viernes, 13 de septiembre de 2013

COLUMNA DE MARCOS MELÉNDEZ.¿QUÉ TAN BUHONERO, PUEDE SER UN BUHONERO?

COLUMNA DE MARCOS MELÉNDEZ.

¿QUÉ TAN BUHONERO, PUEDE SER UN BUHONERO?
Lic. Marcos Meléndez

Siete de la mañana de cualquier miércoles del año. Las calles del centro de Valencia, se desperezan entre los primeros intentos de los vecinos por barrer el frente de sus casas, en esa costumbre tan nuestra de “dignificar el derecho de frente” manteniéndolo en el mejor estado posible. Mientras barren, los vecinos ven caminar detrás de una carrucha sosteniendo cual hormiga que resiste veinte veces su peso, a un personaje que empuja esperanzas, sueños, ganas de trabajar y la búsqueda de una mayor calidad de vida de la que hallaba en su ciudad o país de origen: Va caminando un buhonero. Según la posición ideológica o la cantidad de información que maneje el que lo mira pasar, le dará un eufemístico nombre que va desde “comerciante informal” hasta el inventado por María Corina Machado: “empresario del capitalismo popular”. Algunos parten desde el sector cinco de julio, donde antiguas casas de tenencia privada, abandonadas por sus dueños, les sirven de depósitos; otros, desde estacionamientos que de noche fungen de almacenes y en menos de una hora, son como ríos de gente haciendo sobrehumanos equilibrios al trasladar mercancía de todo tipo, desde donde son guardadas hasta el puesto que ocupan en la calle los  pequeños “sambiles de lona y plástico” que se roban la acera y la calzada, causando molestia, desagrado y retardo en el flujo vehicular. Fuera de eufemismos, el diccionario define buhonero como persona que tiene por oficio vender mercancía de poco valor de manera ambulante (1). Ahora bien, no todos los que  venden mercancía, son ambulantes, no todos distribuyen baratijas y no todos son dueños de lo que ofrecen, por eso surge la pregunta ¿qué tan buhonero puede ser un buhonero?
 En  los centros históricos o cascos centrales de las ciudades del mundo actual, existe el fenómeno del buhonero: una persona que vende baratijas al detal y que en muchos casos son atractivos propios de la ciudad donde el fenómeno ocurre. En algunas de ellas, se permite y en otras la actividad está proscrita, pero en todas, el fenómeno está presente: Vendedores de suvenires, de especias, frutas al detal, vendedores de libros y revistas nuevos o usados, curiosidades, relicarios, artesanía o prestadores de servicios culturales como fotógrafos ambulantes, retratistas, adivinos, magos, trovadores, payasos, mimos, saltimbanquis, cuenta cuentos etc., que tienen como característica principal, una ocupación mínima de la calle, ya que lo que venden es portable en una maleta, en los bolsillos de un sobretodo o en un puesto del tamaño de un carro de supermercado; es decir, que un buhonero tiene tres características principales: Ocupación reducida del espacio público, venta al detal de mercancía barata y ejercicio del comercio en forma ambulante. Por estas razones, en muchos centros históricos hay una buhonería medianamente controlada, exenta de impuestos, ya que su ocupación del espacio y el volumen de venta, no implica mayores controles por parte de las autoridades que regulan el comercio y en muchos casos, según el nivel de creatividad del buhonero, puede resultar un atractivo turístico en la zona.
En un país de economía petrolero-rentista como Venezuela, donde abunda la liquidez financiera pero no ha sido resuelto el asunto del desarrollo total de las fuerzas productivas, donde la burguesía local es parasitaria, improductiva y basada en el capitalismo financiero especulativo, el fenómeno del comercio informal se ve pervertido por factores exógenos a la ciudad o al país, utilizando la buhonería como mampara para esconder delitos como la sobre explotación de mano de obra extranjera alojada ilegalmente en el país, el contrabando, la especulación o la evasión de impuestos observables a través de otro tipo de vendedores:
1.- Los sobreexplotados. Existen comerciantes formales que importan mercancía seca, y venden la mitad de ésta dentro de sus tiendas, reportando el impuesto al valor Agregado (IVA) y cumpliendo todas las normas legales, pero buena parte de su mercancía, es vendida a través de redes de ciudadanos extranjeros de países hermanos que llegan aquí desplazados por la pobreza extrema o por los conflictos bélicos internos de sus países de origen. A través de esos trabajadores doblemente explotados (los explotan de por sí con la forma de trabajo y los re explotan pagándoles menos del salario mínimo por ser ilegales en el país) venden parte de su mercancía sin reportar el impuesto al valor agregado. Esto es verificable comprobando el origen de la mercancía a través de operativos especiales del Servicio Nacional Integrado de Administración Tributaria, donde se notará que diez o veinte pseudo buhoneros de una calle, tienen mercancía con el mismo origen comercial de compra, e incluso algunas sin factura de origen, lo cual es prueba de que se trata de una distribución de mercancía de contrabando. No aplica en este caso atacar al vendedor sino al explotador que está detrás de él. Estos explotadores son en su mayoría elementos exógenos al país y que mezclan la venta de ropa con otras actividades ilícitas que van desde financiamiento a grupos irregulares, hasta tráfico de seres humanos.
2.-Extensiones de comercios formales. Otro fenómeno es el verificable con un ejercicio simple: vaya donde un vendedor de camisas que este instalado frente una tienda y dígale que quiere comprar una, pero que quiere probársela. Si repite el ejercicio en varios “tarantines” notará que en más de uno le dirán que pase a la tienda formal a probárselo, y, dado que un comerciante informal es enemigo del formal, ¿cómo se explica que el buhonero use el probador de la tienda formal?
