LA
ESPERA, DESESPERA.
Mientras los politólogos continúan sus profundos análisis
sobre los escenarios descritos. Los venezolanos a los que ya los “cantos de
sirena” rojos o multicolores parecen no llamarles la atención, se multiplican
haciendo las colas para poder comprar el gas, adquirir medicamentos y
alimentos, o buscar agua en los manantiales, regresando a oscuras a sus casas, rogando
para que ningún malandro los robe; y ya en casa, a la luz de una velita,
escuchar las cadenas de Maduro o las declaraciones de María Corina, en un viejo
radio de batería, que guardan cuidadosamente para cuando en octubre arranque el
béisbol, poder oír los juegos del Caracas y el Magallanes, guardando mientras
tanto, el anteriormente mencionado ensordecedor ruido del silencio.

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