Nobleza y carácter
Humberto Seijas Pittaluga
Reconozco
que el título me quedó como de añagaza publicitaria, como para propaganda de un
auto deportivo, pero no lo empleo con ese fin sino para delinear un par de
virtudes que me gustaría ver antes de morir en un presidente venezolano. Pero las dos potestades juntas, al mismo
tiempo, no desperdigadas. Nobleza han
tenido varios; y aunque no fue el único, el primero que se me viene a la mente
es Luis Herrera; pero era muy buenote y muchos —tanto colaboradores como
adversarios políticos abusaron de él—; por lo que no llena el cartabón de
hoy. Vargas sería otro. Con carácter, muy poquitos. Porque “carácter” no es lo mismo que “mal
carácter”; mucho menos “testarudez”, “intransigencia” o “capricho”, que es lo que
la mayoría de los presidentes ha derrochado.
Parece que López Contreras y Pérez Jiménez lo demostraron; aunque no me
consta de primera mano. Pero todos
tenemos claros que patriotas sí fueron y que emplearon sus respectivos
caracteres como soporte de ese pundonoroso atributo. Pero algunas leyendas y anécdotas dejan ver
por una rendija que nobleza les faltó más de una vez.
Muchos
pensábamos que, en el polo opuesto a esas virtudes estaba el difunto fallecido
que dizque vive todavía; ya que era un innoble, mezquino y ególatra que nunca
daba puntada sin dedal. Y porque, aunque
ante el público era todo sonrisas, sus explosiones de mal carácter
abundaban. Por eso, pensábamos que no
iba a ser posible superarlo en esas tachas.
Estábamos equivocados: el heredero ilegítimo superó con creces a su
padre putativo. Ha salido
maluco-maluco. Y de carácter débil, a
pesar de las frecuentes exhibiciones por la televisión haciendo ostentaciones
de bravura e ímpetu. En sus frecuentes
cadenas lo que rezuma es una mezcla incivil de rusticidad, crueldad y pocas
luces. Gómez sufría de esos tres
defectos, pero era prudente y no los andaba luciendo en público —como este—a
cada rato. En eso, y en otras muchas
cosas, el Benemérito era menos malo que Nicky.
En la pantalla del televisor hace creer que es fiero, pero hace sin
rechistar —mucho menos, sin meditar— todo lo que le ordenan los varios jefes
que tiene: Cilia y Fidel, China y Rusia, Cabello y Raúl, la cúpula militar y el
Foro de Sao Paulo.
Mantuvo
entre rejas a la juez Afiuni, Simonovis, Scarano y Ledezma hasta que sus
respectivos padecimientos dejaron claro que esos presos suyos podrían morir en
cautiverio; solo ahí fue cuando autorizó a su Tribunal de la Suprema Injusticia
para que los dejara acudir en busca de auxilio médico. Eso, y mantener a un preso político sin ver a
sus hijos siete meses, como dice Lilian Tintori que sufre Leopoldo, deja ver lo
tripas moradas que es el ocañero; que él, de nobleza, nanai-nanai.
Su
condición bellaca se une a su menguada voluntad en eso de culpar a otros por lo
que solo es producto de su incapacidad.
Según su ruindad, lo que le pasa a Venezuela es culpa de otros, no de su
ineptitud para gobernar bien y para escoger subalternos sensatos, honrados y
eficientes. Entonces va saltando de
enemigos en enemigos como un tití de rama en rama: Obama, los empresarios,
Rajoy, Fedecámaras, Uribe, etc. Para
nada: porque al ratico les ofrece su mano y agoniza por estrechar las de
quienes mandan desde La Moncloa y la Casa Blanca. Pero chantaje por delante: “Aquí está mi mano, Rajoy, tómala”. Pero lo alerta de que, cuando se vuelvan a
ver, puede “tener que llegar con las lanzas”.
O sea, te tengo chantajeado: o me estrecha la garra —¡Perdón, la mano!—
o te causo problemas, más de los que ya tienen, con Telefónica, Repsol, BBV,
Iberia, Meliá y otras empresas peninsulares.
Ya antes esa misma oferta se la había hecho al presidente Obama. Oferta por lo demás engañosa: le hablaba a un
sillón vacío, Obama estaba en otro salón, hablando con Santos. Las palabras y la gestualidad eran para que
los incautos que se calan las cadenas creyesen que se estaba encarando a la
personificación del imperio meeesmo.
Puro buchipluma, como es todo lo de él…
Por eso es que reitero mi deseo de ver, tener, antes de morir,
un presidente con nobleza y carácter —como el Aston Martin de James Bond, para
seguir con el símil publicitario.
Venezuela lo necesita con urgencia (aunque no se lo merezca) so pena de
convertirse en un Estado fallido. Hay
que dar los pasos necesarios. Que
comienzan con las primarias y luego las legislativas. Después veremos si seguimos con un esfuerzo
revocatorio o si nos vamos a tener que calar a ese espantajo absurdo hasta el
fin de su mandato. Dios no lo quiera…
Otrosí
El régimen sigue con la promesa de inaugurar en los próximos
meses dos estaciones “de la segunda línea” del Metro de Valencia. Que no existe. Cuando inauguren esas paradas, si es que las
inauguran —y si nos atenemos a lo que aprendimos en la geometría euclidiana de
primaria— solo serán dos puntos en la prolongación de la “primera línea”; o,
mejor dicho, “la única”. La terminología
oficial no pasa de ser un bulo más que busca engrandecer sus minúsculos logros
ante gente que no sabe la realidad. Lo
criticable es que esa falacia sea multiplicada por alguien que se ha erigido en
el primero de “un millón de amigos por el Metro”…

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