COLUMNA
DEL GENERAL SEIJAS PITALUGA.
Sufren de halitosis del intelecto
Humberto Seijas Pittaluga
Llego tarde al comentario, lo sé; es que la cloaca se
reventó el martes pasado, exactamente el día en que salen mis artículos. Pero no puedo dejar de glosar lo de la
bochornosa sesión de la asamblea nacional (minúsculas ex profeso), lugar en el
cual pareciera haber un torneo para probar cuán bajo se puede llegar para
defender al régimen. Desde que el
difunto impuso el estilo de matón de barrio en las actuaciones públicas, las
intervenciones de los rojos —que no pasan de ser malos imitadores, Nicky
incluido— son, mayormente, escatológicas; la coprolalia es lo que abunda.
Que nadie se equivoque, lo que pasó no fue un producto
de la emoción en el debate: estaba planificado así. La prueba es la aparición de “Ojitos Bellos”,
días antes, invitando por los medios a no perderse la sesión de marras. Lo que se buscaba era causar el mayor
escándalo posible para servir de mampara que tapase el desastre en el cual
ellos han zampado al país. Que no es
solo económico, con anaqueles vacíos y contenedores pudriéndose, sino que
trasciende hacia lo social, con sus miles de asesinatos (algunos de ellos
ejecutados por uniformados), con sus hospitales colapsados, con la
infraestructura vuelta flecos.
Y pensaban que lo podrían lograr si ponían al rey de
la descalificación y el denuesto a vomitar infundios tabernarios, viles, en el
hemiciclo; lugar que en el pasado escuchó argumentaciones dignas, por más
pugnaz que fuese la discusión. Donde
alguna vez se escuchó a Andrés Eloy, Úslar, Jóvito, Calvani y Machado —por
poner solo uno de cada tendencia— ahora desbarran y dicen sandeces unos
gaznápiros que sufren de “halitosis del intelecto. Eso, presumiendo que tuviesen cerebro”, para
usar las famosas frases de Harold Ickes.
Encomendar a Pedro Carroña esa diligencia era una garantía para ellos de
que los niveles de bajeza iban a estar por debajo de los del Mar Muerto. Es el colmo de la desfachatez y la
descortesía poner a la misma persona con pasado dudoso, que negó lo de
Montesinos, que afirmó lo de Direct TV como instrumento de voyeurismo, que falseó pruebas en lo de Mardo, a
que ahora venga a calumniar a figuras destacadas que se les oponen
políticamente. Y lo hace con su cara muy
lavada, con sus zapaticos de Gucci, sus corbatas de Hermes y sus trajes de
Armani para añadir oprobio a la injuria.
Poner a Cabello y a Carroña como adalides de la
decencia administrativa es por lo menos un oxímoron. Y hasta una
antinomia. Ambos han dado demostraciones
más que descaradas de boyancia económica desde su figuración en el
régimen. Y que se relievan aún más si se
tiene presente que ambos provienen de humildes hogares provincianos y que sus
carreras quedaron truncadas después de las asonadas del año 92, en las que
fueron partícipes, con las que intentaban dar traste a la constitucional y que
causaron centenares de muertes. Ambos
todavía tienen asuntos pendientes —aunque la fiscala alcahueta tiene archivadas
las denuncias. El uno, lo de sus
trapicheos en la Gobernación de Miranda; el otro —famoso por sus derroches y
mal gusto cursi—, por lo del negociado con las cédulas “made in Cuba”. Esas dos
causas, como mínimo…
La jugada la ven clarita hasta los más obcecados y
simples de mente de los psuvistas —creo que entro en un pleonasmo aquí. Lo que se intenta es disminuir la paliza que
van a recibir el 8-D. Y la ejecutan a
pesar de que está llena de contradicciones.
¿Cómo es eso que se acusa de corrupción a quienes —por estar
precisamente en la oposición— no han manejado fondos públicos en estos infames
y largos quince años? Ven la paja en el
ojo ajeno y no la viga en el propio.
Acusan a Caldera por recibir dinero de un particular para una campaña
—que parece que no es delito, y que todos los políticos pasados y presentes han
recibido— pero nunca dijeron nada de lo que ha sucedido dentro del régimen,
empezando por los millones que un banco español le dio —durante la campaña y
luego de recibir el cargo— al comandante eterno que falleció , siguiendo con
los latrocinios tipo Plan Bolívar 2000 y llegando a las “discrecionalidades”
con las que se manejan los fondos chinos, los dineros de Pdvsa, las compras de
sistemas de armas y las “triangulaciones” con Cuba.
Para hacer creer que lo del combate a la corrupción va
en serio, inventaron su versión moderna del chinito de Recadi y capturaron a
unas sardinitas; pero los tiburones todavía andan por la libre. Y nada les pasará porque los diputados que
hacen mayoría —tan ineficientes como bocas-de-cloaca— tienen una mora en la
elección de un nuevo contralor que reemplace al Ruffián (más de dos años), los
magistrados del TSJ y los rectores del CNE.
¿Para qué, si los que tienen ahora les complacen en todas sus
marramuncias? Y más: son sus cómplices
en sus planes de entronización del despotismo, el envilecimiento social y la
negación de las realidades económica y social...

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