Columna de Pablo Aure.
¡Hasta cuándo!
CORRUPCIÓN HABILITANTE.
Quienes hemos trajinado con las leyes y hecho de la
abogacía y la docencia nuestra profesión, y todo aquel que tenga sentido común
sabe que el bandidaje y la pillería existente no se acaba con más leyes, y
mucho menos con una Ley Habilitante que concedería “poderes especiales” a
Nicolás Maduro para combatir la corrupción. No tengo otra calificación distinta
a la de la farsa para considerar esa cínica solicitud del presidente.
Las leyes habilitantes deben ser otorgadas para
regular materias especiales en situaciones de urgencia. Por lo general se
entiende que deberían otorgarse en asuntos que versen sobre la economía. Jamás
para combatir delitos, pues eso forma parte de la reserva legal. Es decir, a la
Asamblea Nacional, el Poder Legislativo es al que compete definir los delitos y
las penas aplicables. La libertad de los ciudadanos jamás puede encomendársele
al Ejecutivo nacional, ni en democracia, ni mucho menos en este tipo de
dictadura de nuevo cuño.
¿La
habilitación de la corrupción?
De acuerdo al artículo 203 de la Constitución de la
República Bolivariana de Venezuela: “...Son leyes habilitantes las sancionadas
por la Asamblea Nacional por las tres quintas partes de sus integrantes, a fin
de establecer las directrices, propósitos y marco de las materias que se
delegan al Presidente de la República, con rango y valor de ley...”. Esto
significa que el oficialismo requeriría un mínimo de de 99 diputados que
aprueben esa Ley, pues la Asamblea Nacional la Integran 165 diputados y la
quinta parte (33) y al multiplicarla por 3 nos da esa cantidad: 99. El
oficialismo al parecer no cuenta con ese número, supuestamente llega a
98.
Este asunto no debemos tomarlo a la ligera. El
Presidente insistirá en que quiere combatir la corrupción, pero la bancada
opositora se negará justificadamente a darle esos poderes. Vaya descaro: 14
años robando y ahora tienen el atrevimiento de decir que es por falta de una
ley.
Carencia
de la ley como pretexto
El historiador y político romano Tácito decía:
mientras más corrupto es el Estado más leyes tiene.
Amigos lectores, sobre todo a los que se identifican
con el sector oficialista, con responsabilidad debo aclararles que tenemos
muchas leyes que tipifican delitos contra la cosa pública, entre ellos
especialmente la Ley Contra la Corrupción, instrumento que ha sido modificado
precisamente durante este gobierno y no tengo dudas de que con ella sería
suficiente para combatir la corrupción. Eso sí: si tuviéramos instituciones al
servicio de la justicia y no de bandidos al servicio de un sistema de gobierno
donde impera la impunidad.
Por ejemplo, el primer artículo de la Ley Contra la
Corrupción establece: “La presente Ley tiene por objeto el establecimiento de
normas que rijan la conducta que deben asumir las personas sujetas a la misma,
a los fines de salvaguardar el patrimonio público, garantizar el manejo
adecuado y transparente de los recursos públicos, con fundamento en los
principios de honestidad, transparencia, participación, eficiencia, eficacia,
legalidad, rendición de cuentas y responsabilidad consagrados en la
Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, así como la tipificación
de los delitos contra la cosa pública y las sanciones que deberán aplicarse a quienes
infrinjan estas disposiciones y cuyos actos, hechos u omisiones causen daño al
patrimonio público”.
La petición que Nicolás Maduro hace en solicitar una
Ley Habilitante, es perversa, por varias razones, primero porque sería una
nueva injerencia del Poder Ejecutivo en el Poder Legislativo, segundo,
estaríamos en presencia de lo que la doctrina conoce como una ley penal
simbólica (pretender hacer ver que se lucha contra lo corrupción pero la
realidad es otra) y tercero, a todas luces pone en evidencia el cinismo con que
Nicolás Maduro actúa, en este asunto de la corrupción.
Zamuro
cuidando carne
Venezuela ha venido siendo saqueada bajo la mirada
complaciente, primero, del finado Chávez, y ahora con Maduro y demás herederos
durante estos últimos años, y no ha habido voluntad para atacar la corrupción;
al contrario, la han potenciado, principalmente los que dirigen esta cosa que
llaman revolución.
Este tipo de gobierno incentiva la corrupción, sobre
todo de sus más allegados y de los que tendrían la posibilidad de enjuiciarlos.
Acondicionan el terreno para que muchos cometan desafueros en la administración
pública. Los corruptos lucharán por mantenerse en el poder o defender a quienes
le han dado la oportunidad de abultar sus alforjas con dinero del pueblo.
