Valencia en letras
Dios
bendiga a Valencia
Para los que formamos parte del
equipo de Paco Cabrera, constituye motivo de orgullo la fidelidad con la que el
público valenciano expresa su reconocimiento para con la obra y gestión de
quien fuera nuestro jefe y mentor. Es tan abiertamente favorable el veredicto
público, que terminó influenciando en buena parte del discurso político de los
aspirantes a sucederlo en el cargo, pues como se recordará, prácticamente todos
declaraban que continuarían aquella obra, bien sea porque realmente reconocían
su utilidad y su pertinencia, o por no contravenir el juicio de los ciudadanos
y tratar de hacerse de las simpatías de los electores.
Pero después de Paco la ciudad
lo que ha hecho es retroceder; la gestión del señor Parra sometió a nuestra
ciudad a la peor infamia de toda su historia. No narraré aquí lo que ya todos
sabemos.
En cambio, sí creo necesario
referirme a la enorme expectativa que generó en los sectores democráticos, el
advenimiento de la gestión que sucedió a la del señor Parra.
Como nadie nos ha regalado nada
y todo lo que tenemos se ha alcanzado con nuestro “sudor”, los valencianos
hemos desarrollado una actitud vigilante de cuidar nuestros logros. En vista de
que ese hándicap que hemos obtenido
es tan grande, el nivel que exigimos de nuestros líderes es del mismo tamaño
que el de nuestras esperanzas. Y tomando también en cuenta, que el retroceso
experimentado en estos últimos años ha sido tan enorme, la confianza que nos
demandamos a nosotros mismos es proporcional al de nuestras expectativas. El
líder que pretenda ponerse al frente de nosotros tiene que calzar estos mismos
puntos, pues le estamos entregando el cuidado de una joya que llevamos más de
cuatro siglos puliendo y tallando.
Un accidente histórico que
seguramente superaremos, puso al frente de nuestra ciudad a gente que no lo
merecía, pero gracias a Dios, ocurrió luego de una experiencia gestionaría
exitosa que sirve de referencia hasta para los más distraídos. Lo que no
podemos volver a permitir es que esta nueva gestión rompa y defraude las
enormes expectativas que nacieron alrededor suyo. Todos estamos obligados a
apostar por el éxito de la nueva y democrática gestión, pero su líder está
obligado a comprometerse con ese éxito. Eso significa que TIENE QUE OIR las
voces que emergen de lo más profundo de una sociedad histórica. Esta no es
cualquier ciudad. Nuestra Valencia tiene trazados unos caminos de éxito, unidos
indisolublemente a su historia y tradición; no hay agua tibia que ya no
conozcamos. Las perspectivas y posibilidades de Valencia dependen de los medios
que nos demos para reconstruir el camino que ya traíamos y se había logrado con
el trabajo de Paco Cabrera; una línea de reinvención del espíritu que animó a
la generación histórica de los años sesenta, de modo que pudiéramos darnos una
nueva estrategia de crecimiento que llene los vacíos dejados por un plan de
desarrollo que habíamos consumido y agotado.
Si Miguel Cocchiola fracasa,
fracasa Valencia. El debilitamiento, la fractura o la desaparición de su
liderazgo harán retroceder nuevamente a nuestra ciudad; esta verdad tienen que
entenderla todos los que estamos haciéndole críticas a su gestión, de modo que
bienvenidas sean las críticas constructivas, pero sobre todo, es una verdad que
está obligado a entender el propio Miguel Cocchiola, y deberá hacer todo lo
humanamente posible por no dejar declinar o defraudar, las enormes expectativas
que nacieron a raíz de su elección.
Dios bendiga a Valencia.
@gvalentiner

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