Columna de Pedro Pablo
Fernández.
La política social.
Eso sería un motivo de celebración
si no fuera porque esa mejora en los índices de pobreza obedecía a razones
coyunturales: la inmensa cantidad de recursos que entraron al país y circularon
en la economía y las políticas distributivas que diseñó el Gobierno a través de
las misiones mejoraron circunstancialmente el ingreso de las familias.
Lamentablemente, esa tendencia viene
revirtiéndose. Según el INE, el porcentaje de hogares que viven en situación de
pobreza está aumentando. Entre el año 2012 y 2013, el porcentaje de familias
pobres pasó de 21,2% a 27,3% y el de familias en pobreza extrema de 7,1% a
9,8%. Esas cifras no significan mucho en un papel, pero representan un drama en
la realidad. Son 733.000 personas más, muchas de las cuales son niños viviendo
en condiciones infrahumanas.
Una política social orientada a
distribuir la renta petrolera ayuda muy poco a resolver el problema de la
pobreza porque no ataca las causas estructurales. Las políticas
asistencialistas son moralmente obligatorias cuando hay familias viviendo en
pobreza extrema que no tienen qué comer ni techo donde vivir; y el Estado y la
sociedad en su conjunto están en la obligación de asistirlas. Pero toda
política social tiene que estar dirigida a crear condiciones para que la gente,
con su propio esfuerzo, pueda salir de la pobreza de forma definitiva. Son un
atentado contra la dignidad las políticas populistas que someten a la gente a
la esclavitud de tener que estar con la mano extendida dependiendo de las
dádivas de un Estado sobreprotector.
La mejor política social es una
buena política económica que crea empleos productivos y bien remunerados. Esa
política es indispensable, pero no suficiente. Debe estar acompañada de un
Estado fuerte y eficiente que lleve adelante una política social que desarrolle
el capital humano.
El problema más urgente que tenemos
que resolver en Venezuela es la enorme desigualdad social. Esta tiene su origen
en el bloqueo que tienen los sectores de más bajos recursos al acceso a una
educación de calidad.
La crisis económica que estamos
viviendo nos presenta un panorama muy preocupante en el futuro inmediato.
Atender ese problema con seriedad es nuestra primera responsabilidad.
Pedro Pablo Fernández

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