COLUMNA
DEL GENERAL SEIJAS PITTALUGA.
Sesquipedalia
Tres hermanicas eran…
Humberto Seijas Pittaluga
Tengo un disco con canciones en ladino que entonaban los judíos sefardíes
por los años en que fueron expulsados de España por los Reyes Católicos. Una de las cántigas que más me gusta narra la
historia de tres hermanas. Les
transcribo parte de la letra manteniendo la ortografía de la época, pero
poniendo tildes para facilitar la comprensión: “Tres hermanicas eran, blancas
de roz, ¡ay!, ramas de flor. / Tres hermanicas eran, tres hermanicas son. /Las dos eran cazadas, / la una se desperdió.
/ Su padre con verguensa, / A Rodes L'anbió. / En medio del camino, / castillo le fraguó, / de piedrica menuda, / de
torre y mirador…” Puesto en lenguaje
actual, eran tres hermanas muy bellas, con el cutis blanco como el arroz; dos
de ellas consiguieron marido y una “metió la pata” (como decían las señoras de
antes). El padre, avergonzado, la envió
al destierro en Rodas, a un castillo fuera de la ciudad. La canción termina con un desenlace feliz: “Por allí pasó un caballero, tres besicos le
dio. / Uno de cada cara, y uno en el corazón. / En el besico de alcabo, la nina
se despertó. / ‘Si mi amo lo sabe, matada era yo, / matada con un palo, que dos
no quero yo’. / ‘No vos matan, bolisa, que vuestro amor soy yo’". Vale decir, la joven, que se había quedado
dormida con el rumor de una fuente, fue despertada con el último de tres besos
— dos en las mejillas y uno en la boca— que le dio un gentilhombre que pasaba
por ahí. Ella le dice que si el
castellano se enterase, la iba a matar a palos.
Pero el caballero la tranquiliza anunciándole que ha sido rescatada por
el amor.
La versión que tengo, es la cantada por Yehoram Gaon, uno de los más reconocidos
cantantes de Israel. Los interesados en
escuchar su versión (aunque no la canta completa) entren en: http://bit.ly/19Z0ZF9.
Pero ya está bueno de introito. Lo que quería comentar, basado en el comienzo
de la cántiga, es cuán diferentes han resultado los logros de los tres países
que alguna vez formaron lo que se ha dado en llamar la Gran Colombia. Revisándolos por donde se busque —por lo
social, lo económico, lo educativo; ¡por lo que sea!—, hay dos países que han
echado para adelante y uno, el nuestro, que “se desperdió”.
En Ecuador, el presidente —que está chingo
de las ganas de heredar el liderazgo que tuvieron Fidel y el comandante eterno
que se murió— no es bolsa. Despotrica
contra el imperio, pero mantiene la economía dolarizada; le tuerce el brazo a
los medios de comunicación nativos, pero logra mantener el flujo de inversiones
extranjeras hacia su país; ofrenda lip
service al dizque socialismo del siglo XXI, pero mantiene bien aceitados
los engranajes del capitalismo, no ha permitido que se rebaje la calidad de la
educación, busca sus ministros de entre gente capaz e instruida, y se asegura
de que las instituciones funcionen bajo parámetros de eficiencia. Porque el tipo no es un mero chofer de
autobús glorificado, sino un economista con posgrado en Lovaina. Y sabe que no puede pegarse un tiro en un
pie. A mí, el tipo no me cae nada bien,
pero debo reconocer que la gente lo vota porque tiene obra que mostrar.
Colombia, a pesar de los muertos, los
lisiados y las desdichas que ha dejado la guerra que la ha asolado por más de
medio siglo; de los palos en las ruedas metidos por algunos políticos egoístas
que valoran más su ego que el bien de la nación; de los funcionarios
infiltrados por las FARC en las instituciones para que “tiren la burra pa’l
monte”; de los paros que recientemente
han surgido —en mucho por las instigaciones del Foro de Sao Paulo, la mano
siniestra de los cubanos y los “apoyos” venezolanos que reciben la impía
Córdova y sus muchachos—, ese país y esa nación siguen echando para
adelante. Porque tienen siglos de
tradición como trabajadores denodados, gozan de instituciones académicas de
mucho lustre, mantienen un plantel de funcionarios bien entrenados y adecuados
al tamaño del Estado, y respetan las instituciones públicas y la propiedad
privada. Por eso, ya han llegado a ser
exportadores de petróleo y se dan el lujo de vendernos gas y electricidad
(cuando lo usual era lo contrario);
mantienen relaciones amistosas con los países serios del mundo; tienen
de socios comerciales a las surgentes potencias de Hispanoamérica; firman sin
empacho tratados comerciales con las naciones más poderosas; y, en fin, miran
al futuro con tranquilidad. Porque han
entendido que eso de formar patria no puede ser solo cosa de eslóganes sino de
meter el hombro decididamente.
¡Y nosotros, pa’tras! Nunca fuimos muy trabajadores, siempre nos
gustó recostarnos del erario, crónicamente sufrimos de la corrupción y la
ineptitud de los mandatarios; pero nunca como ahora. Desde hace quince años, la oclocracia
descrita por Nelson Maica y la ignorantocracia mencionada por Quirós Corradi
están matando al país. ¿Habrá que
esperar a que llegue un caballero?

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