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En estos días participé en una
reunión en Cumaná con un grupo de opositores muy radicales que cuestionaban
mi empeño en tratar de hacer ver al Gobierno la necesidad de que
rectifique. Entonces les dije: “Venezuela es un barco.
A mí no me gusta como lo conduce el
capitán y por eso quiero cambiarlo, pero no me puedo ir al fondo del barco
y abrirle huecos para hundirlo porque aquí estoy yo, está mi familia y
estamos 30 millones de venezolanos. Tengo que buscar la manera de cambiar al
capitán pero salvando al barco”.
Una señora me respondió: “Lo que
quiero es que este barco se hunda de una vez por todas y que se ahogue el
capitán”. Yo comprendo la contestación porque mucha gente, con razón, ya
perdió la capacidad de aguante. Ahora, la respuesta me dice que ella no ha
reflexionado suficiente sobre lo que significa que el barco se hunda.
La inflación está empobreciendo a
las familias, y los mejores pronósticos indican que este año estará
alrededor de 70%.
La crisis económica y la caída del
aparato productivo son gravísimas. La industria está paralizada. Hoy miles
de trabajadores corren serios riesgos de perder sus trabajos. Para
recuperar el aparato productivo las empresas e industrias necesitan
importar maquinaria, insumos y materia prima, y no hay suficientes dólares
para todo lo que hay que importar. La fórmula es dramática: mientras cae la
producción y se pierden empleos, hay más necesidad de importar y menos
dólares disponibles y, como consecuencia, menos posibilidad de recuperar el
aparato productivo. Cada vez se hace más complicado salir de este círculo
vicioso. El problema de desabastecimiento de alimentos y medicinas es como
una bola de nieve que crece y no hay forma de pararla.
¿De verdad queremos que el barco se
hunda?
La crisis económica política y
social está amenazando la gobernabilidad en Venezuela, es decir, está
afectando nuestra capacidad de funcionar como país.
La superación de la crisis no se va
a dar de la noche a la mañana. Demanda un programa de rectificación y
ajuste, acompañado de grandes sacrificios para la población. Este programa
va a requerir un amplio consenso y apoyo político. Ni este gobierno, ni
ningún otro que pueda sucederlo, podrán llevarlo adelante en un esquema de
confrontación.
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