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miércoles, 30 de abril de 2014

Columna de Douglas Zabala. El Precio de la Amnistía.

El precio de la amnistía
Por Douglas Zabala

Con sus aires de guapetón de la peor calle de El Furriar y con la decisión intolerante del verdadero Führer  del siglo XXI  de esta Venezuela vapuleada, el Capitán   y Presidente de la Asamblea Nacional, se desgañita para recordarle,  en primer término,  al mismísimo Maduro y después al mundo opositor,  que primero muerto que bañado en sangre, si a los negociadores en la mesa donde se cuece el dialogo, se les ocurriese acordar una nueva Ley de amnistía.
Para nadie es un secreto que para haber acuerdos mínimos debe  existir negociación, acto riesgoso, donde los radicales del oficialismo y de la oposición, no pierden  tiempo en estar  recordarles a los moderados dialogantes  que aquí no hay espacio para el pacto ni la concertación.  Ahora bien, hacia donde se enrumba todo este esfuerzo,  iniciado por las fuerzas de los hechos  por el propio Nicolás y aceptado en fin de cuentas por la mayoría de la Mesa  de la Unidad  Democrática.
 Diversos son los ejes temáticos colocados sobre el tapete de esa mesa tambaleante  del diálogo, pero es evidente que el clavo caliente está en lo referente a la violación de derechos humanos y la detención arbitraria de dirigentes políticos de la oposición.  Ya hasta el PCV, extrañamente después de haber sido víctima desde su fundación, de carcelazos políticos, desapariciones y torturas a sus dirigentes, hoy arría  sus banderas para negarle cualquier derecho a las victimas de la razia oficialista.
Ya el  Foro Penal presentó a la Unasur 59 casos de torturas.  Más de  1.800 personas detenidas tras las protestas,  tienen procesos penales abiertos, quedando no sólo  con sus libertades restringidas sino con la amenaza de un juicio penal en su futuro.   Casos como los de Simonovis y Leopoldo, esto sin dejar por fuera el exilio  de algunos dirigentes políticos, son puntos claves en una negociación donde al TSJ  desde el ejecutivo se le ordena darle otra vuelta a la tuerca de las restricciones al derecho a manifestar pacíficamente.
  Aquellos países latinoamericanos donde  en el pasado se vivieron  situaciones de conflictos más cruentos que el nuestro, terminaron  promulgando leyes de amnistía, esto  con el fin de cerrar el capítulo del pasado doloroso, permitiendo con ello que sus ciudadanos avanzaran por nuevos derroteros de justicia y paz.  Nada hacemos con remover los escombros históricos de la lucha armada y menos con seguir atizando las heridas lacerantes creadas por  los amargos días de abril.
La liberación de los presos políticos  ha sido asumida por la oposición, como una  condición sine qua non  a ser cumplida  en la búsqueda del restablecimiento de la paz. Estará dispuesto el gobierno a tirar todo su discurso de paz  al basurero y permitir que se impongan los depredadores radicales del diálogo y la reconciliación nacional.  De no materializarse, el precio de la amnistía le saldrá muy caro al país,  y eso también lo deben tener bien claro desde Diosdado hasta Raúl Castro. 



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