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viernes, 6 de septiembre de 2013

COLUMNA DE ANTONIO ECARRI: Se nos fue Wladimir Zabaleta.

COLUMNA DE ANTONIO ECARRI BOLÍVAR.


Se nos fue Wladimir Zabaleta.


Antonio Ecarri Bolívar.


A Wladimir Zabaleta lo conocí siendo ambos unos niños y cuando él no era pintor ni yo político. Eso fue cuando él era un bateador de baseball, con un poder tan grande, que pudo haber llegado a las grandes ligas, mientras yo jugaba futbol en el Colegio La Salle con muy poco éxito. Esa amistad se mantuvo inalterable y se fue incrementando en la medida que nos fuimos conociendo y él creando sus “meninas”, sus pinturas y esculturas magníficas; yo admirando todo su trabajo, original e incomparable.

Wladimir además de tener una obra que lo va a inmortalizar, qué duda cabe, tenía un rasgo de su personalidad que me hizo quererlo entrañablemente: nunca dejó de ser el niño que conocí en los años 60, a pesar de habernos dejado a la temprana edad (en estos tiempos de adelantos de la medicina) de 69 años. Wladimir se complacía más enseñando a los niños que codeándose con los grandes maestros y a él le complacía manifestarlo, incluso delante de éstos, con su irreverencia eterna.

Wladimir además de ser un maestro de la pintura y la escultura, con sus colosales “meninas” como la que inicia, en la redoma de Guaparo, la ciudad cultural de Naguanagua - iniciativa suya adoptada por el Alcalde Alejandro Feo La Cruz – era un socialdemócrata de convicción y jamás negó su condición, la que adquirió, junto a muchos de sus conocimientos, del más adeco de los artistas carabobeños: su maestro Braulio Salazar.

Cuando presidí la comisión de Cultura de la extinta Asamblea Legislativa de Carabobo, Wladimir se me acercó para proponerme que creáramos, como parte de los premios del Salón Arturo Michelena, la “Bolsa de Trabajo Braulio Salazar” para los artistas noveles. Esa propuesta logré que fuese aprobada por unanimidad en el cuerpo legislativo y cuando el gobernador del estado, a la sazón Oscar Raúl Celli Gerbasi, tuvo conocimiento de ello, me llamó y la quiso acompañar desde el Ejecutivo Regional. Así quedó como una especie de sueldo mensual, aportado por la Legislatura y la Gobernación, para que durante un año el joven artista que ganara ese premio pudiera realizar su trabajo, durante al menos ese lapso, sin mayores sobresaltos económicos. Creo que es la primera vez que narro este hecho, no por falsa modestia, sino porque es justo reconocer ahora que esa hermosa propuesta, que asumimos Oscar y yo, fue iniciativa de nuestro querido “negro”, siempre pendiente de los niños, de los jóvenes, con su eterna solidaridad con quienes menos tienen y mucho pueden aportar a la cultura en todas las épocas.


Como buen maestro, siempre me insistía que AD debía crear una escuela de cuadros para preparar a nuestros jóvenes y él se ofrecía para dictar cursos de artes plásticas, sobre todo de historia del arte, pues afirmaba, con justa razón, que quien conociera el pasado nunca podría ser enemigo de la libertad, porque la historia de la humanidad se ha torcido siempre que se censura el arte o se le ponen cortapisas a la creatividad del ser humano. Wladimir era enemigo acérrimo de las dictaduras de cualquier signo, fuesen de derecha o de izquierda. Fue tan enemigo del nazismo alemán y del fascismo italiano, como del stalinismo soviético o del fidelismo cubano, porque decía que esos regímenes totalitarios censuraban el arte y lo pretendían secuestrar para sus estrechas miras ideológicas y eso jamás debía permitirse. Los pogroms contra los judíos y los gulags soviéticos, siempre fueron aborrecidos por este hombre del arte, de la poesía, del amor y la libertad.


Como ha destacado el filósofo alemán George Simmel, Rembrandt fue quizás el primer pintor de la historia que fue consciente de que la muerte forma cuerpo con la vida, y que la vida se completa cuando se cierra con la muerte, por eso seguro estoy que Wladimir Zabaleta, consciente de ello, en sus “meninas” mantendrá vivo su amor eterno por la vida y por los seres humanos. Y se hará inmortal, como Rembrandt, por dejar una obra que forma cuerpo con la vida y ésta la completó Zabaleta cuando decidió morirse al lado de sus paletas y pinturas de niño. ¡Hasta siempre, querido poeta del color y las figuras que nunca envejecen ni mueren! Vamos a despedirte querido amigo recordando a Antonio Machado en su poema LXX:

"Tú sabes las secretas galerías del alma, los caminos de los sueños, y la tarde tranquila donde van a morir.
... Allí te aguardan las hadas silenciosas de la vida y hacia un jardín de eterna primavera te llevarán un día”.


@EcarriB 

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