#Opinión: Columna de Rafael Rodríguez Olmos
@aureliano2327
BINÓCULO Nº 363
En el nombre
de Chávez
Recuerdo la vez cuando Chávez dijo en
una de sus disertaciones que estaba leyendo a Lenin. En verdad que me emocionó
mucho porque él comenzó a explicar sobre el Estado y la Revolución. Me emocionó
porque entendí que esa lectura del Nieto de Maisanta, se debía a que estaba
entendiendo la crisis del Estado venezolano, sus complejísimos problemas y cómo
debía enfrentarse. Debemos recordar que Lenin estaba escribiendo un segundo
libro sobre el tema cuando la muerte lo sorprendió. Chávez sabía que el tema de
la incompetencia y la corrupción, era no solamente estructural sino también
cultural.
Lo recuerdo cuando en sus inicios
como presidente, citaba con mucha regularidad las frases de un librito titulado
“El Oráculo del guerrero”, cuyo autor Lucas Estrella, era un tipo perdido en
sus elucubraciones homosexuales y su filosofía de la vida. Chávez dejó de
citarlo cuando le dijeron que era gay, me consta esta afirmación.
En una oportunidad habló de la
tercera Vía de Tony Blair. En otra oportunidad habló del capitalismo con rostro
humano; y recuerdo que en esa ocasión un amigo me dijo: “Coño pana, yo creo que
Hugo está bebiendo. Tú le has seguido el montón de barbaridades que dice”.
Entonces le repliqué, “verga sí, para mí que se está volviendo loco, esa es la
falta de comida y de sueño, tiene que descansar”. “Bueno si está loco, es el
loco de nosotros”, me dijo él. Después habló del socialismo chino y su famosa
tesis del Estado, dos naciones, que ha dado los resultados visto hoy en día de
convertir a China en la potencia que es.
De Lucas Estrella a Lenin, pasaron
casi 20 años, y el avance de Chávez fue monumental. En realidad, creo que no he
visto una evolución igual jamás en mi vida. No he visto una persona crecer
tanto en tan corto tiempo. Yo diría que el discurso del 4 de octubre del 2012,
fue la evidencia de que estaba apareciendo un estadista en el horizonte, que en
diez años más sería tan grande como Fidel y quizás tan visionario como Lenin.
Lastimosamente, ya los asesinos habían hecho su trabajo y salió de ese discurso
directo a la muerte que ocurriría cinco meses después. Dijo muchas cosas en ese
discurso que debieron llamar la atención de los lideres chavistas, sobre todo
alertar en torno a las cosas que vendría a posteriori.
Hace tiempo me pregunto si el gran
problema del gobierno no es que Chávez llevaba 50 años de adelanto y veía las
cosas que aún el liderazgo chavista no puede ver. Y también me pregunto cómo es
que Chávez pudo convertirse en un gran militante revolucionario en menos de 20
años, sin haberlo sido antes, viniendo de las filas castrenses, gorilas y
reaccionarias, como eran. Qué operó en Chávez, que no desvió nunca su objetivo.
Era la humildad exaltada en su máxima expresión, o era su concepto de amor al
pueblo, que realmente siempre profesó. Por ello nadie le discutió su condición
y su estatus de jefe de este proceso político. Por ello nadie podría olvidar
aquel discurso en la instalación de la ALBA en Caracas en el 2004.
Por ello
nadie podría olvidar su memorable discurso para la incorporación de Venezuela
en el Mercosur, cargado de expresiones de solidaridad y de salvación –por vía
de la justicia- de los pueblos de los países integrantes. En los últimos dos
años de su vida –ya enfermo- era importante oír sus intervenciones políticas.
Había toda una expresión, más bien todo un lenguaje, conducente a la
construcción, a la formación, al ser militante, a la paz, a la vida y a la
creación de un hombre nuevo. Ya era un gran analista, que, aunado a su
formación estratégica, le permitía entender y avizorar cualquier hecho que se
oteara en el horizonte.
Las elucubraciones no son correctas
en los análisis, pero es importante hacer el ejercicio de preguntarse por dónde
iría este proceso, si Hugo no hubiera muerto aquel 5 de marzo del 2013.
Preguntarnos, por ejemplo, qué hubiera hecho con el arco minero y la brutal
contaminación que se está produciendo allí. Que hubiera hecho con Pdvsa y todo
el mercado del petróleo y el gas. Preguntarnos si por fin se hubieran
convertido los tecnológicos en universidades petroquímicas para hacer una
industria y un orgullo para los venezolanos. Preguntarnos si finalmente se
hubiera convertido al sector agropecuario, en algo serio que efectivamente
llevara comida al pueblo.
De todo aquel sueño latinoamericano,
apenas queda Evo Morales, cuyo país ha avanzado una enormidad, a pesar de un
enemigo que le pisa los talones en forma permanente. Y del sueño venezolano,
tenemos: una brutal guerra económica con un bloqueo inhumano ordenado por el
Big Brother; y un gobierno caracterizado por la incompetencia, que dirige un
Estado profundamente corrupto, y una crisis que ya no tiene parangón en los
anales de la historia, además de un país dolarizado por los cuatro costados. La
mayor expresión de ello: un cartón de huevos cuesta dos salarios. Lapidaria
esta afirmación.
Caminito de hormigas…
Una gandola que sale de Pdvsa
Vassa, cuesta 30 mil dólares… Un saco de harina de trigo cuesta 75
dólares… No existe ninguna transacción en Bolívares. Al punto que los
bancos están dejando morir literalmente las tarjetas de crédito. No valen ni
siquiera el plástico en que se imprimen.

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