El
Papa, el ambiente y dos republicanos
Humberto
Seijas Pittaluga
Hoy voy a cambiar mi usual temario. O sea, no voy a lanzar mi acostumbrada diatriba en contra de los
ineptos y corruptos de la robolución.
Primero, porque acabo de leer la primera encíclica del papa Francisco y
creo que merece los comentarios de muchos opinadores, no porque el pontífice
necesite de apoyos sino para que sirvamos de multiplicadores de las ideas que
él propone en ese documento y que son laudables por su pertinencia. Segundo, porque —como si intentasen demostrar
que la estulticia no es un monopolio rojo— dos de los contendientes
republicanos por la candidatura a la Casa Blanca ya salieron a denostarla —
probablemente sin haberla leído— tratando de pescar unos cuantos votos en el
estanque donde flotan quienes pertenecen a eso que alguna vez fue denominada
“la mayoría silente”. Y, tercero, porque de cuando en cuando debo ejercitarme
escribiendo acerca de temas diferentes al criticar a los expoliadores del
erario; es que necesito tener facultades de redacción para poder seguir después
que salgamos del actual desgobierno. Porque de que saldremos, saldremos.
Sucede que en su reciente carta, Francisco nos exhorta a
tratar de evitar posteriores y más graves deterioros a la Tierra. Y, fiel a su santo tocayo y guía, san
Francisco de Asís, la tituló "Laudato si" porque así comienza el
cántico de acción de gracias “De las Criaturas” que compuso el de Asís cuando
ya estaba al final de su vida: “Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas,
/ especialmente el hermano Sol, / por quien nos das el día y nos
iluminas”. Luego le canta a la “hermana Luna”, la “hermana agua” remata
con saludos a “la hermana nuestra madre Tierra, la cual nos sostiene y
gobierna”. Francisco escogió este comienzo
—que al mismo tiempo aporta belleza poética y le da profundidad teológica al
escrito— porque va a referirse a los maltratos que el género humano le ha
causado a nuestro planeta; es que san Francisco es el modelo de como se puede
ser pobre dignamente, vivir en armonía con todos y proteger, por amor, a todas las criaturas de
la Creación.
Está claro que, para escribir la encíclica, el Papa y sus
asesores estudiaron profundamente el tema.
Habla hasta de la "bioacumulación" de partículas químicas en
seres vivos, el metano que pasa a la atmósfera desde la “tundra”, la
acidificación de los océanos, los "agrotóxicos sintéticos" y el
derretimiento de los hielos polares. Me
imagino que el pasado de Francisco como graduado en química le facilitó la
adquisición de esos conocimientos. Me
declaro culpable de haber tratado de leer las encíclicas más importantes
relacionadas con la vida en sociedad y las responsabilidades de las
familias. Por eso, me permito emitir mi
opinión de que la actual estará, con el paso de los años, ahí-ahí con la "Rerum
Novarum" de León XIII, un documento de finales del siglo XIX que todavía
está vigente.
Pero, claro, un escrito que propone que reconozcamos “la
necesidad de cambios de estilo de vida, producción y consumo"; que le pone
reparos al capitalismo moderno, a esa "concepción mágica del mercado"
que reclama la “libertad económica, mientras las condiciones reales impiden a
muchas personas un verdadero acceso a ella”; que exige el pago de una
"deuda ecológica" entre "norte y sur"; que los ricos del
mundo tienen una especial obligación de ocuparse de ella; y que hay que fijar
algunos límites razonables al crecimiento “aun volviendo sobre nuestros pasos
antes de que sea demasiado tarde". Eso
puede decirlo con autoridad un Papa que caminó mucho por los barrios marginales de Buenos Aires y que
mantiene vivo el recuerdo de las miserias que presenció en ellos.
Por eso, fue que Jeb, el tercer Bush que busca la
presidencia de los Estados Unidos y un católico de muchos años, mordió el anzuelo
que le lanzó un antediluviano entrevistador de la radiodifusión republicana,
Rush Limbaugh. Le preguntó: "…lo
que está diciendo esta encíclica papal es que los católicos deben votar por el
Partido Demócrata. ¿Cómo interpretas cuando el Papa sale y suena como Al Gore
sobre el calentamiento global y el cambio climático?" Y sale Jeb a contestarle: "no sigo la
política económica de mis obispos o mi cardenal o mi papa. "No voy a misa para recibir lecciones de
política económica o por cosas de la política.
Ya tengo bastante gente ayudándome con eso."
Tanto Jeb —que tiene mucha
chance de ser presidente, por la usual rotación de demócratas y republicanos, y
por tener el apoyo de su padre y su hermano, ambos expresidentes— como su
entrevistador debieran entender que lo que motiva al Papa es su preocupación teológica acerca de
cuidar nuestra "casa común", que "Laudato si” es enteramente
compatible con lo que ha predicado la Iglesia desde hace más de un siglo en
materia social, que es verdad que “la Tierra, nuestro
hogar, está comenzando a parecerse más y más a un inmenso montón de porquería”,
y —algo que no aparece en el documento, pero que alguna vez dijo Francisco: que
"Dios
perdona siempre; los hombres, a veces; pero la Tierra; nunca"…

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