¡Hasta cuándo!
Sociedad envilecida
@pabloaure
Creemos estar transitando los momentos más nefastos y
oscuros de la historia venezolana. Aunque no es bueno generalizar, trataremos
de no evadir responsabilidades. Nos hemos apartado de los intereses colectivos
para proteger cada parcela individualista. Lo digo en todos los aspectos. Desde
lo más simple hasta lo más complejo. Los venezolanos hemos llegado a extremos
inconcebibles, como pelearnos unos con otros por un paquete de harina pan o por
una botella de aceite de maíz en el supermercado.
Eso lo vivimos a
menudo. Y qué decir cuando llega -si es que llega- el pollo al abasto. Lo que
estamos viendo no tiene precedente. Buscamos sobrevivir encontrando a duras
penas los productos de la canasta básica. Cuando salimos a la calle nos fijamos
en las bolsas que cargan los transeúntes para ver qué productos llevan, y de
esa manera descubrir en qué lugar se pueden encontrar. Es común escuchar
expresiones como estas: “mira aquella mujer lleva Harina Pan”. Qué lástima esta
situación que nos aqueja. No sabemos a dónde llegaremos, ni hasta cuándo
aguantaremos. Pero es lamentable la falta de reacción de la gente. Solo a lo
lejos se escuchan gritos silenciosos o quejas debiluchas.
Desabastecimiento y corrupción
Lo hemos dicho en
otras oportunidades: el régimen le teme más al desabastecimiento que a la
inflación. Lo que no logro descifrar es hasta cuándo podrán mantener los
anaqueles escasos de mercancía. Porque no producimos absolutamente nada. Casi
todo lo que consumimos es importado y lógicamente subsidiado. Por cierto, un
subsidio súper inflado, lo cual se traduce en una carga exagerada para el
Estado y un alto costo para los consumidores.
Señalo súper inflado
porque los encargados de manejar los dólares preferenciales, llámese Sicad o
Cadivi, lo que les falta es el antifaz de asaltantes de camino.
Para aprobarte
grandes cantidades necesitas estar conectado con un enchufado. Y mientras más
grande es el monto de asignación de divisas, mayor es la mordida. Y no crean
que la comisión es en bolívares. La piden en dólares o euros, y lógicamente
depositadas en cuentas en el exterior. Muchos de los enchufados se combinan con
operadores de bancos, tan criticados y descalificados por el gobierno de la
boca para afuera.
Ni se diga de las
migajas que se consiguen en las tramposas “subastas” que recientemente han
puesto en ejecución. Nadie sabe cómo es el mecanismo ni tampoco el criterio
para fijar el precio del dólar. Pero son solo migajas lo que le aprueban a
quienes milagrosamente optaron por comprar divisas para viajar ya que ese no es
el negocio: el negocio está en la adjudicación de divisas a empresas que en su
mayoría son de maletín y acopladas con los bandidos rojos que manejan la
chequera y fijan el precio tanto del dólar como de la comisión.
Vergüenza y coraje
Volviendo a lo del
envilecimiento de nuestra sociedad y a la falta de reacción de la gente,
lamentablemente hay que decir que pasivamente nos estamos acostumbrando al
malandraje con complicidad de algunos opositores encapuchados. Y no nos queda
otro camino que la agitación popular, en el literal sentido de la palabra: la
protesta enérgica con agitación. Que se ejercite a plenitud el derecho
constitucional a la manifestación cuando hay descontento. En eso debemos
arreciar: salir a la calle a reclamar con rotundidad ante la vil violación de
nuestros derechos, en lugar de marchar frívolamente con pitos y cacerolas.
Tenemos que seguir el ejemplo de Brasil.
Amigos, frente a este
panorama oscuro y putrefacto de corrupción y envilecimiento nos ha faltado
coraje.
Dile no al miedo
Llegó agosto, tiempo
de reflexión. Las Universidades paradas inexplicablemente. Los venezolanos
pareciera que protestamos en días hábiles, pero somos cuidadosos de no hacerlo
en feriados y períodos de vacaciones. ¡Vaya comodidad!
¿Será que estamos
signados por la providencia a siempre esperar la llegada de un Mesías? Eso es
precisamente lo que nos ha llevado a esta oscuridad.
No nos atrevemos a
desafiar al régimen porque le tememos a la represión. Es lógico que exista ese
miedo, porque en dictadura, como la que vivimos en Venezuela, las leyes se
deforman, o los tribunales la interpretan de acuerdo al dictado del partido
hegemónico.
Ojalá caigamos en
cuenta de que mientras más presos haya por oponernos al régimen, más cerca
estaremos de liberarnos de la opresión. ¿Hemos hecho acaso algún acto
desafiante para exigir la libertad de Iván Simonovis? Ninguno. Solo nos
limitamos a declarar o a solidarizarnos con él y con su familia.
Llegó el momento del desafío
A quienes me dicen
que eso puede costar muchas vidas o encarcelamientos, yo les
contesto con una pregunta: ¿es que acaso piensan que sacar a esta gente
corrupta, carente de principios y valores, será en sana paz?
El 15 de abril
tuvimos una maravillosa oportunidad para desafiar al régimen en la calle y
lograr el respeto institucional. Lamentablemente nuestro líder nos mandó a
tocar cacerolas.
Buscar el
entendimiento y la paz, no es sinónimo de sometimiento y aceptación. Creo en la
paz, pero sobre todas las cosas, no podemos perder la dignidad. El régimen y
las declaraciones bobaliconas de líderes opositores nos vienen acorralando con
un discurso pacífico hacia el camino de la indignidad.

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