¡Qué nadie dude de la sapiencia del pueblo venezolano!
El ciudadano de a pie,
ese al que el salario no le alcanza y que tiene una gran decepción; entre otras
cosas, porque siente que sus problemas cotidianos crecen sin que oficialistas
ni opositores le hagan propuestas serias para aliviar su carga, guarda
silencio, sabe que tarde o temprano llegará el momento de drenar su arrechera, solo
que lo hará de una manera constitucional. Esos venezolanos que han resistido
los “cantos de sirenas” y también los de “Ballenas”, confiaron en el liderazgo
de un Chávez que de una u otra manera los reivindicó, solo que le faltó tiempo.
Sin embargo, que nadie dude de la sapiencia de ese pueblo, ese que sigue
reclamando espacios, libertades y mejor calidad de vida, pero al que no
embaucarán involucrándolo en confrontaciones fratricidas auspiciadas desde el
exterior o a través de cuentas anónimas. Ese volcán en erupción silente, solo
espera su momento para darnos de nuevo una gran lección.

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