El precio
de la amnistía
Por
Douglas Zabala
Con sus aires de guapetón de
la peor calle de El Furriar y con la decisión intolerante del verdadero Führer del siglo XXI
de esta Venezuela vapuleada, el Capitán
y Presidente de la Asamblea Nacional, se desgañita para recordarle, en primer término, al mismísimo Maduro y después al mundo
opositor, que primero muerto que bañado
en sangre, si a los negociadores en la mesa donde se cuece el dialogo, se les
ocurriese acordar una nueva Ley de amnistía.
Para nadie es un secreto que
para haber acuerdos mínimos debe existir
negociación, acto riesgoso, donde los radicales del oficialismo y de la
oposición, no pierden tiempo en
estar recordarles a los moderados
dialogantes que aquí no hay espacio para
el pacto ni la concertación. Ahora bien,
hacia donde se enrumba todo este esfuerzo,
iniciado por las fuerzas de los hechos
por el propio Nicolás y aceptado en fin de cuentas por la mayoría de la
Mesa de la Unidad Democrática.
Diversos son los ejes temáticos colocados
sobre el tapete de esa mesa tambaleante
del diálogo, pero es evidente que el clavo caliente está en lo referente
a la violación de derechos humanos y la detención arbitraria de dirigentes
políticos de la oposición. Ya hasta el
PCV, extrañamente después de haber sido víctima desde su fundación, de
carcelazos políticos, desapariciones y torturas a sus dirigentes, hoy
arría sus banderas para negarle
cualquier derecho a las victimas de la razia oficialista.
Ya el Foro Penal presentó a la Unasur 59 casos de
torturas. Más de 1.800 personas detenidas tras las protestas, tienen procesos penales abiertos, quedando no
sólo con sus libertades restringidas
sino con la amenaza de un juicio penal en su futuro. Casos como los de Simonovis y Leopoldo, esto
sin dejar por fuera el exilio de algunos
dirigentes políticos, son puntos claves en una negociación donde al TSJ desde el ejecutivo se le ordena darle otra
vuelta a la tuerca de las restricciones al derecho a manifestar pacíficamente.
Aquellos países latinoamericanos donde en el pasado se vivieron situaciones de conflictos más cruentos que el
nuestro, terminaron promulgando leyes de
amnistía, esto con el fin de cerrar el
capítulo del pasado doloroso, permitiendo con ello que sus ciudadanos avanzaran
por nuevos derroteros de justicia y paz.
Nada hacemos con remover los escombros históricos de la lucha armada y
menos con seguir atizando las heridas lacerantes creadas por los amargos días de abril.
La liberación de los presos
políticos ha sido asumida por la
oposición, como una condición sine qua
non a ser cumplida en la búsqueda del restablecimiento de la
paz. Estará dispuesto el gobierno a tirar todo su discurso de paz al basurero y permitir que se impongan los
depredadores radicales del diálogo y la reconciliación nacional. De no materializarse, el precio de la amnistía
le saldrá muy caro al país, y eso
también lo deben tener bien claro desde Diosdado hasta Raúl Castro.

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