3.-Empresas ilegales de distribución de alimentos. En Valencia, se ha desarrollado un fenómeno con algunas ventas de “ricuras colombianas” y  de frutas. Con el primero, se observa que las mencionadas ricuras  (salvo algunas excepciones) están distribuidas por la ciudad pero tienen un solo propietario que explota o sobre explota a un grupo de personas; esto, también ocurre con las ventas de perros calientes en la calle que no solamente incumplen las normas sanitarias sino que un solo empresario, de manera ilegal, explota en una misma zona hasta veinte carros de perros calientes, sub contratando veinte vendedores que dejan de ser verdaderos buhoneros para convertirse en empleados sub pagados por un empresario inescrupuloso, que no paga prestaciones, no paga impuestos, ni cumple normas de salubridad, aprovechándose de la necesidad de un extranjero ilegal o de un ciudadano en situación de pobreza que asume su doble o triple explotación, como un hecho natural.
Este fenómeno es observable en el centro de Valencia, cualquier ciudadano atento a su entorno, puede  observar cómo veinte o treinta carros de “perros” tienen las mismas salsas, presentadas en los mismos envases y con carros de las mismas dimensiones; es decir, que en una calle pueden haber cinco ventas de perros calientes, pero no hay en la misma cinco buhoneros, sino cinco trabajadores sobre explotados por un “zar” de la comida rápida. No sería problema una o varias ventas de perros calientes si cada vendedor, fuese realmente dueño de la venta que tiene; valga decir, un buhonero real, pero la actividad de dos o tres “zares” apoderados del espacio público a través de unos explotados, no es buhonería, es cuando menos, otra cosa. Lo peligroso es que algunos de estos “zares” de la comida rápida constituyen fuentes de financiamiento de grupos irregulares extranjeros que hacen vida en el país, por lo que se requiere no solo el control sanitario, sino también servicios especializados de inteligencia para develar quienes están detrás de estos jugosos negocios.
El otro fenómeno es el de las frutas. Tenemos comerciantes pesando en libras, una unidad de medida aceptada en Colombia, lo que representa una bofetada a la identidad nacional y un robo para el ciudadano incauto que cree estar comprando dos kilos de frutas cuando realmente está comprando dos libras, vale decir, menos de un kilo. En este caso se requiere la actuación del Ministerio de Comercio a través de Sencamer y del propio INDEPABIS, pero por encima de eso, se requiere la acción organizada, seria y permanente de los vecinos: Consejos comunales, comités de usuarios, pues “solo el pueblo, salva al pueblo” como reza el expresivo dicho  ¿De donde vienen esas frutas? ¿Cómo entran al país balanzas y pesos que miden en libras? ¿Quiénes están detrás de este negocio?
En el centro de Valencia hay 1.138 puestos de venta en plena calle (2). Lamentablemente, no hay 1.138 buhoneros, pues el 34% de quienes están vendiendo en el centro, no viven en Valencia y son sobre explotados por otros, mientras que un 11% de ellos son ciudadanos extranjeros que no tienen definida su situación legal en el país,  por eso, pensar que la solución al fenómeno del descontrol del comercio informal en el centro de Valencia se va a resolver creando un mercado para “reubicar la economía popular” es una fantasía, pues no se trata de ver la buhonería como un problema o un asunto con el que se debe acabar, el problema no es el buhonero, el problema es la llegada descontrolada de ciudadanos extranjeros, la falta de verificación del origen de la mercancía que se distribuye, es el contrabando, la evasión de impuestos… Si no atacamos esos problemas, reubicaremos mil este año y en dos años, reubicaremos cinco mil. Se requiere entonces una acción articulada entre los consejos comunales del casco central, Indepabis, Seniat, Saime, Gobernación, la cámara de comercio y la Alcaldía, para resolver el problema del pesado en libras, de la mercancía sin factura de origen o la venta en la calle de mercancía adquirida por negocios formales para evadir impuestos, los ciudadanos extranjeros cuya situación jurídica no está resuelta, los grupos irregulares apostados en las esquinas disfrazados de buhoneros,  el cumplimiento de las normas socio-sanitarias y el control urbanístico del uso del espacio público. Depurada la lista de supuestos buhoneros con estas premisas, quedarán aproximadamente 400 buhoneros REALES susceptibles de ser reubicados en un local de tres pisos que ya fue construido con recursos del Gobierno Nacional y que está ubicado en la calle Urdaneta, cruce con Independencia, en pleno centro de Valencia. Estamos seguros que el Gobierno Bolivariano de Carabobo, dará uso a esta infraestructura prontamente, ya que durante cuatro años, los Salas, la mantuvieron secuestrada y sin uso. Como se puede notar, no es un asunto resoluble desde la instancia municipal solamente, ni es un asunto de INDUVAL como ente responsable del Plan de rescate del Centro de Valencia. Es un asunto manejable, siempre y cuando la acción se inicie en la comunidad organizada y se articule por mandato popular, la acción de los distintos niveles del poder público, exigiéndole a cada quién el cumplimiento de su deber. Este es el momento de actuar de manera planificada  y conjunta.
Un centro histórico sin buhoneros resultaría muy aburrido, pero debemos defender a los reales vendedores de baratijas cuya mercancía cabe en una maleta. Eso requiere mantener los ojos bien abiertos para que a través del análisis crítico, podamos ver realmente, qué tan buhonero puede ser un buhonero…
(1) Pequeño Larousse Ilustrado  Ed. Larousse 2012.
(2) Fuente: Censo INDUVAL Marzo 2012

Marcos Meléndez
@marcosmelendezm
marcosleonardove@yahoo.com


No hay comentarios:

Publicar un comentario