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viernes, 11 de abril de 2014

¿Una guerra civil es chévere? Por Antonio Ecarri Bolívar.

COLUMNA DE ANTONIO ECARRI BOLÍVAR.

¿Una guerra civil es chévere?

 “No querían una guerra, pero aceptaron dividir el país en buenos y malos, identificaron a los otros con el mal, y esto llevó a la guerra civil”. Julián Marías, filósofo español.

En días pasados, con imprudencia poco habitual en mí, bajé del carro para intentar dialogar con unos jóvenes que aún mantenían “guarimba” en una calle de la ciudad de Valencia. Entablé un diálogo con uno de ellos y comenzaron a acercarse los demás. Les comencé a hablar de las inconveniencias del radicalismo en la lucha política y como mis argumentos más superficiales no los convencían, apelé al más grueso de mi arsenal y les interrogue: ¿ustedes no creen que si no dialogamos con el adversario podemos llegar a una guerra civil? A esta pregunta, que creí contundente, recibí una respuesta que me dejó mudo. La de una chica, de no más de veinte años de edad, quien con sonrisa sarcástica, voz engolada y tranquilidad pasmosa, me espetó: “Bueno, pana, y... ¿tú no crees que una guerra civil sería chévere?”. A ella, a todos, quiero contarles lo que se me atragantó en aquella ocasión, a ver si reflexionamos. 
La guerra civil española dejó la friolera de más de 500.000 muertos, aunque José María Gironella autor de la famosa trilogía de libros “Los cipreses creen en Dios” (época anterior a la guerra); “Un millón de muertos (época de la guerra) y “Ha estallado la paz” (sobre la posguerra) sostiene, en su aclaratoria sobre la cifra con que titula su segunda obra, lo siguiente: “El título de la obra ‘Un millón de muertos’, podría llamarse a engaño, porque la verdad es que las víctimas, los muertos efectivos, los cuerpos muertos, en los frentes y en la retaguardia, sumaron, aproximadamente, quinientos mil. He puesto un millón porque incluyo, entre los muertos, a los homicidas, a todos cuantos, poseídos del odio, mataron su piedad, mataron su propio espíritu”. 
En vísperas del estallido de la guerra civil el autor de la cita del epígrafe, el famoso filósofo español Julián Marías, cuenta que cuando era estudiante iba a su facultad en tranvía y en una ocasión subió “una mujer espléndida, de gran belleza y atractivo, elegante y bien vestida. El conductor volvió los ojos para ver si los viajeros habían terminado de subir y así reanudar la marcha, pero a la bellísima mujer la miró con odio inconfundible. Me recorrió un estremecimiento de sorpresa y consternación: tuve una especie de iluminación, y pensé: ¡Estamos perdidos!, pues cuando Marx puede más que las hormonas, no hay nada que hacer”. Ese fue el comienzo. 
En España hubo masacres indescriptibles en ambos bandos durante su cruenta guerra civil. El periodista John T. Whitaker escribió sobre algunos de los episodios más salvajes del avance rebelde: “frente a la matanza de 4000 presos pedí explicación y  la respuesta que me dio el general Yagüe, su responsable, dio la vuelta al mundo: “Claro que los fusilamos. ¿Qué se esperaba usted? ¿Cómo iba a llevarme a 4.000 rojos, cuando mi columna avanzaba contra reloj? ¿O habría debido dejarlos en libertad para que volvieran a convertir Badajoz en una capital roja?”.    
Mientras, en la zona republicana, los grandes perseguidos eran curas y monjas: Casi 6.800 religiosos fueron asesinados, a lo que se sumó un sinfín de ataques contra templos y conventos, que fueron incendiados y profanados. “Las iglesias eran saqueadas en todas partes y como la cosa más natural del mundo, puesto que se daba por supuesto que la Iglesia española formaba parte del tinglado capitalista”, escribió George Orwell en su obra En Homenaje a Cataluña, tras su experiencia como combatiente en las filas del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista).  
Después de aquella matanza de 500.000 seres humanos y luego de soportar una dictadura durante 35 largos años, vino la reconciliación en España, las autocríticas correspondientes ¿y... qué, lograron recuperar vidas, piedad, espíritu, honor y lágrimas? 
¿Será chévere una guerra civil o es preferible superar el odio y dialogar? ¿Antes o después?, usted ¿qué opina? porque una tercera opción... ¡no existe! 

@EcarriB


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