Columna de Pablo Aure.
¡Hasta cuándo!
Indignados pero Anestesiados.
¿Quién puede negar que Venezuela está sumida en una
profunda crisis, en todos los sentidos?
Muchas veces nos preguntamos el
porqué de la falta de una reacción proporcional frente a tantos desafueros
gubernamentales, o el porqué de la pasividad en el reclamo al respeto de
nuestros derechos. ¿En qué nos diferenciamos de los pueblos de otros países que
con coraje y valentía se atreven a desafiar regímenes abusivos de sus derechos?
¿En realidad le hacemos honor a nuestro himno nacional? ¿Somos en verdad un
bravo pueblo?
Los servicios públicos son un total
caos. En Venezuela nada que esté dirigido o administrado por el gobierno
funciona. No hay confianza en las instituciones porque no actúan sino en favor
del régimen cuando las requiere para perpetrar cualquier fechoría.
Los problemas se solapan entre sí.
Ya nadie habla de la contaminación del agua, sino de la escasez; ya los
apagones los percibimos como algo normal. No reaccionamos. De los presos
políticos, de vez en cuando los mencionamos. De la jueza Afiuni, con todo y que
la liberaron, poco recordamos su tragedia, ni siquiera sabemos si hubo o no
hubo juicio. Nuestra pasividad ha permitido que Iván Simonovis se enferme y
agrave cada vez más en prisión. Se nos olvidó Franklin Brito, otro mártir de
estos tiempos infames. Quién se acuerda del maletín de Antonini Wilson, o del
alijo de cocaína que llevaba el avión que despegó de una base militar
venezolana y fue incautado en Falcón con más de una tonelada de droga, o del
otro narco avión que despegó del aeropuerto Arturo Michelena de Valencia y fue
interceptado en la Gran Canaria de España con tonelada y media de
cocaína.
Desconcertados
Estamos ahogados en problemas, pero
desviamos la mirada hacia otro lado. Es decir, pareciera que los problemas
pasan de moda: hay que hablar solo del que está en el tapete. Quizá como
mecanismo de defensa actuamos así. No sé si es por comodidad, o de repente que
al sentirnos solos y desamparados preferimos pasar agachados o hacernos los
locos. En verdad, estamos desconcertados.
Constantemente caemos en la trampa
del régimen y enfocamos la mirada hacia donde no debemos mirar. En efecto, no
son pocas las veces que nos desviamos hacia inventos, mentiras o tonterías
gubernamentales. No hay comida ni papel sanitario en los supermercados, pero
nos distraemos con un supuesto plan magnicida.
El gobierno evade la confrontación
de los desbarajustes internos que lo aquejan, porque si los confronta sería
aceptar su ineficacia, y he allí la excusa del saboteo golpista y del
magnicidio. Jamás vemos las pruebas de esos saboteos. Pasan los días y nos
olvidamos de esas alocadas acusaciones gubernamentales.
Aquí nos matan, o nos atracan a cada
rato, y no obstante nos entretenemos en asuntos de otros países. Cierto, lo de
Siria es preocupante, es verdad, pero primero mi país, mi pueblo, mis hermanos
y luego miremos hacia afuera. No es egoísmo, es actuar con sentido lógico y pragmático.
Lo importante nos aburre
No podemos cambiar todas las semanas
los temas que afectan a la sociedad. Todas las bocas deben permanecer
denunciantes de lo que nos perturba. Pareciera que nos aburrimos de los asuntos
importantes, como que si lo nuevo fuera derogatorio de lo anterior. Somos un
país que todos los días produce 3 millones de barriles de petróleo, o sea, 300
millones de dólares al día, y no tenemos ni siquiera papel sanitario, ni luz,
ni leche, ni medicamentos, ni seguridad, y pare usted de contar. Esto nos
induce necesariamente a que debemos estar indignados aunque nos traguemos esa
indignación y no la exterioricemos.
Tic tac...
Aunque parezcamos repetitivos, estoy
convencido de que mientras más represen las libertades, en algún momento explotará
la gente; así es el comportamiento general a través de la historia.
Estamos indignados pero no
reaccionamos. No tengo dudas de que habrá un despertar, no porque de la noche a
la mañana tengamos una visión distinta de país, sino porque el colapso será de
tal tamaño que los que hoy sostienen este disfraz gubernamental se alcen, se
rebelen y no obedezcan la voz de alto. Si la luz, o el papel sanitario no
parece hacerle falta a muchos, sin la comida no podrán estar inertes, y en
cualquier momento saldrán a buscarla y cuando no la encuentren se armará la de
San Quintín.
La salud, otro detonante
La medicina privada ha venido
supliendo a la pública. La gente (que puede pagar) recurre a las clínicas
porque el servicio en los hospitales es deficiente. El gobierno lo sabe y no
sabemos por qué razón prefiere contratar millonarias pólizas de seguro en lugar
de invertir para recuperar y dotar de insumos a los centros
hospitalarios.
Si no existieran las clínicas
probablemente ya se hubiera producido una reacción. Por ahora, inquietos pero
atendidos. Conversando sobre ese tema algunos médicos me han dicho que no saben
hasta cuándo podrán soportar la arremetida gubernamental. Todos los equipos e
insumos tienen un costo en dólares, ya que son importados. Las grandes clínicas
han podido subsistir porque se apertrecharon en algún momento, pero no podrán
reponer el material al precio actual, y mucho menos sobre la base de lo que el
gobierno les obliga a cobrar por ciertas intervenciones.
Más de la mitad de la población
venezolana recurre a la medicina privada, que según directivos de clínicas a
principios del próximo año se evidenciará el colapso debido a la enorme escasez
de materiales.
Actualmente hay fallas en los
suministros de material médico quirúrgico. Me explican que algo tan sencillo
como un dren de látex a veces han tenido que fabricarlo usando un guante
estéril porque no lo hay. Me dicen que por la escasez de los insumos estamos
retrocediendo a los años 70, cuando todo era cirugía abierta, ya que resulta imposible
ejecutar la cirugía menos invasiva porque los materiales que se utilizan son
más costosos y no los hay.
El progreso y desarrollo nos ha
llevado a la cirugía laparoscópica, pero como todos los insumos para hacerla
son importados (y a dólar negro) de no haber una corrección retrocederemos a la
cirugía tradicional.
Con los anestésicos pasa lo mismo ya
que productos que tuvieron su época y que fueron reemplazados por otros que
hacen que la intervención sea más segura para el paciente, hoy son difíciles de
conseguir y posiblemente los anestesiólogos de nuevo vuelvan a dar la anestesia
de los años 70. La crisis ultra severa de la salud en el sector público y las
regulaciones gubernamentales hacia el servicio médico privado provocará
indefectiblemente el colapso de la atención médica privada en el país.
Y aparte del riesgo que significa
que las clínicas puedan cerrar sus puertas debido a la baja en los ingresos,
por ejemplo, acá en Valencia en la Guerra Méndez como en La Viña están en
peligro de perder su empleo de manera directa alrededor de 2 mil trabajadores
sin contar los indirectos que pueden ser cinco veces más, ya que allí entran
casas médicas o compañías farmacéuticas, entre otras.
Ya verán ir desapareciendo las
clínicas chiquitas y poco a poco las grandes, y como siempre, los primeros
afectados serán los pobres.
Escríbanlo: serán ellos quienes
motivarán la reacción cuando no haya clínicas y el régimen no tenga a quien
echarle la culpa de su ineptitud.
@pabloaure

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