Si antes de Chávez veíamos hechos de corrupción en
cuadros altos de la FAN, hoy, desde el general hasta al soldado, se le presenta
la oportunidad y la aprovechan para desarrollar sus habilidades y destrezas.
Eso sí, tienen que declararse rojos, rojitos, chavista y antiimperialista. Con
el pecho hinchado como lo proclaman los jefes militares en todos los
desfiles.
Este régimen no solamente es corrupto sino que está
podrido desde lo más arriba hasta los niveles menos importantes. El guiso y el
cohecho son el patrón que los rige.
Que se entienda bien, no escribo en sentido figurado,
es así y punto. Militares y civiles en puestos clave son caimanes del mismo
pozo que disfrutan y se apoderan del tesoro público.
No existe ningún capitoste “revolucionario” que escape
a ser sospechoso. Analicen quiénes eran y cómo era su nivel de vida o su
comportamiento habitual y compárenlo con lo que hacen en la actualidad. Lo más
benigno es presumir que están incursos en enriquecimiento ilícito. Les invito
leer el artículo 46 de la Ley contra la Corrupción y corroboren lo que les
afirmo. Ese artículo textualmente dice: “Incurre en enriquecimiento ilícito el
funcionario público que hubiere obtenido en el ejercicio de sus funciones un
incremento patrimonial desproporcionado con relación a sus ingresos, que no
pudiere justificar”. ¿Alguien sabía quién era Diosdado Cabello, Nicolás Maduro
o Pedro Carreño (para preguntar por los más bocones) antes de llegar al poder?
Les digo: unos pobres de solemnidad.
Hoy son públicas y notorias sus fortunas. Quizá no la
tengan a su nombre, pero no pueden esconder los lujos que se dan y que no se
corresponden con lo que ganan “legalmente”. No hablaré de los Chávez para no
recordar al autor intelectual y material de este bandidaje, al creador del
monstruo de la corruptela bolivariana, pero quienes conocían a esa familia en
Barinas saben de qué les hablo.
En fin, señor Nicolás Maduro nadie puede comerse el
cuento de que usted quiere una Ley Habilitante para luchar contra la
corrupción, siendo usted el principal sospechoso. Seré bondadoso, me imagino
que le han elaborado ese discurso como una estrategia para distraer la atención
y hacer ver que tiene interés de luchar contra los corruptos. Pero le repito
esa coba nadie se la puede creer. Son 14 años en la mantequilla nadando en
dólares mal habidos.
Vergüenza
Nacional
Así debería llamarse la Asamblea Nacional. No es pena
lo que sentí cuando escuchaba al diputado Pedro Carreño en su grotesca
intervención de la semana pasada ante sus colegas diputados y transmitida por
algunos canales de televisión. Les confieso que lo que sentí fue lástima. Tener
que soportar a esa cuerda de malhablados y difamadores haciendo uso de una
tribuna tan importante para no aportar soluciones sino para encharcar la política
nacional.
A nada de interés se refirió, lo verdaderamente
interesante es haber ratificado que nuestro país está siendo dirigido por
ignorantes, guapetones y bandoleros cuya característica principal es la
carencia de principios y de valores. No piensen que eso es un trapo rojo para
distraer la atención de las próximas elecciones. Ellos son así. Así los criaron
y de ese modo se comportan. Saben “arreglar” las diferencias con insultos y
golpizas. No convencen con ideas sino a fuerza de amenazas que por lo general
cumplen cuando se trata de hacerle daño al adversario, para ellos considerados
sus enemigos.
¿Constituyente
contra esto?
Desde los sucesos de abril del 2002 planteaba una
salida Constituyente para todo este desbarajuste nacional. Aquí nada está en orden
ni mucho menos cumple sus funciones. Los poderes públicos no funcionan y por
eso estamos como estamos.
Ahora nuevamente algunos sectores la han planteado
como una manera de reconciliar al país, cuestión que comparto plenamente.
No tengo dudas de que la Asamblea Nacional
Constituyente vendrá, no sé cuándo pero en algún momento la volveremos a vivir,
no solo para reconciliarnos sino para darnos un orden jurídico y renovar los
poderes públicos. Me explico, para reconstruir esta Venezuela que tantos golpes
ha recibido.
Tendremos una Asamblea Nacional Constituyente como lo
estipula el artículo 347 y siguientes de la CRBV, pero me temo que después que
recojamos los vidrios y atravesemos por una transición necesaria. Imposible
salir de este bandidaje que se ha apoderado del poder sin vivir momentos
difíciles pero de transición. Dios quiera no experimentemos lo que Egipto
padece, pero no lo descarto. Que Dios nos agarre confesados.
@pabloaure

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