viernes, 30 de agosto de 2013

COLUMNA DE MARCOS MELÉNDEZ: LA CORRUPCIÓN NO SE COMBATE CON LEYES

COLUMNA DE MARCOS MELÉNDEZ.

LA CORRUPCIÓN NO SE COMBATE CON LEYES

Una vez en 1985, le preguntaron a José Ignacio Cabrujas sobre la normativa legal vigente en el gobierno de Jaime  Lusinchi. Contestó (palabras más palabras menos) que las normas legales en Venezuela eran cortoplacistas y que se parecían más bien a las normas de un hotel “se prohíben los perros, no comer en las habitaciones, debe desocupar a las 12:00, eche la menor vaina posible”. Con ese comentario, Cabrujas daba a entender que las normativas jurídicas de la cuarta República eran destinadas a alguien que se alojaba en un sitio, mas no vivía en él; es decir, que para el gobierno de Lusinchi, Venezuela era un gran hotel, donde el regente (gobierno) ponía las normas para que el inquilino (pueblo) las acatara durante su permanencia.
La llegada de la del proceso Bolivariano que luego decantó en anti imperialista y se declaro en 2007 como Bolivariano-Socialista, sirvió para que se dejaran atrás las normativas “hoteleras” y se comenzara a legislar en articulación con el pueblo, que, al fin y al cabo es el que padece las leyes. Fue así como Venezuela se dio para sí una constitución discutida por representantes electos por la base popular y que luego de su redacción fue aprobada en referéndum, ejercicio democrático del más alto nivel sin precedentes en la historia republicana.
Dando esa misma demostración de democracia, se funda el Partido Socialista Unido de Venezuela y en el año 2008, como ejemplo de soberanía y principios democráticos, el recién fundado partido realiza elecciones internas para escoger los abanderados socialistas a las elecciones de Gobernadores y Alcaldes, ejercicio que posteriormente se repitió con las elecciones internas para elegir diputados a la Asamblea Nacional. Nunca antes, un partido había llegado a tales niveles de participación y democracia. La razón de esto era precisamente ser consecuentes con el primer plan socialista de la Nación que tenía entre sus principales postulados la superación de la ética del capital, sustituyéndola por una ética socialista, la superación de la miseria y el desarrollo real de una democracia participativa y protagónica.
El primer plan socialista, no era un ejercicio legislativo, mucho menos jurídico. Era el diseño de una política, el registro de un conjunto de actividades para la prosecución de esos grandes fines. La miseria material se superó haciendo viviendas, construyendo redes de distribución de alimentos, creando una red de salud primaria, y la miseria espiritual se abordó ampliando la red educativa con un plan que tocó desde la alfabetización hasta el significativo aumento de la matrícula universitaria. No eran decisiones jurídicas ni burocráticas, eran acciones concretas, coherentes con el plan y los objetivos planteados en el.
Nuestro segundo plan, que es la herramienta sistematizada de accionar político que nos dejó el comandante supremo como bitácora para los próximos años,  tiene como principales postulados, alcanzar la independencia, tecnológica, alimentaria y financiera, tomando como punto de partida la utilización de los recursos petroleros para tal fin.
A este importante propósito se le ha presentado un enemigo poderoso por medio del cual actúa el imperialismo capitalista: La corrupción.
La corrupción no es otra cosa que la desviación de los fines del Estado, la perversión del plan con fines individualistas, la desviación de recursos, herramientas o informaciones, para la acumulación de capital, para el enriquecimiento ilícito o para el tráfico de influencias; es decir, la putrefacción de la moral política.
Con el fin de legislar la producción de sanciones más severas contra los funcionarios y funcionarias públicas que incurran en este fenómeno, el Presidente Maduro ha solicitado poderes habilitantes. Acción que nos parece necesaria y que todo revolucionario debe apoyar. A pesar de estar totalmente de acuerdo con la habilitante y con endurecer las sanciones para los corruptos, no creo que la solución a la corrupción sea por la vía jurídica, pues el corrupto cuando está en el poder, se cuida y es un experto en la legitimación jurídica de sus desviaciones morales. La legislación en materia de la lucha contra la corrupción es necesaria, pero no es la “cura” para ese mal; en todo caso, es un paliativo.
La corrupción se elimina con niveles reales de participación ciudadana en los asuntos públicos, disminuyendo el tamaño del Estado tradicional  a través de hacer crecer el poder del nuevo Estado, el Estado Comunal. Es el auto gobierno el que va a poder dar golpes certeros a la corrupción, pues está comprobado que el pueblo no se roba a sí mismo, cuando administra recursos para resolver problemas que le afectan directamente en su entorno. Si a un grupo de vecinos que está nadando en aguas servidas se le asignan recursos financieros y tecnología para que instale o repare el sistema de drenajes, difícilmente usará ese dinero para otras cosas, y si hubiere alguien que tratara de hacerlo, sus vecinos podrán tener acciones de control inmediato para corregir esas desviaciones.
El combate a la corrupción es similar a la recolección de basura (la corrupción es podredumbre igual que la basura) cada vez se produce más basura y las soluciones. Ahora bien, si se decide atacar ese problema, debe abordarse desde el origen y tomar decisiones como permitir que se cobre la bolsa plástica en el supermercado, obligar el uso de bolsa reciclable, obligar a los empresarios de la industria de bebidas a usar la botella retornable, producir tecnología de esterilizadores para tazas y vasos en restaurantes y hoteles de manera que no se use el vaso plástico; es decir, atacar la generación de basura desde su origen. Con la corrupción ocurre igual, el origen de la corrupción es la oportunidad que tiene el funcionario de corromperse, oportunidad que se lesiona severamente cuando es el pueblo quien se auto gobierna.

Marcos Meléndez
@marcosmelendezm

marcosleonardove@yahoo.com

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