“No
digas nada si lo que dirás no es más hermoso que el silencio”
Este
proverbio árabe debería ser de obligatorio aprendizaje para cualquier
ciudadano; mucho más, si este ejerce funciones públicas o es un dirigente
político. En una época en la que la tecnología ha avanzado tanto y en la que a
uno lo graban hasta con un bolígrafo, quienes se desempeñan en funciones
públicas o políticas, deben cuidarse al máximo de las opiniones que emiten.
Muchas fructíferas carreras políticas se ven cercenadas abruptamente por
grabaciones que comprometieron a quienes de una manera espontánea, expresaron
opiniones naturales que desde el punto de vista ético y político, son
catalogadas de perjudiciales e inconvenientes. Lo lamentable de la situación,
es que la ciudadanía sufre la pérdida de importantes voceros quienes por no
cuidar sus palabras, desaparecen rápidamente del escenario político. Como dice
el filósofo de Vigirima: “En boca cerrada no entran moscas”.

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