Valencia en letras
El Valor de
los Valores
Gladys
Valentiner
El ambiente
socio-económico que se vive actualmente en esta patria se torna cada día más
complejo y hostil. Los hechos que nos mueven y conmueven ya no son historias
contadas por alguien en algún lugar, ni forman parte de un capítulo de una
novela policial o de terror, sino
experiencias propias o de gente cercana a nosotros.
Somos
muchos los que soñamos con un país en el
cual convivir sea un proceso agradable,
cultivando y fomentando amistades a través del compartir, encontrar cosas
bonitas que nos unan, salir a disfrutar plenamente, sin pensar que seremos
víctimas de un secuestro o atraco. Pareciera
que cada vez se nos hace más
difícil alcanzar ese sueño. Reconstruir el país sobre unas bases nuevas que
reparen el daño que en todos los aspectos se le ha causado, toma tiempo.
Lo que
estamos viviendo los venezolanos debe llamarnos a una profunda reflexión, que
nos lleve a revisar lo que hasta ahora
hemos hecho por nosotros, por nuestra sociedad y por nuestro país. El objetivo
claro es concentrarnos en continuar aportando aquello que ha producido mejores
resultados e incluso buscar nuevas opciones. Es igualmente importante que
nuestros aportes se mantengan en el tiempo, o para usar un término más
actualizado, que sean sostenibles,
especialmente porque hemos dicho que el proceso de reconstrucción del país
durará largo tiempo.
Luego de
estas reflexiones, es forzoso concluir que la iniciativa más importante, más
sostenible y de mayores efectos que se ha emprendido en los últimos años ha
sido la de enaltecer los valores que nos hicieron un país próspero y que se han
visto opacados en las últimas décadas. Debemos aclarar previamente dos cosas:
Primero, que los valores se viven, no basta con pregonarlos; y segundo, que los
valores no se pierden, sólo se transforman como consecuencia del cambio en
nuestras conductas. Y como estas transformaciones para mejor o para peor, son
parte inevitable de la evolución de nuestra sociedad y de sus valores, es
aconsejable cada cierto tiempo detenernos a revisar el camino que han tomado y
volver a lo esencial, es decir, recuperar el valor de los valores.
Como lo
expresó con mucho acierto Fidel Cano Correa, director del diario El Espectador,
en ocasión de celebrar los 122 años de ese medio, “Al fin de cuentas, dicha evolución
no es transformación sino adaptación, y los valores son unos solos y permanecen
en el tiempo por más que el desarrollo de las costumbres, la tecnología o las
relaciones humanas vayan cambiando. Los valores son, si se quiere, la armadura
de la sociedad, de las empresas, de las familias, del trabajo, del deporte, de
la vida en convivencia, de un largo etcétera más”.
Cada uno de nosotros vive al mismo
tiempo en un mundo interno, ese que pertenece exclusivamente a cada uno de
nosotros, ese mundo que es nuestra esencia y que se ha forjado por generaciones
a través de nuestra herencia biológica y cultural; y un mundo externo, ese de
las experiencias, de las relaciones con nuestros semejantes y con la sociedad
en general. Son nuestros valores lo que nos permite vivir en ambos mundos en
armonía. Si nuestro mundo interno choca con nuestro mundo externo, vienen los
sentimientos negativos como la frustración, depresión o angustia. Si muchos de nosotros pasamos por
lo mismo, no podemos postergar más la recuperación del verdadero valor de los
valores. Debemos recordar de qué se tratan y cómo los vivimos. A través del
ejemplo, de nuestros comportamientos, de nuestras actuaciones, debemos ayudar a
otros a pasar por este mismo proceso. Nosotros estamos dispuestos. Y ustedes?
@gvalentiner
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