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viernes, 20 de septiembre de 2013

COLUMNA DE ANTONIO ECARRI BOLÍVAR: La mentira convertida en política de Estado

COLUMNA DE ANTONIO ECARRI BOLÍVAR.


La mentira convertida en política de Estado

Que un dirigente político, estando en el gobierno o en la oposición, diga alguna vez una mentira es un hecho deleznable, porque quienes están en el oficio de dirigir a otros seres humanos se supone que lo hacen para orientar conductas hacia valores y principios reñidos con la falsedad. Sin embargo esa conducta, lamentablemente, parece ser una norma de conducta bastante generalizada, aunque a veces pudieran ser tales engañifas tan intrascendentes, que si no producen consecuencias inmediatas que lamentar la gente termina por asumir que se trata de artilugios del oficio, por lo que ser mentiroso y ser político, sobre todo en Iberoamérica,, la gente lo asocia como sinónimos inseparables. 
Ahora bien, si la mentira de un político o de cualquier hombre público causa irritación y acerbas críticas, todas muy justas y razonables, imagínense ustedes amigos lectores si esa mentira se convierte, por los gobernantes de turno de cualquier nación, por atrasada que ésta sea, en una sistemática y permanente política de Estado... es como para salir corriendo de ese país. 
Dicho todo lo anterior, es espeluznante lo que en nuestro país está ocurriendo en pleno siglo XXI. En efecto, en los últimos quince años, este gobierno integrado por más o menos los mismos  personajes que llegaron a Miraflores de la mano de Hugo Chávez, y con él a la cabeza, han asumido que la mentira es la mejor política para conservar el poder, con la creencia generalizada que éste es un país de idiotas que se van a creer el embuste más estrafalario que se le ocurra algún capitoste del régimen. 
Job Pim, ese maravillosos humorista y escritor venezolano de comienzos del siglo pasado, solía afirmar que los venezolanos eran de dos tipos: unos avispados y otros un poco más vivos, pero que idiotas o bobos no existían porque se morían chiquitos.
Todo esto viene a cuento, porque uno no se cansa de asombrar ante tanta mentira, tanta falacia y medias verdades proferidas, de manera permanente y sistemática, por los más altos personeros del régimen sin que un rubor, un sonrojo, les aparezca por alguna parte de su cínico rostro. 
Cuando hay un apagón, que los hay todos los días en cualquier parte de nuestro extenso territorio, resulta que no es porque el gobierno tenga alguna responsabilidad por haber dejado de invertir, durante quince años, en generación y mantenimiento de las redes eléctricas, sino porque un animal travieso e inoportuno (llámese iguana, rabipelao o hasta el más inofensivo minino) se lanza, como suicida desesperado, sobre algún transformador o línea de alta tensión; o bien, se trata de la oposición saboteadora, en contubernio con la CIA, el FBI, el Pentágono y los boys scouts, los que produjeron el indeseable acto criminal. 
Ahora, si de lo que se trata es de iniciar una lucha (de mentira también, of course) contra la corrupción que carcome los cimientos del Estado venezolano, es menester que el Parlamento le endose y delegue sus facultades legislativas al Ejecutivo para que, de esta manera, se pueda acometer tan loable propósito. Ah, pero hete aquí, que si la oposición niega su voto a tan “altruista” requerimiento, es porque está comprometida con esos hechos dolosos provenientes del latrocinio de la cosa pública, sin tener capacidad ni responsabilidad en el manejo de las grandes finanzas del Estado.
Ahora bien, resulta que toda la corrupción, o gran parte de ella se comete todos los días en las mismísimas narices del Primer Magistrado, sin que él llegue a enterarse. Por ejemplo, el Banco Central recibe millones de dólares diarios provenientes de la venta del petróleo, vía Pdvsa y lo administra esta Corporación, conjuntamente, con la Tesorería Nacional que los trasiega hacia destinos harto conocidos por todo el alto gobierno; y, además, se compran a Bs. 6.30 cada dólar y se venden en el mercado innombrable por Bs. 42 y resulta que esto no es un acto de corrupción oficial, sino que se trata de una conspiración financiera de la CIA y sus aliados de la banca privada (la que no está en conchupancia con el régimen, por supuesto) para desangrar a Venezuela. Si el Presidente no sabe quiénes se enriquecen, brutal y escandalosamente, todos los días con ese procedimiento, es como para hacerle un profundo análisis mental que contradiga la convicción de Job Pim, porque habríamos encontrado al venezolano que es idiota sin haberse muerto cuando chiquito.       
Estas son dos mentiras concurrentes que se ponen de relieve cuando, para cerrar el círculo de la mentira elevada a política de Estado, se acaba de informar, por parte del inefable Presidente de Pdvsa, que la voladura de Amuay está demostrado (sin pruebas ni culpables o responsables presos) que fue producto de un saboteo de la oposición y, por ende, el Ministerio Público debe abrirle un proceso penal a los líderes de ese sector. Ah, pero resulta que se les derrumba toda la pretensa y falaz denuncia, porque los dirigentes sindicales chavistas de Amuay dicen que ellos no son saboteadores y mucho menos de oposición. En igual sentido se pronunciaron los guardias nacionales que custodian la refinería y cuanto policía medra por esos pagos, ninguno de los cuales milita en la oposición.
Con tales precedentes, queremos rogarle encarecidamente al Presidente, a sus  ministros, gobernadores y cuanto bicho de uña detente algún cargo de importancia en la administración pública, por el amor de Dios, no dejen que el pajarito que le musita por lo bajo al señor Maduro los aconseje, porque los venezolanos no creemos ni en esos pájaros... ni mucho menos los que se encuentren en cinta... así sea de una estrella. Deberían más bien renunciar al embuste permanente, parodiando a Andrés Eloy, como el perro que apaga sus amorosos bríos cuando hay un perro grande que le enseña los dientes.


@EcarriB 

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