre el tema traición. Ahora bien, si Miguel tenía razón en cuanto a
que cualquier comportamiento que afecte a quienes nos rodean, siento que
incluso se hace más complejo cuando se emplea el término “traición a la
patria”. Creo que entonces tenemos que comenzar por el principio: ¿a qué se
llama patria?
Y es
que mucha gente piensa que patria es una cosa abstracta, apellido de términos
con los que fuimos alienados en la escuela: “símbolos patrios” “historia
patria” “nuestros patriotas” “la semana de la patria”. Y pienso que nuestras
maestras y el propio Ministerio de Educación, en verdad no tenían conciencia
del valor de la expresión y de lo profundo de su concepto. Por ello cuando
escucho a alguien hablar de patria, me pregunto si realmente tiene idea de a
qué se refiere. Porque hablan de patria como si ésta fuera una nube, una cosa
etérea, sin forma, irreal y sin ningún
valor más allá de su utilización en fecha concreta para algún acto de escuela o
del Gobierno.
En mi
criterio, la patria es un hecho concreto: la tierra que lo vio nacer, la
cotidianidad, la escuela, la primera novia, el primer poema, la canción que
nunca se olvidó, la planta que uno sembró, el mango que tumbó del árbol, el
gallo que canta en las mañanas, el perro que ladra, el río en el que nos
bañamos, la playa que tanto disfrutamos, los niños y las niñas que nacen en esa
tierra. La patria, como dice Alí Primera, es el hombre. Aunque los más oscuros
intereses nos hablen de símbolos patrios como si fuera algo que es, pero no es.
Por ello la gravedad de la expresión. Porque cuando se busca a alguien de
afuera que no conoce todas esa vivencias, para que le resuelva el problema,
sencillamente está traicionando todo lo que es,
y todo lo que representa su origen, su familia, sus amigos, sus poemas,
sus mangos, el canto de sus gallos, el ladrido de sus perros. Es decir, sí es
un traidor a la patria. Es decir, como dijo Miguel, “se traiciona a sí mismo”.
En la dureza de la explicación del Tío, tan terriblemente drástico, con el
tiempo aprendí que efectivamente la traición no es un acto, sino una conducta.
Es por
ello que las acciones y los planteamientos de miembros de la oposición en torno
al tema Guyana, no pueden tener otra calificación sino de traición. Y es una
pregunta obligada. Cómo por el simple desacuerdo u odio a una persona, pueden
asumir tal comportamiento. Porque es perfectamente válido estar en contra de
Nicolás Maduro y de su gobierno, del proceso que vivimos, incluso de sentir
repulsa. Pero de allí a hacer proselitismo barato o ponerse de acuerdo con
foráneos y medios de comunicación extranjeros para tratar de abrir por allí la
fisura, es realmente una asquerosidad, es simplemente traición a la patria, a
lo que representa un pedazo de tierra cuyo simple olor nos evoca añoranzas,
aroma de frutas colgando de árbol, a aguacero indetenible, a fritura de
carretera, a bosta de vaca. La patria no es un ente etéreo, es una realidad, es
lo que significa para quien con solo escuchar una canción, se ríe, canta y
hasta llora de emoción.
Quien
pida la intervención de otro país para que le resuelva los problemas de su
propio país, es un traidor sin duda. Deberían preguntarle a los iraquíes, a los
libios, a los afganos o a los sirios, qué se siente que un soldado extranjero
lo ponga contra la pared, lo requise, le pida documentos, se meta a su casa sin
permiso. Y díganme si eso no es un acto de traición. Es como decía Miguel: “La traición, sea la
que fuere, es el agravio, el maltrato, la desconsideración, el irrespeto, un
comportamiento que siempre dolerá, y que en todos los casos hace mucho daño”.
Para mí, un traidor merece todo el reproche del mundo, incluso la muerte.
Caminito de hormiga…
María
Corina Machado y Andrés Velásquez tratan de
establecer nuevas conexiones para encontrar la posibilidad de lanzar gente propia
a la Asamblea Nacional... Lo
que queda de Bandera Roja estaba generando un cisma interno por el
problema de las candidaturas. Nadie quiere a los traidores y estaban buscando
una excusa para que se fueran. Al final no representan nada en la votación… A los negociados que tienen algunos
funcionarios del Banco de Venezuela en Valencia, se suma el maltrato. Pobres
usuarios… Los petroglifos de
Montalbán, uno de los pedazos más importantes de la historia de Venezuela, los
están destruyendo un ganado introducido ilegalmente y una manada de
delincuentes que pululan por ese hermoso lugar…
A pesar de que la figura de los tercerizados murió debido a una
ley entrada en vigencia en mayo, miles en Carabobo no saben dónde acudir…

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