COLUMNA DE ANTONIO ECARRI BOLÍVAR.
Jaime Lusinchi, ejemplo
contra el odio (I)
Henry Ramos, en representación del
CEN de AD, fue el encargado de despedir a Jaime Lusinchi en los actos
velatorios organizados en su segunda casa, la de su partido en Caracas, y allí
dijo, entre otras muchas verdades sobre el ex Presidente, esta brevísima pero
rotunda afirmación: “Jaime, en esencia, era un hombre bueno”. ¡Qué gran verdad!
Jaime, lejos de fomentar odios y rivalidades entre venezolanos, logró la hazaña
-que ahora, después de estos 15 años de crispación sin precedentes, luce como
tal- de haber logrado todo un quinquenio de paz y armonía entre los
venezolanos.
En la tergiversada historia oficial
a los adecos se nos ha acusado de sectarios y virulentos, seguramente por
nuestra gestión de gobierno del trienio iniciada de manera incruenta, con un
golpe de Estado que derrocó a Medina Angarita, convirtiéndose en revolución,
pero progresista y positiva, por haber transformado aquellas arcaicas
estructuras de poder heredadas del gomecismo. Sin embargo, nuestros Presidentes
han sido contrarios a fomentar el odio y la división durante sus gestiones,
pues al sectarismo original -si existió- no sólo lo autocriticamos, sino que lo
corregimos con creces. En efecto, basta recordar lo dicho por Rómulo Betancourt
al regreso de su último exilio: “...estas cuestiones fueron objeto de discusión
y análisis, como los otros temas de la problemática nacional, en los diálogos
realizados con Rafael Caldera y Jóvito Villalba esas dos grandes figuras de la
democracia nacional, exiliados como yo, en la ciudad de Nueva York. Y cuando
llegó a esa ciudad el General López Contreras, durante muchas horas discutimos
con él, y también encontramos en el ex Presidente un hombre fundamentalmente
interesado en que en este país se asiente la democracia definitivamente. Y no
vacilo en decir que si una muerte prematura no lo hubiera arrebatado del mundo
de los vivos, con el ex Presidente Medina Angarita hubiéramos podido discutir
sobre los problemas de Venezuela, con ánimo sincero de buscarles soluciones
razonables”. El Pacto de Punto Fijo, luego la Ancha Base de Leoni y el
nombramiento, por parte de Pérez, de exguerrilleros como ministros y
embajadores terminan por confirmar el sentido unitario y conciliador de nuestros
gobiernos.
Igual hizo Jaime cuando logró, en la
Comisión Presidencial para el Nuevo Modelo Educativo Nacional que propició,
sentar en una misma mesa a dos grandes venezolanos de ideas divergentes, como
fueron Arturo Uslar Pietri y Luis Beltrán Prieto, para que elaboraran el mejor
plan de Educación de nuestra historia.
El secretario general de AD
agradeció en su discurso la decisión del Gobierno de concederle a Jaime los
honores reservados a los Jefes de Estado en el momento de sus exequias, en el
entendido que “la muerte no es para unir o desunir, sino para respetarla” y sin
complejos, Henry agregó: “ojalá la muerte de nuestro compañero sirva para
borrar esa odiosa pugnacidad entre compatriotas”. En definitiva, debemos decir
que nuestros líderes, los de ayer y los de hoy, al ser verdaderos hombres de
Estado, se empinan sobre los odios que fomenta la pugnacidad política. ¿Han
cometido errores, quién puede en el mundo de los vivos lanzar la primera
piedra? Pero el balance de nuestros actos, sean como gobierno u oposición, nos
reivindica ante la historia. Ese ejemplo de bonhomía y solidaridad de Jaime
Lusinchi, tiene que ser imitado por los venezolanos de todas las ideologías, al
menos la parte que milita en AD lo debemos seguir para que, más temprano que
tarde, consigamos imponerlo. En paz descanse ese hombre bueno, líder de la
fraternidad y concordia entre todos sus compatriotas.
PS: por razones de espacio, en
próxima entrega nos referiremos a sus obras de buen gobierno.
@EcarriB
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