Columna de Pedro Pablo
Fernández.
¿Quién es el valiente?
Estamos ante un país que tiene unos desequilibrios macroeconómicos
inmanejables y un aparato productivo destruido.
¿Qué cosas hay que hacer?
Lo primero es corregir los desequilibrios macroeconómicos. Los pronósticos
más optimistas dicen que este año vamos a tener una inflación por encima de 70%
y en alimentos estará alrededor de 100. Eso significa un empobrecimiento
dramático de las familias venezolanas. La inflación se derrota disciplinando el
gasto público. Eso quiere decir apagando la maquinita que tiene el Gobierno que
imprime billetes que no están respaldados por lo que producimos. Con esa
maquinita el Gobierno hace unos billetes con los cuales paga las misiones,
construye casas, subsidia los servicios públicos, hace obras, y paga a
empleados públicos. Reducir el gasto público significa dejar de pagar todas
esas cosas, incluido los aumentos que obligatoriamente tiene que dar a los
empleados para compensar la subida de los precios. Todo esto tiene
consecuencias directas e indirectas. Por ejemplo: dejar de construir viviendas
es dejar en la calle a miles de venezolanos que trabajan en la construcción.
En segundo lugar tiene que desarrollar políticas que ayuden a reactivar el
aparato productivo. Somos una economía que solo exporta petróleo, nos pagan en
dólares y con estos importamos todo lo demás. El sector privado necesita
importar materia prima, insumos y maquinaria para poder producir y no hay
suficiente. La solución sería utilizar las reservas internacionales si las
hubiera, pero estas han caído dramáticamente en los últimos años. La otra
alternativa sería pedir prestado para invertir en un plan de reactivación del
aparato productivo. ¿Quién le presta a alguien que no tiene cómo pagar? En el
año 2005 las reservas internacionales (los ahorros que tiene el país)
representaban 66% de la deuda y hoy representan 19%.
La comida y la gasolina en Venezuela son más baratas que en el resto del
mundo gracias a que el Gobierno la subsidia. Eso le cuesta plata al Gobierno y
mucha y se ha convertido en una hemorragia porque buena parte termina yéndose
al extranjero en lo que se llama contrabando de extracción. Mientras sea tan
rentable comprar comida y gasolina en Venezuela y venderla en el exterior esta
hemorragia de dinero seguirá y la única forma de pararla es equiparando los
precios a los precios internacionales. ¿Quién es el valiente que va a hacer
eso?
Querámoslo a no, Venezuela está en las puertas de un ajuste económico. El
que este en el Gobierno va a pagar un costo político elevadísimo, llámese
Maduro, María Corina Machado, Henrique Capriles o Leopoldo López. Ninguno va a
ser capaz de llevarlo adelante sin un amplísimo acuerdo nacional.
El país vivió uno traumático en 1989 impuesto por el FMI, con CAP recién
elegido presidente, que trajo como consecuencia el Caracazo al día siguiente de
su implementación. Yo he sido un crítico acérrimo del FMI porque en sus
políticas de “shock” se olvida de los seres humanos que sufren las consecuencias.
El ajuste tendrá que ser gradual y necesitara de unas políticas compensatorias
muy bien planificadas para mitigar los efectos que tendrán especialmente sobre
los pobres y la clase media. En un ambiente de confrontación será imposible.
Pedro Pablo Fernández

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